El domingo de clásicos en la Primera División fue nefasto. De los tres partidos más importantes no salió ningún gol y para encontrar -al menos- uno tuvimos viajar al estadio de Colegiales para el duelo de barrio de la Primera D entre Lugano y Yupanqui, que terminó en un empate por 1 a 1 y por lo menos nos regaló dos emociones.
Tanto el Naranja como el Trapero plantearon un cotejo de ida y vuelta y desde el arranque intentaron lastimarse. El primero que probó fue la visita con un remate «violento» de Martín Ruiz que desvió perfectamente el arquero Bovero. El dueño de la localía no se quedó atrás y casi marca con un disparo de Almada. Las buenas intenciones de juego cesaron y el roce y la pierna fuerte ganaron protagonismo. En consecuencia, Axel Papalardo de Yupanqui jugó demasiado al límite, recibió su segunda tarjeta amarilla y se retiró a las duchas al final del primer tiempo.
Lugano dominó los primeros minutos del complemento y eso obligó a la visita a jugar de contra. Para sorpresa de los espectadores, Yupanqui golpeó con un cabezazo de Matías Ávalos desde un córner y le dio un baldazo de agua fría al Naranja, que encima se quedó con diez tras la expulsión de Ignacio Salaberry. Igualmente el local buscó el empate y lo consiguió con un frentazo esquinado de Insfran sobre el final. Lo único que quedó en el tintero fue un error del árbitro Kopanchuk que expulsó a Leandro Badalovich por dos amarillas pero el línea le avisó que ese jugador no tenía la primera tarjeta y no le quedó otra que retractarse.
Ninguno quería perder el clásico barrial y la demostración fue el propio desarrollo del juego. Parece que ni el Naranja ni el Trapero se fueron felices con el empate porque el puntero -Argentino de Rosario- quedó a cuatro unidades de distancia. A pesar de eso, Lugano y Yupanqui nos brindaron los únicos gritos en el domingo frustrado de clásicos argentinos.