Anfield fue testigo de un duelo soñado entre dos de los tres equipos más ganadores en toda la historia de la Champions League. Allí Liverpool, seis veces campeón, recibía la vuelta a la competencia del Milan, que con siete coronas retornaba a la UCL tras la siete años de ausencia.
Liverpool tomó las riendas del duelo, imprimió velocidad para imponer condiciones y antes de los diez minutos rompió el cero con un tremendo ingreso por derecha de Alexander-Arnold que Tomori terminó desviando involuntariamente contra propia puerta.
Los Reds iban por todo y Mohamed Salah tuvo a su favor un penal para estirar diferencias, sin embargo Mike Maignan no solo se lució rebotando la ejecución sino que también negándole el rebote a Diogo Jota.
Milan tenía dificultades para imponerse pero lentamente comenzó a pisar el terreno rival, y en el cierre de la etapa inicial el peso de la historia le permitió darlo vuelta con una ráfaga de dos goles.
Primero Ante Rebic recibió de Leão y definió perfecto sobre Alisson. Dos minutos después el croata volvió a romper por vértice izquierdo pero esta vez sacó el pase al medio, Gómez se la sacó a Theo Hernández de la línea y Brahim Díaz empujó contra el arco vacío al 2-1.
El complemento tuvo un comienzo frenético, Milan sufrió la correcta anulación de un gol por fuera de juego y Liverpool logró empatarlo en la réplica. Origi dio una habilitación mágica a Salah y Mo tuvo revancha mano a mano con Maignan, que durmió y pagó.
Liverpool se adueñó nuevamente de las acciones tras el empate y pudo plasmarlo en el resultado con un golazo de su capitán Jordan Henderson, quien tras recibir el balón quieto con notable soledad metió la maravillosa volea contra la “ratonera” de Maignan.
Liverpool manejó la ventaja con criterio, e incluso pudo estirarla. Enorme triunfo para los Reds en el comienzo de su camino europeo.