En los pagos del autor intelectual de la frase que lleva por título esta crónica, el Cervevero y el Patrón igualaron 2 a 2 y cerraron otra fecha más sin poder sumar de a tres puntos en lo que va de la temporada. En un encuentro que fue un festival de horrores defensivos, ambos elencos carecieron de seguridad para poder quedarse con la victoria.
El primer tiempo de Patronato fue, definitivamente, paupérrimo. Lo de la escuadra de Paraná realmente rozó lo nefasto y tuvo suerte que Quilmes no se aprovechó de la inestabilidad de su oponente. Desarticulado en todas sus líneas, el equipo de Rubén Forestello fue una sombra en el estadio Centenario. Claro que el dueño de casa también hizo lo suyo para que la visita quedase con vida de cara a la complementaria. Porque, a pesar de contar con innumerables situaciones para vencer a Sebastián Bértoli, no supo como destrozar a la entidad entrerriana que parecía entregada a la derrota en el sur del Gran Buenos Aires.
Los dirigidos por Alfredo Grelak abrieron el marcador a los 12 minutos del inicio de la contienda. Adrián Calello, en dicha oportunidad, agradeció uno de los tantos obsequios de la defensa visitante que no supo cómo despejar el peligro y el atacante superó a todos con un remate cruzado en la puerta del área chica. A esa altura el dueño de casa ya merecía el 1 a 0 ante la tibia respuesta de su contrincante.
Quilmes hizo eco de las falencias de Patronato pero no llegó a plasmarlas del todo. En parte por impericia de sus atacantes y en otro tanto porque Bértoli le ganó en dos claras situaciones a Brian Mansilla. Del lado de los dirigidos por Forestello se pudo ver muy poco en la etapa inicial y una muestra de ello fue, una chance que tuvo Lautaro Comas en sus pies, pero la terminó con un alto y desviado remate que podría describirse como un despropósito al fútbol.
La visita apostó a dos cambios en el inicio de la complementaria buscando revertir la pálida imagen que venía dando. Y sobre todo el ingreso de Marcelo Guzmán le otorgó a los paranaenses un mayor dominio del esférico y de las acciones en la mitad del campo de juego. Mejor acomodado, Patronato avisó desde el arranque con un tiro en línea recta de Mauricio Carrasco que se fue apenas por encima del larguero. Sin embargo el delantero iba a cumplir con la ley del ex más tarde ya que primero igualó Iván Furios de cabeza en una jugada de pelota parada donde se cumplió la máxima de lo que sucede cada vez que se utilizan dos cráneos en el mismo área. Y después sí fue el turno del delantero que elaboró una contra letal para superar a Walter Benítez y estampar el 2 a 1 para el Negro. De esta forma los de Grelak pasaron de la alegría al llanto en poco más de un cuarto de hora y reaparecieron los miedos en todas sus líneas.
Todo indicaba ahora que el Patrón iba a aprovechar la inseguridad de su rival pero con la victoria parcial volvieron a replegarse y a mostrar el cúmulo de falencias que habían enseñado en el primer tiempo. Tal es así que el Cervecero se encontró con la paridad a los 33 minutos por intermedio del único defensor que mostró temple en la tardenoche, Damián Malrechauffe. Con el 2 a 2 y restándole casi un sexto al partido, se repartieron la responsabilidad de cuidar la parda. O, mejor dicho, la irresponsabilidad de no haber logrado proteger el triunfo. Por eso volvieron a equivocarse un par de veces más en cada lado de la cancha pero sin sufrir consecuencias en el tanteador.
La inseguridad en Quilmes no fue una sensación sino una realidad. Los de Grelak sumaron su segundo empate consecutivo pero ampliaron su preocupante número de goles en contra, el mismo que indica que recibió 12 tantos en las primeras cuatro fechas de la temporada. Patronato tampoco mostró solidez y emprendió el regreso a Paraná con un punto que lo sigue dejando sumergido en la zona de descenso directo.