Debutó tarde pero eso no le impidió mostrar todo su potencial. Tal vez por eso mismo hoy en día, Juan Ignacio Mercier, con sus 41 años encima, optó por seguir ligado al mundo del fútbol cuando un par de décadas atrás tenía que escoger entre juntar el «mango» como albañil o probar suerte en este deporte. Ya con cuatro décadas encima, el ex hombre de la Selección Argentina, estampó su rúbrica en el Lila y se convirtió en refuerzo del conjunto de Villa Soldati.
Eduardo Pizzo se dio tremendo gusto pensando en el regreso a la actividad y abrochó la llegada del «Pichi». Mediocampista surgido del ascenso, con pasos por Flandria, Deportivo Morón, Tristán Suárez, y Platense, fue justamente en el Calamar donde pegó el salto que lo llevó a ser codiciado por las escuadras de la Primera División.
Jugó en Argentinos Juniors y fue campeón, pasó al fútbol de Arabia Saudita seguido muy de cerca por un tal Diego Armando Maradona, se probó la pilcha de su país, y en 2012 regresó a San Lorenzo de Almagro donde levantó la Copa Libertadores de América. Tras varias temporadas en el Azulgrana recaló en Atlético Tucumán, más tarde cruzó de vereda, luego fue a Mitre de Santiago del Estero, y finalmente llegó al Lila.
Sacachispas se aseguró un hombre de experiencia en el mediocampo, un jugador que demostró estar intacto hasta que llegó la pandemia y la cuarentena. Posterior a ello, cuando regresó el fútbol, sólo tuvo la posibilidad de jugar 65 minutos en el Aurinegro. Sin el rodaje esperado, el «Pichi» aceptó el desafío y ahora, en Villa Soldati, el guerrero de las cuatro décadas seguirá ligado a su pasión, a su amor, a a la pelota que en sus inicios le fue esquiva por motivos laborales y que, ahora mismo, él no quiere dejar de acariciar.