Una historia particular es la de Hernán Carrozzino, que hace pocos días decidió inmortalizar un momento único en su piel tras tatuarse el festejo de su primer gol en Juventud Unida con su padre del otro lado del alambrado.
Lo llamativo no es su amor, claramente obvio, para con su papá, sino que el padre es el verdadero protagonista de esta historia. Todos los partidos de local se ubica en el mismo lugar, platea, costado derecho, aferrado fuertemente al alambrado y mirando fijo el desempeño de Hernán. A pesar de poder caminar mediante muletas por una artrósis en la cadera que hace cuatro años no le permite movilizarse normalmente, nunca falta, llueve o truene, haga frío o calor, siempre está.
«-Desde que soy muy chico que mis viejos hicieron todo para que a mí no me falte nada, nadie les regaló las cosas, pero dieron lo mejor de ellos para que yo esté bien», aclara Carrozzino con respecto a su infancia y el vínculo tan importante con sus padres. «-Cada vez que entro a la cancha, miro para afuera a ver si está junto a mi familia y me siento más seguro y con ganas de darles una alegría», cuenta el delantero del Lobo Rojo con clara emoción.
Por último y con respecto al tatuaje comentó: «-Quería hacerme uno que represente a mi familia y tenía esa foto y quise devolverle con todo el amor y el orgullo que tengo, en una imagen, todo lo que dieron por mi».