Quilmes está atravesando una devastadora crisis dirigencial, institucional y económica. El mismo mánager del club, Luis Andreuchi, confesó un panorama desalentador para la institución del sur del Gran Buenos Aires y apuntó todos los cañones a Aníbal Fernández, culpándolo de abandonar el mando en medio de la decepcionante situación.
La deuda que la comisión directiva mantiene con el plantel profesional es moneda corriente y la mala campaña futbolística obtenida es otra de las preocupaciones que se suman a los tantos problemas que aquejan al cervecero.
Así las cosas y entre tanto embrollo, Marcelo Broggi está trabajando arduamente para el armado del equipo que afrontará una delicada lucha por mantenerse en Primera División.
El 22 de julio será la primer parada por Copa Argentina, cuando enfrenten a Unión de Aconquija.
Los tiempos se acortan, pero las caras nuevas van llegando a los entrenamientos en el Hindú Club.
El último en arribar fue Leonardo Marinucci, quien llega a préstamo por un año desde Estudiantes. A él se suman ocho más: Sergio Escudero (de último paso por Belgrano), Cristian García (delantero ex Banfield, que jugó el último año en Rumania), Federico Andrada (extendió su préstamo), César Rigamonti (arquero proveniente de Belgrano de Córdoba), Matías Sarulyte (defensor ex San Martín de San Juan), Nicolás Sainz (defensor proveniente de Gimnasia de Mendoza y surgido de la cantera de Racing), Nicolás Banegas (juvenil que llega desde Boca) y Gastón Ramírez (volante ex Lanús).
Debido al éxodo de jugadores, Quilmes aún no cerró su mercado de pases y aguardan por cinco refuerzos más para hacer frente a la próxima temporada.
Mientras tanto, la institución sigue en llamas y quizás una de las soluciones sea llevar a cabo un buen torneo para apagar un poco el fuego dirigencial.