OSVALDO ZUBELDÍA: EL FUTURO LLEGÓ HACE RATO

Con un poco de abstinencia por la falta de actividad oficial en el fútbol, el verano siempre me invita a leer. Levanté la cabeza, miré la biblioteca y bajé un par de libros. Todos futboleros. En el lomo veo los títulos y se asomó uno de historia.

Salteando páginas y haciendo un recorrido rápido, puse la mano en una hoja y doble la punta para que no se vaya. Vi que un 17 de Enero de 1982 se nos fue Don Osvaldo Zubeldía. Una leyenda del fútbol argentino, un adelantado de la época y el patrono de una herencia  que nos quedó en el pizarrón.

Me quedé pensando y le escribí a Marcos, un amigo Pincharrata, más grande que yo, testigo de las hazañas de Zubeldía. “Contame cosas de Zubeldía”, imploré. Sus respuestas fueron contundentes y me clarificó todo lo que alguna vez mi padre me había contado. Había que entender cómo llegó al éxito este entrenador. En 2018 se cumplieron 50 años de la proeza de Estudiantes en Londres ante el Manchester United.  Pero el trabajo empezó mucho antes y agregó invenciones impensadas para esos tiempos.

Corría la década del 60’ cuando este conductor le cambió la manera de pensar y organizar al fútbol argentino. Empezó a estudiar rivales, tenía videos, trabajaba muchísimo en lo físico, hacía hincapié en las pelotas paradas, sorprendía en los tiros libres y aprovechaba los tiros de esquina. Se plantó y jugó con líbero y stopper. Ese adelantamiento le trajo el mote de “anti-fútbol”. Fue una especie de revolución la que produjo.

Antes de alcanzar el éxito internacional había revolucionado como DT de Atlanta, en épocas en donde era muy difícil que un equipo chico le ganara a uno grande, dio el golpe ganándole con el Bohemio a River en el Monumental. Lo sorprendente fue la movilidad de su equipo. Defendían todos y atacaban todos. Por lo general,  el marcador de punta nunca cruzaba la mitad de la cancha y con él los laterales iban hasta el fondo.

Cuando llegó al Pincha se encontró con la base de una “tercera” que la apodaron “la tercera que mata”. Con Pachamé, Malbernat, Bocha Flores y las llegadas de Manera, Conigliaro, Bilardo y Poletti. El punto de partida de la revolución. Estos jugadores sacaban ventaja porque conocían el reglamento, sabían cómo hacer valer la ley del offside. Sabían cortinar, a la hora de tirar un centro y cabecear.  Zubeldía le dio mucha preponderancia a la preparación física.  Instauró las pretemporadas y las concentraciones. Se lo Llevó por primera vez a Estudiantes a Necochea para la puesta a punto.

Con la plata que fue ganando el club platense, y de la mano del presidente, Mariano Mangano adquirieron  el predio de City Bell y comenzaron a concentrar. El estilo Zubeldía fue una etapa que los marcó para siempre a los Pincharratas. Se mantuvo en el tiempo esa línea de juego. Un técnico ganador. Desde la mentalidad. Era un gran psicólogo. A los futbolistas los motivaba, les hacía entender la importancia de ser jugador de fútbol. La importancia de hacer lo que a uno le gustaba. La importancia de entrenar todos los días a conciencia.

Carlos Salvador Bilardo, su mejor discípulo, le dio la forma más adelante a su idea, y lo representó en el Estudiantes del 82’. Logró tener tres zurdos en el medio campo y formó el famoso “cuadrado”, no utilizó más un wing. Por 1 y 57 recitan de memoria : “Ponce, Sabella, Russo y Trobbiani”.

Zubeldía fue a mediados de los 70’ a Nacional de Medellín y Bilardo a Deportivo Cali de ahí salieron grandes técnicos que estaban bajo su mando como Pacho Maturana. Faltaba planificación. Transformaron el fútbol colombiano. Se terminó la siesta, los desayunos fuertes y los almuerzos extensos. Y aplicaron el doble turno.

Escribió el pizarrón de Old Trafford con una frase que inmortalizó “a la gloria no se llega por un camino de rosas”. El padre de la táctica. El padre de la puesta en valor de la preparación física. El padre de la organización. Su estilo se transmitió desde la novena división a la primera de Estudiantes de La Plata. Analizar al Rival. No subestimarlo. Dar siempre un poco más de cada uno. Cuando las cosas se complicaban te obligaba a redoblar el esfuerzo.  La premisa: estar siempre anticipando la jugada.