El Gillete Stadium fue la locación de un encuentro de constante ida y vuelta entre dos elencos irregulares a lo largo del campeonato, pero con herramientas para volverse equipos difíciles para cualquier rival. El resultado fue pardo, pero el trámite fue más que interesante. Una de las figuras del partido fue una vez más Gustavo «La Pantera» Bou, capitán y goleador de los New England Revolution.
Ahora bien, otro jugador destacado a lo largo del desarrollo del encuentro, fue el estadounidense Omir Fernández (un prometedor extremo de apenas 21 años). El joven fue protagonista fundamental dentro del frente ofensivo de los New York Red Bulls, al punto tal que fue el creador y el definidor de la jugada de gol del elenco visitante.
A los 35 minutos de la primera etapa, Fernández arrancó a toda velocidad por la izquierda (con un potrero digno de latinoamérica), demostrando una capacidad y un control de balón destacable. Ante una defensa completamente desconcertada, conectó una pared a pura dinámica con Mines, y ante la devolución en el punto de penal, definió al palo más lejano de un Turner que apenas llegó a ver pasar la pelota.
El empate no tardó en llegar. A los 41 respondió New England con un contraataque que encontró una resolución a pura frialdad entre Bunbury y Bou. Gol del capitán, en una jugada a puro toque y distinción. Bou sigue en racha goleadora: 3 goles en el campeonato.
¿El dato? La «Pantera» es el jugador con más disparos al arco durante los ocho partidos disputados en el torneo. De 34 remates, 14 fueron direccionados a la portería.
Además, «Kaku» Romero Gamarra disputó el partido en su totalidad, redondeando un encuentro aceptable, aunque sin lograr ser el factor de desequilibrio que su equipo necesitaba. Los New York Red Bulls, precisaron un cambio de ritmo en los últimos metros, que solo Omir Fernández supo darle (aunque poco a poco se fue diluyendo con el transcurso del tiempo).
El complemento tuvo un trámite coherente con lo que significó la primera parte. Un ida y vuelta constante que habla increíblemente bien del estado físico de ambos planteles. Las constantes transiciones defensa-ataque se dieron a lo largo de los 90 minutos por parte de ambos elencos. El desgaste apenas llegó a percibirse en el final del encuentro, en el que la frustración por no conseguir una ventaja en el marcador se hizo evidente al punto tal que llegaron los roces, las patadas, y un fútbol que bien podría llamarse «sucio».
Fue final 3-2, en el Gillete Stadium. Los dos equipos quedaron a siete puntos de un Toronto FC que se mantiene en la punta a base de buen juego y regularidad a lo largo de la competición.