Durante las últimas dos décadas, cada vez que la torta del Calamar llegaba a la simbólica mesa de sus fanáticos, uno de los tres deseos claramente era la vuelta a Primera. Con ese logro consumado, el club ordenado, el básquet brillando en la elite, hoy la gente del Marrón se ilusiona como no pasaba hace tiempo en otro 25 de mayo donde la institución celebra sus primeros 116 años de vida.
El triunfo de un caballo llamado Gay Simón le dio el dinero a los fundadores para darle forma a su sueño. El nombre que llevó la reciente institución se forjó gracias al stud perteneciente a ese equino que jamás imaginó ser parte de los corazones de miles y miles de fieles que gracias a una carrera en el hipódromo pasaron a sufrir y gozar en otras disciplinas.
Platense se transformó en realidad en pleno Recoleta. La primera sede se dio en Callao 2058, también se reunían en Posadas 1515. Han jugado incluso donde hoy se erige el fantástico Jardín Japonés pero su alma se asentó, para siempre, en Saavedra, en la esquina de Manuela Pedraza y Crámer.
Repasar figuras, nombres y apellidos, campañas históricas, logros y desazones, transformaría un artículo en un libro de varios tomos. Que hoy el Calamar celebre un nuevo aniversario se debe al amor de su gente, a la herencia, al traspaso de esa pasión de generación en generación, a la grandeza de una institución que pudo estar de rodillas pero con pleno conocimiento de saber que un día se iba a levantar.
Y así fue. Platense se puso de pie, una vez más, como en tantas oportunidades. El Marrón dejó de ser recuerdo para transformarse en presente y en futuro. La unión dirigencial, el apoyo inagotable de sus hinchas, el tragar veneno sin darse por vencido, y también el sueño de esos jóvenes que un 25 de mayo de 1905 crearon un club para siempre.
«La banda más fiel» rezaba una bandera en la popular. «El placer de sufrir» era moneda corriente en las voces de la platea. Nadie que se haya identificado con los colores, con el club, con su historia, lo abandonó. Padeció, festejó aniversarios plagados de sinsabores, pero jamás se borró.
Hoy, en su 116 aniversario, el pasado quedó para aprender de los aciertos y no repetir de los errores. El resto es presente, maravilloso tanto en lo deportivo como en lo institucional y edilicio. Y ni hablar del futuro. Tal vez no importan cuántas vueltas al sol haya dado Platense. Al fin y al cabo se trata de un club para toda la vida. ¡Feliz cumpleaños, Calamar!