Liverpool fue paciente y tuvo recompensa ante un Villarreal refugiado en campo propio. Tras un primer tiempo sin goles, los Reds rompieron el resultado convirtiendo dos goles con pocos segundos de diferencia.
Pese a la gran cantidad de aficionados del Villarreal en las tribunas, Anfield se terminó tiñendo de rojo, como siempre.
El Submarino Amarillo llegó con los torpedos aceitados, pero los creadores de la metáfora nacieron en Liverpool.
Liverpool fue Liverpool, ese equipo de espíritu inquebrantable. Villarreal dejó de lado la sorpresa y se dedicó a cuidar el cero en su arco, lo cual consiguió hasta el complemento.
En la segunda mitad el azar favoreció a la búsqueda de Liverpool, Henderson sacó el centro que Pervis Estupiñán desvió y Gerónimo Rulli no alcanzó a manotear afuera del arco.
Los Rojos se ponían en ventaja y menos de dos minutos después conseguirían ampliarla, puente africano entre Salah y Sadio Mané, quien definió a gol mano a mano con Rulli.
El 2 a 0 liquidó el partido y, tal vez, la serie. Villarreal sintió el golpe y no tuvo reacción ofensiva, más allá de algún intento aislado.
Liverpool pudo seguir aumentando, pero terminó cómodo con la diferencia y se acerca a una nueva final de Champions League.