Un 28 de abril, hace 18 años, River derrotaba de manera agónica a Racing en el marco de la fecha N°16 del Clausura 2002 y se enfilaba rumbo a la obtención de un nuevo título. El único gol del encuentro fue señalado por Nelson Cuevas, firmando uno de los gritos más recordados de los últimos tiempos.
El domingo 28 de abril de 2002, River recibía a Racing en un duelo sumamente prometedor. El Millonario de Ramón Díaz, líder del certamen a falta de cuatro jornadas para el final, enfrentaba a la Academia de Reinaldo Merlo, último campeón y que aún peleaba en la zona alta de la tabla.
Para este juego en el Monumental, los 11 que representaron al local fueron: Ángel Comizzo; Martín Demichelis, Celso Ayala, Ricardo Rojas; Eduardo Coudet, Cristian Ledesma, Claudio Husain, Víctor Zapata; Esteban Cambiasso, Andrés D’Alessandro; Fernando Cavenaghi. Por su parte, la visita alineó con: Gustavo Campagnuolo; Martín Vitali, Gabriel Loeschbor, Claudio Úbeda, Gerardo Bedoya; Francisco Maciel, Adrián Bastía, Carlos Arano; José Chatruc; Maximiliano Estévez, Diego Milito.
Durante la primera mitad, el juego resultaría sumamente parejo y cerrado. Apenas se contabilizaría una situación de peligro claro, correspondiendo al dueño de casa por partida doble cuando Coudet remató al arco, Campagnuolo contuvo y el rebote fue dilapidado por D’Alessandro.
En la complementaria, el desarrollo continuaría de la misma manera. River volvería a avisar en una volea de Cavenaghi que se estrellaría en el poste pero, al margen de esa ocasión, los arqueros tendrían poca actividad bajo los tres palos.
Sobre los 39 minutos, el Polaco Bastía veía la segunda cartulina amarilla y dejaba a su equipo con uno menos para el resto del juego. Sin embargo, poco tiempo duraría la diferencia de hombres sobre el campo dado que, a los 44 y cuando el partido moría con el 0-0, en la previa a un tiro libre peligroso para la visita, Comizzo cometía una agresión sin pelota y se ganaba la roja por parte de Daniel Gímenez.
River ya había agotado las 3 variantes y, en consecuencia, el puesto de arquero fue improvisado por Martín Demichelis. Mientras todos los presentes rezaban porque la pelota no vaya al arco, Úbeda fue quien ejecutó pero su tiro chocó con la barrera. Inmediatamente, Rojas salió a la contra con todo Racing mal parado, asistiendo a Nelson Cuevas para que el paraguayo se marche mano a mano con Campagnuolo, lo desparrame y defina en soledad para celebrar un agónico e inolvidable grito para el Millonario que sería recordado con el correr de los años, potenciado por un sensacional relato de Atilio Costa Febre.
Los de Ramón Díaz pasaban de un posible 0-1 a estar al frente por 1-0 y quedarse con los 3 puntos que le permitirían, dos jornadas después y venciendo a Argentinos en el Monumental, bordarse una nueva estrella de campeón en su escudo, adjudicándose este Clausura 2002.