Se cumplen 16 años de la muerte del querido «Garrafa» Sánchez

Foto: Prensa Banfield

Por: Marcelo Patroncini | enero 8, 2022


Pasaron ya 16 años del día que el fútbol murió, al menos un poquito, en cada uno de nuestros corazones. La inesperada y dolorosa muerte de José Luis Sánchez aquél 8 de enero de 2006 le quitó a los fanáticos de deporte muchos de los motivos por el cual se apasionaron. Gambeta, talento, humildad, potrero, interés por la pelota, desinterés por el dinero, amistad. Gran parte de ello era «Garrafa».

Nació futbolísticamente en el club de sus amores. En Deportivo Laferrere se ganó el cariño de su gente y, luego, en El Porvenir, el clamor de todo un pueblo blanquinegro. Con la escuadra de Gerli logró el ascenso al Nacional B y sus locuras no las podía ocultar nadie tanto dentro como fuera del campo de juego. Era un chico con cuerpo de grande, un pequeño con alma de gigante.

«Garrafa» se divertía dentro de la cancha. Se fue a Uruguay y desapareció. Sánchez había colgado los botines muy temprano porque su padre cursaba una enfermedad muy dura y él optó por acompañarlo. Muchos iban a buscarlo pero sólo un club lo sedujo y, allí, se ganó el amor eterno de su pueblo y de todos aquellos que pudieron disfrutarlo en la Primera Disivión de Argentina.

En Banfield brilló como una estrella, los flashes de la elite poco lo importaban, él seguía siendo ese mismo hombre de barrio que jugaba por pasión. Se dio el lujo de participar de la Copa Libertadores con el Taladro pero con 31 años escogió regresar a Laferrere. Allí, donde lo observaron nacer, tristemente lo vieron partir al descanso eterno.

No se trató de un jugador de fútbol más. José Luis no era el típico número diez que enriquecía por su destreza y buscaba ser el deportista más rico del planeta. Fue un crack, sin dudas, pero su verdadero tesoro estaba en la humildad, el compañerismo, la diversión dentro de un campo de fútbol, el potrero, la gambeta. Por eso mismo hace exactamente 16 años este deporte perdió, posiblemente, a uno de sus últimos malabaristas porque quiso jugar con su moto cuando todos queríamos verlo jugar con la pelota.

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