Por: Walter Silva | @WalFSilva10
Desde tierras niponas, charlamos con Julio Lamas, entrenador de la selección japonesa de básquet. Tras tres años en el cargo, hablamos sobre el comienzo del proyecto, el básquet japonés, la presencia del anime y el manga, cuál es el lugar desde donde se para hoy con miras al futuro y cómo ve el mercado japonés para el jugador argentino.
La vida nos puede presentar retos hasta cuando creemos que ya batallamos mucho y logramos tanto. Nos puede presentar situaciones que nos propongan salir de nuestra -bien labrada- zona de confort para encarar “una experiencia que merece la pena ser vivida”.
Este es el caso de Julio Lamas, quien es un entrenador con valía reconocidísima en el plano local -habiendo dirigido nuestra Liga Nacional por 21 temporadas y saliendo campeón con Boca Juniors, Ben Hur de Rafaela, Libertad de Sunchales y con San Lorenzo de Almagro-, el internacional -dirigiendo en el básquet español al TAU Cerámica Baskonia, CB Lucentum Alicante y el Real Madrid- y con la selección Argentina en los Mundiales de Grecia 1998 y España 2014 y en el campeonato obtenido en el FIBA Americas de Mar del Plata en 2011 que le dio el pasaje a los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde también estuvo en el banco.
Su último club en Argentina fue El Ciclón de Boedo, club del cual es hincha, donde había conseguido ser bicampeón de la Liga Nacional entre 2015 y 2017 y campeón del Torneo Súper 4 del 2017. “Yo estaba bien en San Lorenzo. Había cumplido dos años dentro del club en un proyecto que había nacido en el momento de mi llegada -por lo menos en primera división- y me sentía muy comprometido porque eso es lo que genera ¿no? Cuando se alumbra un proyecto nuevo y se lo construye paso a paso. Yo me sentía parte de la casa y había objetivos para los dos años siguientes, ya que San Lorenzo me estaba ofreciendo renovar por dos años. Yo estaba muy bien, estaba en un lugar que me gustaba, que tenía trabajo por delante para hacer… no tenía la necesidad de cambiar”, recordó Julio.

Hasta que un día llegó un ofrecimiento inusual, o mejor dicho, un ofrecimiento común desde un lugar inusual, inexplorado y muy, muy lejano. De hecho, desde el otro extremo del mundo. El desembarco de Luis Scola al baloncesto chino fue el más lejano que habíamos conocido, hasta que Lamas llegó al país del sol naciente, Japón.
“Yo conocía muy poco del básquet japonés, casi nada”, confesó. “Cuando el Director Deportivo de la JBA (Japan Basketball Asociation) viajó a Buenos Aires y estuvo unos días seguidos reuniéndose conmigo, me mostraba videos e información. En dos días ya había visto mucho más de lo que conocía previamente a su llegada. Era una competencia y una selección nacional ajena para mí en ese momento”.
Lamas fue seleccionado para ponerse al frente de un proyecto nuevo para el baloncesto nipón, que quiso cambiar el paradigma del deporte en el país y su posicionamiento en la región de Asia y Oceanía. “El Director Deportivo -que es un ex entrenador- pensó que, esta vez, ese entrenador extranjero que estaban buscando para la selección no tenía que ser un norteamericano y sí tenía que ser alguien del básquet FIBA. Se enfocó en las selecciones nacionales que mejor resultado habían conseguido en los últimos 20 años (ese tipo de investigaciones son frecuentes en Japón a la hora de empezar a proyectar). Las ‘escuelas’ elegidas fueron las de Serbia, de Argentina, de España y de Australia, y los candidatos eran de esas nacionalidades”.
Ante semejante desafío a los 52 años que tenía por aquel entonces, había más dudas que certezas para poder tomar una decisión. “Demoré bastante en responder porque no era una decisión que ‘completara todos los casilleros’, que fuera redonda. Había cosas a favor y tenía riesgos y situaciones que no eran las mejores opciones para mí en ese momento. Lo estudié un par de meses. Primero contesté que no, ya que me tenía que quedar tiempo completo en Japón y no podría compaginar, en ese entonces, lo familiar con lo profesional. Volvieron a la conversación con la propuesta de que yo pudriera regresar a Argentina tres o cuatro veces al año y también con más detalles del proyecto que combinaba a la selección nacional y a la -por entonces- la nueva liga profesional, la B.League. Aquella primera negativa les fue dando tiempo a que me muestren y expliquen más cosas que terminaron, también, influyendo positivamente. Y bueno, terminé aceptando la oferta de la selección en abril de 2017 y llegó aquí en julio de ese año”, recordó.
Por intuición, por ver la seriedad del proyecto, por pensar que querían trabajar de manera inteligente y sostenida para impulsar un crecimiento en el básquet de Japón y con la motivación que generaba, allá en aquel el horizonte, los Juegos Olímpicos 2020. No acepté con todas las certezas ni con todos los ‘casilleros cubiertos’, pero había cosas que veía como una motivación, como una experiencia que merecía la pena ser vivida y otras en las cuales habría que ver cómo sucedían. Y la verdad es que, viéndolo hoy desde acá, agosto de 2020, me alegro de haber aceptado. Ya con ‘el diario del lunes’, volvería a aceptar la oferta.

Ahora bien, este nuevo desafío trajo un montón de primeras impresiones. Se sabe que Japón puede parecer otro planeta ante nuestros ojos, donde la mayoría de los turistas argentos que llegan a suelo tokiota se ven maravillados por los avances tecnológicos y por, como suele decir Julio, “lo opuestos que somos como sociedad”. Pero él no llegó como un turista más, sino como un trabajador. “Las primeras impresiones del país y de la ciudad (Tokio) fueron extraordinariamente positivas. Esperaba cosas buenas y todas superaron las expectativas. Las de las condiciones de trabajo de la JBA, la estructura y la logística, también”, recordó. Sin embargo, su arribo se dio para cambiar el paradigma, para marcar un antes y un después en la historia del baloncesto japonés y ayudarlo a que levante su nivel de resultados deportivos, ya que con ellos también se levantará el básquet en otros aspectos. Pero la realidad con la que se encontró fue complicada: “Cuando comenzamos a entrenar y a jugar, el primer año no fue bueno. En los primeros meses no sabíamos lo que teníamos que hacer dentro de la cancha, perdíamos seguido, y al final del día, algunas veces me preguntaba si había hecho bien, si podía ayudar en el proyecto. Me sentía un poquitito frustrado. A la mañana siguiente, apelaba a la resiliencia y a pensar en que le iba a encontrar la vuelta de alguna manera”, expresó retrotrayéndose a las Ventanas Clasificatorias para el Mundial de China de 2019.
Finalmente, ese trabajo interno -más todo el profesionalismo que lo caracteriza- comenzó a dar frutos. “Entre diciembre de 2017 y febrero de 2018, había tomado algunas decisiones que después se vieron positivas, como la nacionalización de (Nick) Fazekas y la inclusión de (Rui) Hachimura y (Yuta) Watanabe en las convocatorias, a pesar de que tenían 19 y 22 años respectivamente, y darles un espacio”. Éste es un punto importante, ya que en la cultura japonesa se respetan mucho las jerarquías y se valora mucho más la antigüedad que el potencial talento, así que la convocatoria de estos dos jóvenes causó mucho revuelo. Principalmente la de Hachimura, que si bien era figura de la Universidad de Gonzaga en la NCAA, no había alcanzado la mayoría de edad, que es a los 20 años para Japón. “En junio de 2018, le ganamos a Australia -por primera y única vez hasta hoy- el día que debutan Hachimura y Fazekas, uno hace 25 puntos y el otro 28. Si con 19 años (Hachimura) debutó con 25 puntos y 9 rebotes es porque ya estaba, porque es bueno. Ganamos los dos partidos y clasificamos para la siguiente fase ahí en junio. Entrenamos bastante ese verano japonés para jugar los partidos de fin de junio y lo que fue todo agosto para jugar en septiembre, y ganamos los dos de septiembre también. Ahí, Hachimura y Watanabe jugaron juntos por primera vez, ganamos en Kazajistán y le ganamos a Irán de local, que es uno de los equipos fuertes en Asia y Oceanía. Ya ganamos cuatro seguidos, habíamos tenido resiliencia para salir del momento malo y ya había cambiado la dinámica negativa por una positiva. Con el agregado de que estos jugadores, Hachimura -con 19/20 años – y Watanabe -23 años-, mostraban un estilo de juego, tanto en talla como condición atlética, para jugar ‘por encima del aro’, que era el camino que yo intentaba instalar desde el primer día. Cuando hay jugadores que lo pueden llevar a la práctica y muestran el camino, los otros los pueden seguir.

Esta levantada se vio potenciada gracias a la inclusión de un jugador llamado Yudai Baba que, según Lamas, “tenía la condición atlética pero no la había ejecutado ni ejercitado el poder usarla de la misma manera”. Con estos tres jugadores (Baba, escolta, 1,95 metros; Hachimura, alero, 2,05 metros; Watanabe, ala pivot, 2,05 metros) hubo un leve upgrade en toda la talla y condición atlética de la selección, además de inyectarle juventud. “En resumen, la dinámica negativa había cambiado a una positiva, los resultados fueron de 0-4 a 4-4 y teníamos un camino por recorrer. Toda esta atmosfera había aumentado la confianza de los jugadores entre ellos mismos, en uno mismo, en el compañero y en el sistema que el entrenador estaba proponiendo. Ya habíamos dado un paso grande para adelante”, concluyó.
Tras semejante recorrido deportivo en sus funciones como entrenador, también hubo cosas a nivel personal que debieron verse afectadas por llegar a una cultura totalmente diferente, desde la forma de trabajar, gestionar y desenvolverse en la vida, y eso va generando shocks. “Somos totalmente opuestos, hay una forma de ser y en el sentido de donde comenzamos a sentir o a manejar las cosas, entonces me he tenido que adaptar totalmente. La cultura de la gestión en el trabajo, los procesos de trabajo que nosotros tenemos que hacer son diferentes a los de Argentina, entonces eso ha sido un cambio muy grande y lento”, reconoció y explica: “Me llevó un año en la parte deportiva. Una parte en lo que tiene que ver con la forma de comunicar y plantear cosas en la gestión me llevó el segundo año. Y ya terminé el tercero y pensé que ya conocía todo y que ya tenía la mano tomada, y me doy cuenta todavía que no, que te van pasando distintas cosas. Por ejemplo, que haya una crisis o un conflicto grande y ver cómo se paran ante esa situación y de qué manera lo resuelven, es distinto en Argentina. Con lo cual, hasta que no te pasa una vez no lo sabés, no lo viviste. Este es un lugar que lleva una adaptación muy grande. Obviamente que yo hago primero la deportiva para poder entrenar y jugar con mi equipo, porque es para lo que me trajeron. Pero después, van pasando más cosas y la verdad es que he tenido que aprender a usar nuevas herramientas porque algunas que tenía no me sirvieron más; tuve que crear algunas nuevas y tuve que conocer la cultura japonesa, entenderla y adaptarla para poder funcionar”.
Todas estas situaciones llevaron al básquet japonés a pararse desde una manera distinta a otros años, ya con hechos concretos, y frente a una nueva realidad. Ahora, ¿Cuál es la realidad del básquet nipón? Julio se encargó de darnos un pantallazo general en todos los aspectos.
“Ahora mismo llevamos, en Asia y Oceanía, nueve partidos seguidos ganados; comenzando en junio de 2018 y terminando en febrero de 2020 ante China Taipei. Eso muestra que hemos dado un paso grande hacia adelante en la región. Cuando jugamos el Mundial en China, no pudimos ganar ningún partido; también muestra que en el máximo nivel de la élite mundial, con los pesos pesados, todavía necesitamos mejorar para poder competir con opciones de victoria. Esa es la radiografía de la selección, pero confiamos en lo que estamos haciendo y seguimos desarrollando, tanto al equipo como a los jugadores.
La de la liga, la B.League, que tiene cuatro ediciones, es cada vez mejor. En cada una de sus cuatro ediciones, la competencia ha ido creciendo y el nivel de los jugadores extranjeros es cada vez más alto, de la mano de la capacidad económica que la competencia tiene. La cantidad de espectadores es cada vez mayor, todos los años sube el promedio de espectadores, así como también la cantidad de partidos que se televisan y emiten por las plataformas de ‘streaming’. A fines de junio, se hizo una rueda de prensa y anunciaron que ya van a emitirse la totalidad de los partidos, ya no sólo para ver en las pantallas de los teléfonos mediante la tecnología 5G. La verdad es que eso cierra el círculo en su totalidad de que: Son consumidores del producto del entretenimiento, con lo cual hay gran cantidad de aficionados que consumen todo. Tienen todas las herramientas tecnológicas para televisar, brindar contenido de todo tipo en todo momento. Hacer la presentación del espectáculo de manera de un show. Buenos estadios, a los que están cambiando por arenas. Y sponsoreo de primer nivel mundial. Las multinacionales, que incluso son dueñas de algunos equipos, son globales. Es decir, Toyota tiene un equipo en Tokio que se llama Alvark, Hitachi tiene un equipo en Shibuya que se llama Sun Rockers, hasta Mitsubishi tiene un equipo de básquet. O sea, cuando las nombramos, sabemos que son sponsors de nivel global. Entonces juntan todas las partes que el deporte, como espectáculo y producto del entretenimiento, necesita para llevarse a cabo.
Ahí hay un mix que está a buena velocidad, todo es mejor cada año. Nosotros tenemos en la ropa un logo que dice ‘Akatsuki FIVE’, que quiere decir Amanecer 5 (o ‘los cinco del amanecer’) y propone un renacer o un nuevo impulso de crecimiento en el básquet japonés. Y la verdad que eso va bien. Este proyecto, que empezó entre fines del 2016 y comienzos del 2017, aspira a que para cuando llegue el Mundial 2023, del cual Japón es uno de los organizadores, y vuelvan a medir, yo estoy seguro que la selección y la liga van a ser mucho mejor que cuando todo esto empezó”, cerró.
Si bien esa es la radiografía del básquet profesional y la selección mayor, el básquet formativo se desarrolla de una manera diferente a la nuestra, muy afectada por la propia cultura y con las prioridades claras. “Aquí se desarrollan dentro del colegio y la universidad. Va más lento porque tiene que ver con cosas superiores al deporte, como lo es la educación. El formato es como el norteamericano, pero acá no hay la competencia que hay en Estados Unidos, los entrenadores de las escuelas de acá son profesores de educación física -en algunos casos especializados en básquet- y en Estados Unidos son entrenadores de básquet expertos. Tampoco hay la cantidad de atletas que hay en Estados Unidos, ni la ‘escuela de básquet’ de toda la vida. Pensemos esto, un chico que juega bien en la Argentina, en España o en Serbia, un talento de 16 años, te lo llevan a entrenar con el primer equipo. Cuando a un pibe reclutado lo llevas a entrenar con la primera, con adultos, en la primera temporada hace un crecimiento grandísimo. Bueno, cuando llega a los 22 años, ya hace seis que hace eso. Y acá se arranca a los 22 años, cuando terminan la Universidad. Entonces, esa situación va más lenta, no se puede acelerar tanto, como pasa con la liga profesional. Actualmente, se están haciendo cosas, por ejemplo, los 18 equipos de la B.League van a tener un equipo U16; por lo cual, esos chicos van a entrenar con los entrenadores profesionales, y el que juegue bien va a poder entrenar con un equipo de primera. Ya va a ser una cosa distinta. Y ese equipo se va a hacer cargo de que ese chico vaya al colegio y a la universidad, pero eso va a arrancar ahora. Y cuando empiece la siguiente liga, va a haber un equipo U18. Entonces ahí recién, cada equipo de liga va a tener un equipo formativo U18 y U16. Pero bueno, esto va a llevar un tiempo, va a llevar 10 años en que todo eso se arme bien. Una ‘escuela’ -porque al final, una formativa tiene que ver con una escuela- lleva más tiempo que un equipo profesional en armarse”, explicó.
El arribo de Julio Lamas y el desarrollo del proyecto Akatsuki FIVE tuvo un impacto directo en una sociedad que, históricamente, vio al básquet como un espectáculo ajeno, pero que hoy en día va sumando más y más aficionados, así como también gente -y principalmente jóvenes- que interactúa aún más con el deporte de la pelota naranja. “Subió muchísimo la cantidad de espectadores, la cantidad de participación en redes sociales o plataformas digitales de todo tipo. Hay un poco más jugadores federados y escuelas de básquet que antes en una época donde las pantallas le han competido el espacio de entretenimiento o de actividades a los niños, haciendo que se vuelquen a algunas actividades del tipo más sedentarias en lugar de ir a hacer deporte. Entonces, ha subido en todas las cosas el básquet de Japón. Por ejemplo, en el 2017 jugamos en una cancha de 4.000 (espectadores), después pasamos a 7.000, y antes de ir al Mundial, jugamos tres partidos en Saitama donde se vendieron 55.000 entradas a 17/18.000 de promedio por partido (entre ellos, el partido contra Argentina que tuvo más de 17.000 espectadores). O sea, se está viviendo un crecimiento claro, no sé si decir un ‘boom’, pero sí un crecimiento claro del básquet japonés. Ha influido también que Hachimura, junto a (la tenista) Naomi Ōsaka, sean caras famosas y jóvenes del deporte japonés; con lo cual, seguramente hubo y habrá en la cancha una cantidad de miles de personas que van a verlo a él”.

Si hay algo que los latinoamericanos conocemos de Japón, entre otras cosas, son el Anime y Manga. Ambos están muy presentes en la vida cotidiana de los japoneses, desde las publicidades de diferentes tiendas y eventos hasta en los mensajes políticos. “Acá ven dibujos animados o consumen historietas los adultos, la gente de mi edad, no es que sólo los niños nada más, entonces lo podés ver en cualquier lugar. Vas caminando y hay alguien leyendo un (manga) en un momento de descanso de su trabajo o viendo en el teléfono o en cualquier cosa. Cuando venís en el último tramo del vuelo a Tokio, ves que la gente grande va viendo películas de dibujos animados, y eso está presente en todo”, contó Lamas.

Por supuesto, los deportes en general -y el básquet en particular- no son la excepción: “En el básquet también, hay una persona muy importante, un artista famoso que es aficionado al básquet y hace cosas. Por ejemplo, el logo de Akatsuki FIVE o algunos dibujos que nos acompañan en distintos momentos, uno antes del mundial, otro que tenemos en la JBA. Está presente”. Este artista famoso es Takehiko Inoue, quien creó y dibujó una de las historietas más vendidas en la historia de Japón y que trata de un equipo de básquet de secundaria, Slam Dunk. Inoue ha estado participando activamente con lo que refiere a la B.League y la JBA con sus ilustraciones, y Julio lo ha visto varias veces en esos entornos. “Acá se respeta mucho la jerarquía, y él la tiene en lo que él hace, altísima”, destacó. “Y también se agradece cuando alguien te da su apoyo, como él lo dio en el comienzo del proyecto y durante, entonces es alguien familiar dentro. Por ejemplo, él a veces viene a un partido, a veces viene a un entrenamiento, yo me acerco y lo saludo, hablamos algo, o por ahí lo ves que está hablando con un jugador. Es alguien que está en el entorno, respetado y prestigioso; los jugadores, la gente del ‘staff’ y del ‘management’ se sienten identificados con él, y él también se siente identificado con el equipo y le han gustado las cosas que han pasado”, concluyó.

En la venidera temporada 20/21, Julio no estará solo. Si bien, un viejo conocido como el uruguayo Mathias Calfani renovó con Kawasaki Brave Thunders, Marcos Mata fichó para Saga Balooners, equipo de la isla de Kyūshū que milita en la segunda división del básquet japonés. Para Lamas, el mercado japonés se presenta como una nueva alternativa para el jugador argentino. “Calfani jugó muy bien el año pasado acá, está en un equipo buenísimo que es candidato al título. También estuve en contacto con Mata, que viene a un equipo de segunda división. En principio, me alegro que venga un jugador argentino, Marcos será el primer basquetbolista argentino que jugará en Japón. Creo que lo puede hacer muy bien y que se puede destacar mucho. Va a un equipo que quiere subir. Esa familia tiene un equipo de fútbol -el Sagan Tosu de la primera división, donde juega Fernando ‘El Niño’ Torres- y el hijo de ese matrimonio es el dueño del equipo de básquet. El año pasado armó un equipo de tercera fuertísimo para subir a segunda, lo logró; ahora armó un equipo fuertísimo para subir a primera y empezaron a hacer un estadio para 10.000 personas. Lo veo recontra bien”, avizora y agrega: “Acá mejoran mucho el nivel de jugadores extranjeros. Hace cuatro años traían muy altos, ex NBA, pero muchos jugadores que estaban rotos física o mentalmente, que le hacían poco bien a la competencia. Ha cambiando el criterio, fichan mucho jugador en plenitud, y ahora acaban de fichar norteamericanos de Euroliga. Ha crecido muchísimo el nivel del jugador extranjero; entonces, Marcos no compite con los jugadores japoneses para venir acá, compite con los extranjeros norteamericanos, los serbios y los españoles, no es tan fácil tampoco. Creo que Marcos lo va a hacer muy bien, y espero que sea el que abra la puerta para que después vengan otros. Está claro que es mucho más importante en lo deportivo que Campazzo vaya a la NBA, pero sacando esas situaciones que son superadoras, esta es una liga emergente, Asia es un mercado emergente, y es una buena opción para jugadores y entrenadores argentinos”.
De aquel inicio el en proyecto Akatsuki FIVE a la realidad que se fue construyendo en estos años se ha visto un crecimiento exponencial desde los resultados deportivos y lo estructural. Mirando hacia atrás, mucho fue lo conseguido, pero Julio sabe muy bien a qué vino y qué es lo que le queda por afrontar. “Estámos jugando la clasificación para la FIBA Asia Cup, jugamos un partido en febrero y tenemos que jugar dos partidos en noviembre contra Malasia y contra China de visita. Los Juegos Olímpicos en 2021 son el objetivo principal y el más importante centro de nuestra planificación, por eso extendí mi contrato hasta los Juegos. Ése es el objetivo, conseguir la clasificación para la Copa de Asia, jugar los Juegos Olímpicos como lo principal, y un mes después viene la FIBA Asia Cup. Ahí va a terminar mi contrato y una etapa importante de cuatro años. Después se verá como sigue todo”, finalizó.

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