Nació a casi 1400 kilómetros de Buenos Aires pero hasta allí viajó siendo menor de edad para forjar un destino como futbolista. Marcos Javier Acuña se llevó de Neuquén una mochila llena de sueños que empezó a cumplir en las inferiores de Ferro Carril Oeste y hoy, ya estrella de la Selección Argentina y del Sevilla de España, dejó en claro que jamás olvidará sus orígenes.
El «Huevo» se probó en Quilmes, en River, y en Tigre pero finalmente fue el club de Caballito quien le vio condiciones para ocupar diversos puestos. Tanto ahí como en Racing jugó de lateral, de volante, y hasta en el Verdolaga fue enganche convirtiéndose en la manija del equipo porteño.
Después de ganar un título con la Academia y de ser considerado por Edgardo Bauza para formar parte de la Selección Argentina en las eliminatorias rumbo a Rusia 2018, el nacido en Neuquén saltó al Sporting de Lisboa en Portugal y, en septiembre de 2020, firmó con el Sevilla. Más allá de eso, Acuña no se olvidó de sus orígenes a pesar de haberse ido de Ferro hace más de siete años.
Tras el partido ante Venezuela por eliminatorias sudamericanas y un breve paso por Brasil en el famoso cotejo suspendido, el «Huevo» recaló en Buenos Aires y tuvo un gesto sumamente loable con la entidad de Caballito. No sólo donó 30 pelotas de primerísimo nivel sino que además, previo al juego con Bolivia, entregó entradas a los chicos de la pensión del Verdolaga. Ese mismo lugar donde él, con sus sueños y siendo menor de edad, también estuvo soñando con ser campeón de América con Argentina como lo fue hace dos meses atrás.