Las comparaciones son odiosas pero inexorablemente aquél 27 de diciembre de 2001 fue el día más feliz para el pueblo académico de 1967 a esta parte. Es cierto que después de eso llegaron otros títulos, con distinto calibre y emociones semejantes pero el «Paso a Paso» se convirtió en el final de una pesadilla para el inmenso Racing Club de Avellaneda.
Posiblemente se trate de una frase subjetiva. Tal vez me traicionen los recuerdos y me lleven a la nostalgia de una adolescencia donde la vitalidad es otra. Sin embargo, la vuelta olímpica en Vélez, el llenar dos canchas el mismo día, y el Obelisco repleto de fieles a pesar del toque de queda seguramente no dejen mentir en estas líneas de un campeonato que fue distinto al resto.
Treinta y cinco años sin festejar un título local llevaba Racing. Los más viejos, aquellos que gozaron con la final ante Celtic en Montevideo, sufrían por duplicado. El pesar no era de ellos solamente sino de las nuevas generaciones que acompañaban incansablemente a pesar de las trompadas que el destino propinaba temporada tras temporada.
Que el descenso, la quiebra, el exorcismo, el alquiler, los subcampeonatos, el gerenciamiento, los juveniles bañándose con agua fría, las duras derrotas, los dirigentes nefastos. Sobraban los motivos para mandar todo a la mierda pero el amor siempre ha sido más fuerte. Y allí estábamos todos, sin grieta, con un país reventado por donde se lo mire. Pero su gente seguía con la fe intacta, esperando esa alegría que parecía extenderse aún más con otra gambeta del destino.
Juro que puedo contarles dónde estaba en cada uno de los 19 partidos que jugó la Academia. Quiénes hicieron los goles, si llovía, si el sol rajaba la tierra, y hasta dónde estacionaba el Peugeot 505 mi amado viejo. Recuerdo hasta los abrazos con esos desconocidos que, con el correr de las fechas, se iban multiplicando sabiendo que el final del túnel estaba cerca.
Contra River, a principios de diciembre, después del 1 a 1 con el zapatazo de Bedoya, la hinchada se atrevió a cantar «se viene el Racing campeón». Quisiera creer que Reinaldo Merlo se tapó los oídos. Todo tipo de cábalas podía irse al tacho solamente por la euforia de empatarle al escolta que venía soplándonos la nuca. Pero ´Mostaza´, una semana después, se cansó y lo dijo también después de un robo descarado frente a Banfield en cancha de Huracán.
Volver. Que 20 años no es nada. Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez. Fragmentos de uno de los tangos más famosos del mundo entero y que compuso un ferviente académico como Carlos Gardel. Tal vez haya algo de nostalgia, de esa adolesencia, de saber que éramos todos más jóvenes. Pero sin lugar a dudas, estoy en condiciones de afirmar que hace exactamente dos décadas, aquél 27 de diciembre de 2001, los hinchas de Racing vivimos el día más feliz de los últimos 54 años.