Le ganó en dos sets a Miomir Kecmanovic, se duchó, y enfiló para el estadio. Tras debutar con victoria en el Madrid Open, el mítico Rafael Nadal cambió un rato de tenis por 90 minutos de fútbol. Así se acercó al Santiago Bernabéu para presenciar la semifinal de Champions League. Y mañana, bien temprano, vuelve con la raqueta puede debe enfrentar al belga, David Goffin, en horas del mediodía.
Fanático del balompié, el mallorquín se confesó como un fanático del Merengue y por eso mismo pidió a los organizadores que no pusieran su contienda al mismo horario que Real Madrid jugase su boleto rumbo al partido decisivo de Champions frente al Manchester City. El objetivo era claro, asistir a la Casa Blanca.
El español tiene algo en común con el club del cual es hincha. En mayo ambos querrán conquistar París. El tenista tiene asegurada la participación de Roland Garros pero el equipo de fútbol deberá vencer a los ingleses para alcanzar una plaza en la final que de Champions League que se disputará en el Parque de los Príncipes.
Nadal presenciará el partido y se irá a descansar pues rápidamente tendrá que levantarse y planear su propio partido, ante Goffin, por octavos de final del Master 1000. Todo en Madrid, como su corazón que este miércoles se dividió entre sus dos pasiones para cumplir con ambas. Un rato en la tierra batida, y otro poquito en la platea del Santiago Bernabéu.
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