La amenaza de Delfina Pignatiello de abandonar el deporte accionó la alarma en la dirigencia para que los nadadores olímpicos puedan volver a la piscina. En junio comenzaron las excepciones con los atletas olímpicos y en las últimas horas, con la incorporación de Agustín Hernández, todos los miembros de la Selección Argentina de natación ya se encuentran habilitados y entrenando en el agua.
El confinamiento general impuesto por el gobierno nacional el 20 de marzo a raíz de la pandemia de covid-19 se tornó en un obstáculo para el normal entrenamiento de los atletas y, en ciertos deportes, que requieren de determinados instrumentos e instalaciones, como es el caso de la natación, las limitaciones se agudizaron más aún. Inicialmente los deportistas implementaron planes alternativos para no detener la preparación física pero la mayor complicación radicaba en la práctica del deporte.
La prolongación en el tiempo de la cuarentena comenzó a empantanar la preparación de los atletas de elite que se preparan para competir en los Juegos Olímpicos de Tokio, originando desánimo e irritación en muchos de ellos. El reclamo de la nadadora Delfina Pignatiello, en tono de advertencia, fue el detonante para que el Ministerio de Turismo y Deporte exceptuara de la cuarentena a los deportistas que ya tienen asegurada su plaza en Tokio o con posibilidades de conseguir la clasificación a dicha cita y, bajo estrictas medidas sanitarias, se les otorgó el permiso para que vuelvan a los entrenamientos.
Luego de más de dos meses, a principio de junio, la mayoría de los integrantes de las Selección Argentina de natación reemprendieron su rutina bajo las directivas de Gustavo Roldán, entrenador principal del equipo. Además de la sanisidrense, ya clasificada en los 400, 800 y 1500 libres, que se encuentra entrenando en una piscina privada próxima a su lugar de residencia, Virginia Bardach y Andrea Berrino volvieron al agua en el Club Universitario de Córdoba, Macarena Ceballos en el Predio Municipal Centro 11 de Rio Cuarto, en tanto, Federico Grabich y Gabriel Morelli lo hacen en el Club Provincial de Rosario, Santa Fe.
Los otros representantes de la natación argentina que tienen marcas A de la FINA para competir en la cita olímpica son los santafesinos Julia Sebastián, en 100 y 200 estilo pecho que se encuentra entrenando en su club de Belo Horizonte, Brasil, y Santiago Grassi en 100 maripossa que regresó a la pileta de Samford Pool en Auburn, Alabama, tras recibir el alta médica luego de contraer coronavirus a comienzo de este mes.
El equipo se completó con la incorporación del neuquino Agustín Hernández, campeón argentino en los 100 metros espalda. El retorno del oriundo de Alta Barda se había empantanado al no rehabilitarse la piscina del Club Camioneros de Neuquén y tampoco contaba con autorización para trasladarse a otro centro de entrenamiento pero finalmente, este martes, pudo volver a nadar en el Club Santafesino de Neuquén aunque, debido a las restricciones locales, solo puede hacerlo cada dos días y tan solo durante 50 minutos.
También fueron habilitados Guido Buscaglia, Ivo Cassini, Lucía Gauna y Guillermina Ruggiero, entre otros. De esta forma, por primera vez desde el mes de marzo, Gustavo Roldán tiene a todos los nadadores de la Selección Nacional entrenando en la piscina aunque la falta de competencia todavía es un problema a resolver, en especial para quienes aún están en busca de conseguir los tiempos de clasificación para los juegos que comenzarán en menos de un año.