Tenía apenas 20 años pero recibía un sinfín de elogios que terminó justificando con una carrera intachable. Fernando Carlos Redondo había debutado en Argentinos Juniors un 29 de septiembre de 1985 cuando solamente contaba con 16 primaveras y, claramente, por su nivel parecía ser una pieza más que interesante para sumar a la Selección Argentina en Italia 90. Sin embargo fue el joven, nacido en Adrogué, quien optó por culminar sus estudios de Ciencias Económicas antes que ser parte de la Copa del Mundo.
El globo terráqueo ya tenía los ojos puestos en este volante central que brillaba en el conjunto de La Paternal. De hecho en ese mismo 1990 terminó emigrando al Tenerife de España para quedarse prácticamente por una década y media en el viejo continente defendiendo también las camisetas del Real Madrid y el Milan. Consultado por la revista «El Gráfico» en una producción realizada en la cancha de Barracas Central, el «Príncipe» decía: «yo soy cinco cinco, alguna vez me quisieron poner de diez pero sentí como que me hubieran tapado el ojo izquierdo, me faltaba terreno. Mi forma de jugar es simple, siempre soy la punta del vértice: si atacamos por la izquierda, yo voy siempre detrás de nuestros número ocho para la descarga; si es por la derecha, igual».
Codiciado por todos, elogiado por la prensa, promediando 1989 las súplicas recaían sobre Carlos Salvador Bilardo que decidió sumarlo a los entrenamientos de la Selección Argentina. El no llegó de parte del mediocampista, familiero e inteligente. «Se me hace difícil porque hay horarios distintos de entrenamientos, a veces cambian. En los viajes, en las concentraciones, no puedo agarrar un libro. Mi plan es cursar dos materias este año y las otras que no puedo las rendiría libre. Estoy haciendo materias de segundo año, tengo 8 aprobadas. Lo que pasa es que, salvo el lunes, el resto de los días entreno: martes, miércoles y jueves a la mañana, viernes a la tarde, y miércoles doble turno» destacó un hombre que siempre tomó sus propias decisiones con firmeza.
Corría el verano de 1990 y el «Doctor» todavía no encontraba la lista final para Italia 90 pero la negación del ex Merengue era un tema terminado. Por eso mismo le declaró a «El Gráfico»: «no estoy arrepentido, sabía que no podía entrenar y estudiar al mismo tiempo, hay horarios superpuestos. Aclaro que no terminé mal ni con Bilardo, ni con Pachamé, la relación es correcta».
Recuerdos de un pasado que dejan enseñanzas. Sobre todo para los jóvenes de hoy en día que quieren triunfar en el fútbol y dejan de lado los estudios. Claramente Redondo fue una muestra de superación porque cuatro años más tarde jugó un Mundial, pero en su momento priorizó la carrera de de Ciencias Económicas en la UBA. Y claro, después triunfó en el Real Madrid y en el Milan, dando pasos firmes, tomando sus propias decisiones y sin que nadie lo apure.