El Gran Premio de Fórmula Uno de la República Argentina estaba a la vuelta de la esquina y las diversas escuderías aprovechaban la previa a las prácticas para disfutras de las bondades culturales de la Ciudad de Buenos Aires. Uno de los pilotos más importantes, Michael Schumacher, fue invitado a jugar un partido de fútbol con los juveniles de la Academia y terminó convirtiéndose en hincha.
Estaba en la tierra de Diego Maradona pero él siempre escogió a Zinedine Zidane como el mejor de todos los tiempos. Le encantaba el fútbol, hizo inferiores en un club de Suiza, aunque más tarde se dio cuenta que lo suyo era el volante y no hablaba justamente de la posición en el campo de juego. De hecho, cuando practicó con Racing lo hizo como delantero, metió dos goles y compartió equipo con un tal Diego Milito.
No eran las mejores épocas de la Academia pero la invitación la aceptó con alegría. Schumacher jugó un amistoso, las crónicas de ese día hablaron maravillas del alemán, y cuando terminó el encuentro se asoció al club. Incluso confesó que a partir de ese entonces, era un hincha más. Así, el heptacampeón mundial de Fórmula Uno, sumaba un cariño más por otra institución ya que desde chico fue confeso fanático del Colonia en su país natal.
Después de su doblete y de compartir escenario con Diego Milito sin imaginarse la carrera que haría el «Príncipe», el alemán se dedicó precisamente a la suya. Con su Ferrari ganó el Gran Premio de Argentina unos días después en lo que fue la última vez que la máxima categoría pisó el país. Detrás suyo, y a 22 segundos, como si ese número haya marcado el destino del ex delantero del Inter, apareció el nacido en Finlandia, Mika Hakkinen. Y más allá de las ruedas y los esféricos, hace 25 años, Schumacher se hacía socio del Racing Club de Avellaneda.