Dejar atrás lugares que se sienten como casa no es fácil, pero a veces es necesario. Luca Vildoza deberá hacerlo, una vez más, para arribar a Nueva York y concretar el sueño de jugar en la NBA.
“Las despedidas son esos dolores dulces” dice “Gualicho”, canción de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, banda de la que formó parte el Indio Solari, artista por el cual Vildoza tiene una especial admiración. Y cuánto sabe Luca sobre eso. En 2017 lo experimentó por primera vez, dejando -a sus 22 años- su ciudad natal, su familia, amigos, y a su querido Quilmes, para ir en busca de sus sueños. Ahora la historia se repite, ya que, aunque está lejos de sus orígenes, el marplatense reconoce que “después de cuatro años, puedo decir que me siento realmente como en mi casa”, refiriéndose a Baskonia, el club que le abrió las puertas de Europa. “No es nada sencillo” escribió Luca sobre su despedida, pero debe ir en busca de su sueño máximo, con el rumbo puesto hacia Nueva York, dónde lo esperan los Knicks.
Las raíces
Si bien apenas tiene 25 años, la historia de Luca con el básquet no es para nada corta, ni mucho menos sencilla. Sus inicios fueron en Kimberley, club en el que Emilio, su abuelo, fue un importante dirigente. Sin embargo, su abuela Angélica lo llevó a sus ocho años a Quilmes, donde creció y dio sus primeros pasos en el profesionalismo. Y el mismo que trajo a Marcelo (su padre) desde Tucumán a Mar del Plata.
“Yo en Quilmes me sentía como en casa, estaba cobijado por todos”, dice Luca sobre el club que lo vio crecer y que siempre le dio todo, desde inferiores hasta llegar a ser profesional, cuenta Marcelo. Daniel Maffei fue quien lo hizo debutar en la Liga Nacional a sus 16 años, el 21 de septiembre de 2011, y como si fuese poco, en un clásico ante Peñarol. Sus primeros puntos llegaron más adelante, en un juego ante Lanús.
Ese año acabó con el descenso del equipo, y con Luca sin ver muchos minutos tras un cambio de entrenador. Sin embargo, a partir de ese entonces y con la conducción de Leandro Ramella, nunca faltó un lugar para él en los equipos del Tricolor, que logró volver rápidamente a la máxima categoría.
El club apostó por él y su crecimiento, lo cual fue fructífero, ya que el joven respondió con mejorías, temporada a temporada, en sus números y desempeño. Tal fue su crecimiento que, a sus 21 años en 2016, Baskonia decidió ficharlo, accediendo a que disputase esa temporada (2016/17) en Mar del Plata.
En ese último año jugando en Argentina, Quilmes depositó más que nunca la confianza en Luca, cediéndole las riendas del equipo. Una vez más, el resultado fue positivo. Esa temporada no sólo le permitió al jugador estar más preparado para dar el salto al viejo continente, sino que, además, el equipo jugaba bien y llegó a disputar la final de conferencia, consiguiendo la clasificación a la Liga Sudamericana.
A lo largo de esos años, Vildoza se ganó el amor de los hinchas del club en el que se crió y se transformó en profesional. Tuvo la suerte de disputar el último partido con la camiseta de su querido Quilmes en su ciudad natal, donde los fanáticos le hicieron notar ese cariño con cánticos y ovaciones. El primer capítulo de su carrera se cerraba, lleno de emociones y con lágrimas en los ojos.
Frutos del esfuerzo
En reiteradas ocasiones, Luca contó lo mucho que le cuestan los cambios, y más cuando se trata de alejarse tanto de su gente y su lugar. Es así como la adaptación en Vitoria no fue fácil. “Tuvo suerte” dijo su papá, y está en lo cierto, ya que contó con la ventaja de estar rodeado de varios compatriotas (Prigioni, Delfino, Garino) en su llegada al club. Y, además, en Baskonia le abrieron los brazos en todo momento, “cuando llegó, habían detalles que te hacía soñar que estaba haciendo lo mismo que en Quilmes a otro nivel”, cuenta Marcelo.
Sin embargo, los primeros meses no fueron fáciles, el ritmo de juego era mucho más alto, y su físico no lo ayudaba. La frustración se notaba, al punto de llegar llorando de algunos entrenamientos. Por suerte, apareció Pedro Martínez en el camino, entrenador que, según Marcelo, fue fundamental para el cambio de su hijo, sobre todo en cuanto a su intensidad defensiva. Poco a poco, las fichas se fueron acomodando y Luca se ganó su lugar, para terminar siendo titular en la final de la Liga ACB unos meses más tarde.
Un detalle no menor para que el marplatense, aun estando tan lejos, se haya sentido como en su casa, es su identificación con la hinchada baskonista. “En Quilmes son muy parecidos de locos, que te siguen a todos lados… que apoyan al jugador”, eso hace que Luca se sienta cobijado dentro de la afición.
Al igual que en el Cervecero, Luca supo devolverle a Baskonia y sus seguidores las comodidades y el cariño recibido. Y lo hizo a lo grande. El argentino fue el autor del doble que le dio el campeonato de la Liga Endesa en 2020 al equipo de Vitoria, que llevaba diez años sin ganar títulos.
En esos cuatro años en España, Vildoza tuvo un enorme crecimiento, tanto en el juego, como en personalidad, que lo llevó a ser buscado por los Knicks para dar un nuevo gran salto. Esta vez, quizá la despedida sea menos dura, pero nuevamente es llena de cariño y respeto, que supo ganarse en su paso por el club.
Barajar y dar de nuevo
“Los golpes están todo el tiempo, y son lo que más lo ayuda a uno a crecer”, comentaba Luca en una entrevista previa al Mundial de 2019. Lo decía con certeza, por su mala pasada de lesiones cuando era juvenil, luego de la cual todo fue cada vez un poco mejor.
Una fractura de las dos muñecas, el quinto metatarsiano de ambos pies, una hernia en la espalda, una lumbalgia, una lesión de tobillo, y la más dura de todas, una fractura expuesta de cúbito y radio, todas muy seguidas, fueron parte de esa seguidilla. Así fue como se perdió dos mundiales (u19 y 3×3) y un campus NBA.
No fue fácil lidiar con esas situaciones, pero el pibe de los astilleros nunca se rendía, y eso era por su amor por el básquet. Pasó por momentos de miedo e incertidumbre, pero una vez que logró superarlos y recuperarse físicamente, su rendimiento siguió creciendo a pasos agigantados.
Sin embargo, en febrero del año pasado y luego de 11 infiltraciones en su hombro, Luca debió pasar nuevamente por el quirófano. Aunque esta vez, afrontó la lesión de manera distinta, ya que ahora las intenta ver como “una piedra más en el camino”. Esta vez, tuvo algo de suerte de su lado, ya que el confinamiento por la situación sanitaria le dio el tiempo necesario para volver a las canchas, y darse el lujo de consagrarse MVP.
“LA VIDA ES BUENA, TE JURO”
Palabras que exclamó luego de consagrarse con el Baskonia. Y vaya que lo es. El talentoso Luca, para quien dentro de la cancha el lujo no es vulgaridad, caracterizado por sus elegantes ejecuciones y su desfachatez en el juego, avanzará un nuevo escalón.
Si hay alguien que confiaba en su potencial, era el mismo. “No sé si tanto presente, pero creo que tengo mucho futuro”, decía en el marco de una preselección por 2017. No se equivocaba, y trabajó para eso.
Siempre lo hizo con los pies sobre la tierra, ya que alguna vez explicó: “Mi meta es conseguir cosas que en realidad sucedan”, sobre la frase que encabeza su biografía de twitter: “No me hablen de esperanzas vagas, persigo realidad”. Y, aunque pueda parecerle un sueño, hoy su realidad está en la Gran Manzana.
Luca tendrá el honor de ser el décimo quinto argentino en jugar en la NBA, tras haber sido fichado por New York Knicks. Concretará la utopía de la que habla en su mensaje de despedida, uno más en su corta carrera, en búsqueda de seguir creciendo.

