San Petersburgo hizo felices a los argentinos por un día. Aquel delirio que provocó Marcos Rojo ante Nigeria trae recuerdos de goce en esta Copa del Mundo. Quizás los únicos, futbolísticamente hablando. La semifinal entre Francia vs Bélgica vuelve a encontrar a este periodista con la «Venecia del Norte», su arte y sus recovecos.
Siempre hay algo para hacer aunque la ciudad ya no tenga tanto ambiente mundialista. Caminar esta ciudad maravillosa entre el Río Neva y sus canales ilumina. De día y de noche o al menos lo poco que dura la oscuridad. Pero los veinticinco días de cobertura cansan. Los viajes interminables agotan. Y cargar las valijas de sede a sede, extenúa. Museo del Hermitage (uno de los más amplios y completos del mundo) y la Catedral de la Sangre Derramada, por aquí. Palacio de Peterhof (construído por el zar Pedro el Grande), por allá. Los puentes elevados durante la madrugada. Todo vale la pena. Es arte, cultura, aprendizaje y cansancio también.
Las voces en español cotizan en bolsa y mucho más cuando el recorrido por la ciudad es solitario. Cinco uruguayos compran unos recuerdos en un mercado de artesanos pero el periodista, que acumula más días en territorio ruso, recomienda. Es más fuerte que él. Tiene que generar una conversación. La soledad, a la lejanía, golpea en ciertos momentos y el tiempo se escurre más lento que de costumbre. «Izmailovo Market. Ahí tienen que comprar souvenires en Moscú», lanza el argentino cuando el reloj marca las ocho de la noche y la charla se hace inevitable. Una referencia: la feria mencionada es el lugar por excelencia para llevar regalos como las famosas Mathrioskas por sus precios bajos y la posibilidad de generar, uno mismo, las ofertas. Los charrúas escuchan la seguridad del rioplatense, anotan en su celular y preguntan varias veces cómo se escribe cada nombre. <
Una cosa lleva a la otra y el fútbol se hace un punto en común en el lamento por la eliminación de ambos seleccionados. El fútbol une hasta en plena San Petersburgo. Uno de los hinchas de la Celeste señala a su compañero e informa: «El es árbitro de primera en Uruguay». Ese dato inunda la conversación de preguntas. Y la historia llama la atención. Federico Lovesio es un amante de la pelota. Respira fútbol. Un accidente automovilístico cambió su rumbo pero igual continuó su carrera con una recuperación de seis meses a pesar de la fractura de mandíbula y la quebradura de un brazo. Su destino se trasladó hacia el arbitraje y llegó hasta la Primera y Segunda de la liga de su país.
Fútbol uruguayo. Fútbol argentino. Arbitraje en general. Mundial 2030. Se volvió una tertulia apasionasa de dos horas. Una demostración de que nuestro deporte favorito hace olvidar el cansancio y convierte los minutos en segundos. Hablando de fútbol, la vida pasa más rápido y deja sin importancia hasta el lugar de nacimiento.