RUBÉN MAGNANO: “PARA LA GENERACIÓN DORADA, LA SELECCIÓN SIEMPRE ESTUVO POR ENCIMA DE TODO”

Por: Marcelo Faró | @marce_faro

Hablamos con el entrenador cordobés, hoy Director General de Selecciones en el básquet uruguayo, acerca de su actualidad y también sobre su gran trayectoria, la que le permitió dirigir distintas selecciones y clubes, además de recorrer todo el mundo.

Vinculado para siempre con los momentos de mayor gloria del básquet argentino, Rubén Magnano es un referente para los amantes de este deporte. Reflexivo, directo y sereno, como cuando dirigía los máximos logros de la Generación Dorada, nos brindó una entrevista en la que su claridad para las definiciones lo exime de la redundancia de palabras.

Vermouth Deportivo: -¿Cómo y dónde lo encontró esta pandemia?

Rubén Magnano:Afortunadamente, estaba en mi casa de Córdoba. Todo este tiempo lo pasé junto a mi familia, algo que para nosotros es muy importante. Imaginate que si esto te agarra fuera del país, estoy seguro  que se haría más complicado. A lo largo de todo este tiempo, he atendido diferentes cuestiones y mantuve un contacto muy fluido con la gente de Uruguay. También ví algo de básquetbol y, por supuesto, me ocupé de muchas cosas de la casa que antes no podía, como esos papeles y placares que no teníamos tiempo de acomodar y ahora si pudimos ocuparnos (risas).

V.D.: -¿Cómo es este nuevo proyecto con la Federación Uruguaya?

R.M.:El proyecto de la Federación es muy interesante, aunque esto de la pandemia nos frenó un poco. La verdad, estoy deseoso de ir a Uruguay, pero aun hay mucha incertidumbre. Mientras tanto, nos mantuvimos en contacto a través de la tecnología. Leí por ahí que, a veces, te acerca a los que están lejos y te aleja de los que están cerca, pero en esta situación ha sido muy útil.

Es un plan quinquenal que cuenta con la puesta en funcionamiento de una escuela de entrenadores, que sirve para darles asesoramiento y guía. Y que también  se propone insertar el minibasquet en la Federación y llevar adelante un programa de federalización de la competencia, que hoy lamentablemente tiene casi al 90% de los equipos en Montevideo. Vamos a acercarnos a los diferentes departamentos de Uruguay para ayudarlos a que sean parte de esa competencia.

V.D.: -¿Tiene buenas expectativas en el crecimiento de Uruguay a nivel selecciones?

R.M.:Hay buen potencial. Tradicionalmente, el jugador uruguayo es especial  y, entonces, vamos a contrarrestar -tal vez- esa falta de talla que hoy existe con otras variables y valencias del jugador uruguayo. Lo que me parece importante es que a la gente de allá le gusta mucho el básquet y nos hace sentir que va a acompañar este proyecto. Todo ese panorama hace que el desafío sea muy interesante.

V.D.: -¿El rol de entrenador quedo archivado definitivamente o es solo temporal?

R.M.:Hay una realidad y es que hoy, en relación a un tiempo atrás, pongo más cosas en la balanza para decidir si voy a dirigir o no. Pero también, a lo largo de mi carrera, aprendí que ‘nunca hay q decir nunca’, así que no desecho la posibilidad de volver a dirigir; pero para que eso se dé, tendrían que darse determinadas condiciones.

V.D.: -¿Qué opinión tiene de nuestra Liga Nacional?

R.M.:Siempre que puedo, me siento a verla. Es imposible que alguien que nació y se ha desarrollado en la Liga, incluso siendo ella la que me abrió las puertas para llegar a dirigir selecciones, le dé la espalda. A mí, la Liga Nacional me dio un nombre y soy muy respetuoso de la competencia. Pero lo real es que, a veces, lo que veo no es tanto de mi agrado, por variables lógicas o entendibles que creo que merecen que se reflexione sobre el tipo de producto que estamos ofreciendo. Siempre hay que pensar en la persona que se sienta a ver un partido de básquet o acude a una cancha, y realmente pienso que ese producto, hoy, no es tan seductor.

V.D.: -¿Piensa que el éxodo de jugadores que se está dando puede debilitarla o hará que aparezcan nuevos talentos?

R.M.:Esto del éxodo no es nuevo. En los comienzos del tiempo de la Generación Dorada y luego de la famosa Ley Bosman, esto se dio muchísimo más. Infinidad de chicos jóvenes se iban del país y, sin embargo, la Liga siguió jugándose. Nuestra competencia es la vitrina del básquet nacional y habrá que tener ingenio para cuidarla y que ese producto quiera ser consumido. También, tal vez, se le dé esa oportunidad a los chicos jóvenes para que hagan su experiencia.

V.D.: -¿Por qué cree que los entrenadores argentinos son tan requeridos y valorados internacionalmente?

R.M.:Felizmente, somos muy bien considerados en todo el mundo. El entrenador argentino tiene muchísima preparación, además de ser un tipo de personaje muy competitivo. La formación y la estructura en nuestro básquet son muy sólidas. Siempre ha habido una escuela y tuvimos históricos referentes que nos marcaron un camino a seguir, para lograr que hoy seamos considerados y respetados. Pienso que, en general, la mayoría estamos cortados por una misma tijera y definimos una filosofía de juego propia del básquet argentino, a lo mejor más enfocada en lo táctico y con algo de influencia del estilo del básquet europeo.

V.D.: -¿Cuánto influyó, en este exitoso proceso de casi 20 años de la selección argentina, el poco recambio de entrenadores?

R.M.:Sinceramente, creo que es un pequeño porcentaje el que nos toca a los ‘DT’. Pero como te decía, lo que permite esa continuidad es la filosofía del entrenador argentino. Hemos sido sólo tres entrenadores, pero si hubieran sido diez, tampoco se hubiera notado el cambio. Hay una idea concebida dentro de los entrenadores argentinos que se ha trasladado a la selección nacional. Todos hablamos de básquet en el mismo idioma, tomamos por los mismos carriles, y entonces, la esencia no se modifica.

V.D.: -¿Y cuál cree, entonces, que es el rol de los jugadores en estos logros?

R.M.:Hay un legado muy importante que han ido dejando los jugadores de la selección argentina, y por eso hoy seguimos sintiéndonos orgullosos de la selección. Yo llevo muchos años en el básquet, tanto como entrenador como de asistente, y la Argentina siempre tuvo grandes jugadores que han trazado un camino y marcado un espíritu del jugador argentino; que sólo con escucharse entre sí se entienden y lo van traspasando a las nuevas generaciones. Para lograr eso, creo que fue fundamental ese ícono que ha sido Luis (Scola) ayudando a que todo se encarrile por esa senda y se fuera ‘pasando el testimonio’.

V.D.: -¿Piensa que esos integrantes de los equipos de 2002 y 2004 pueden ser quienes conduzcan, dentro de un tiempo, al básquet argentino?

R.M.:Creo que están totalmente capacitados para conducir el básquet argentino. Algunos ya son muy buenos entrenadores y otros llevan adelante grandes proyectos como dirigentes. A mí no me cabe duda que podrían hacerlo. Estoy seguro que, desde alguna posición, van a seguir apostando y apoyando a nuestro básquet.

V.D.: -¿Y cuál cree que es el legado de Ruben Magnano en el básquet argentino?

R.M.:Nunca me puse a hacer un balance o a dimensionar este trayecto personal. Sé perfectamente todo lo que he ganado y logrado, pero creo que, si tengo que rescatar algo objetivo, es el respeto al trabajo, el compromiso y la disciplina desde el lugar que me tocó estar, ya sea de asistente o como entrenador. Pienso que hay pautas de ese trabajo que han quedado como legado. En aquel tiempo, la selección siempre estuvo por encima de todo y eso es importante porque demuestra la responsabilidad que tuvimos todos los que la integramos. Creo que dejo una credibilidad y haber logrado establecer que las cosas se pueden conseguir con trabajo, confianza y esfuerzo.

Rubén Magnano, de 65 años de edad (nacido el 9 de octubre de 1954 en Villa María, Córdoba), se desempeña actualmente como Director General de Selecciones de la Federación Uruguaya de Básquet. Como entrenador, con la selección argentina obtuvo la medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, el subcampeonato en el Mundial de Indianápolis 2002; fue Campeón Sudamericano y del FIBA Américas en 2001, Campeón Sudamericano y Panamericano U21 en 2001; y con la selección de Brasil salió Campeón Panamericano en 2015. A nivel de clubes, fue Campeón del Torneo Nacional de Ascenso (ahora Liga Argentina) con Luz y Fuerza de Posadas en la temporada 94/95; pero sus mayores logros los consiguió con Atenas de Córdoba: Campeón de la Liga Nacional en las temporadas 91/92, 97/98, 98/99 y 08/09, Campeón Sudamericano de Clubes en 1993, 1994, 1997 y 1998, y por último, Campeón Panamericano de Clubes en 1996.