RIVER: EL MOMENTO PARA CAMBIAR

El Millonario no atraviesa un buen presente y el domingo tiene una prueba contra sus limitaciones. Será el momento de hacer el click y ponerse el chip del triunfo. Frente a Godoy Cruz intentará reinventarse. Otro desafío para Gallardo que en los entrenamientos de esta semana hizo algunas costuras tácticas.

Son números que preocupan. Alertas rojas. Llamados de atención. River perdió los últimos cinco partidos que jugó fuera su casa. Encadenado en malos resultados desde el año anterior, solamente sumó 6 puntos de los últimos 27 en juego. Está bien abajo en las posiciones, a 19 unidades de Boca, el puntero.

Suena preocupante y hace ruido otro tema…lo lejos que está de las copas. Arriesgar el pasaje internacional, el caballo de batalla del Muñeco, podría tener un costo alto. Y acá hay una hoja en blanco en la gestión del DT. El déficit en el plano local.

No encuentra el fútbol, muchas veces dejó de lado el torneo doméstico y las fallas individuales fueron algunos de los motivos que lo metieron en esta actualidad. También le podemos sumar la carencia del factor sorpresa. Los rivales le tomaron la mano. El esquema no dio frutos en este 2018.

Sería injusto caerle con toda la responsabilidad al entrenador teniendo en cuenta el poco brillo mostrado por los jugadores. Scocco nunca estuvo bien rodeado, le faltó compañía. Esto no parece ser un drama colectivo porque desde su llegada a Núñez ni Auzqui, ni Santos Borré, ni De La Cruz pudieron aportarle a Nacho. Pratto recién se está acoplando, le faltan minutos y goles. Tiempo nomás.

La defensa comenzó a sentir cimbronazos, hace rato que no se puede acomodar. Por la zaga pasaron Maidana, Pinola y Alexander Barboza, ahora en el Halcón de Varela, y ninguno pudo hacer pie. Jony estuvo a punto de irse, pero pronto reaccionaron y salvaguardaron a este baluarte que se adueñó de la “dos” desde el 2010. Las vivió todas en el club y es un guerrero que a River le puede rendir en futuras batallas.

El medio se desactivó, Ponzio quedó atareado por el bajo nivel de sus compañeros. Perdió equilibrió (Zuculini podría cubrir este sector). No hay una alternativa por derecha para el retroceso de Montiel (Mayada puede ser una variante natural en esa posición) y Enzo Pérez tuvo una merma en lo futbolístico, como todo el plantel. Quizás se apuraron los plazos y se tuvo que poner muy rápido la camiseta, tal como hizo Pinola. Ignacio Fernández tampoco es el mismo y perdió su lugar. El Pity Martínez alternó buenas y malas, aunque siempre ofrece una pincelada. Próximamente será la hora de Juan Quintero, una cara nueva entre los titulares.

El punto más alto parece ser Armani que le devolvió al arco la seguridad y le sacó una preocupación de encima al cuerpo técnico.

Si repasamos algunos errores de arrastre podemos encontrar un 2017 vertiginoso, nutrido de altas y bajas. Con final feliz por la obtención de la Copa Argentina, pero con un sabor amargo por la dolorosa eliminación de la Libertadores a manos de Lanús, en un desenlace increíble, y acto seguido, el empujón que le dieron los Xeneizes con la derrota en el clásico ante su gente en el Monumental.

El semestre pasado lo pincharon con las ventas de Driussi y Alario, las sanciones de Mayada y Martínez Quarta y la interminable transición de Barovero, que le costó el puesto a Batalla y a Poroto Lux, y donde el Beto Bologna cumplió un interinato.

Gallardo sabe de volantazos, nunca se casó con los futbolistas e hizo modificaciones para ganar pulseadas. Este River que tanto logró no entró en crisis, pero desde varios sectores se intenta desestabilizar o poner en jaque al técnico que camina por el cuarto año de mandato. Esta sociedad hambrienta de resultados le pide más.

Puede dibujar el pizarrón y en lo táctico pintó algunas obras cumbres cuando la situación más lo apremiaba. Entran en la enumeración  la mítica conquista en Belo Horizonte cuando eliminó al Cruzeiro en 2015, instaurando un nuevo mediocampo, con Ponzio y Kranevitter  de doble cinco y Rojas y Sánchez por izquierda y derecha, respectivamente. En 2016 pateó el tablero, sacó a D’Alessandro y a Martínez en la final de la Copa Argentina y mandó a la cancha a Mora y Alonso, autor del gol del triunfo de esa noche. Hasta en 2017, dando el golpe en la Bombonera y en la noche del 8 a 0 ante  Jorge Wilstermann que salió con línea de tres a buscar la serie.

Es preocupante esta versión riverplatense en la Superliga y como si fuera poco se avizora un grupo “chivo” en la Libertadores. Este campeonato Gallardo se encerró. No está cambiando. Y no tuvo suerte. Se pudo observar eso ante Huracán y Lanús. Cuando juega mal pierde, ni siquiera empata. Muñeco es el momento del cambio. Te espera el Tomba.