El Charrúa ganó un partido de esos que quedarán en los anales del fútbol argentino. Hasta los 47 minutos del segundo tiempo perdía por la mínima frente a Jota Jota y, encima, Gastón Iglesias había anunciado que al cotejo sólo le quedaban sesenta segundos. ¿Imposible triunfar? ¡Para nada!. El adicionado se extendió un poco más y los de Ariel Cuffaro Russo en una ráfaga de sus expertos acabó venciendo 2 a 1.
Justo José de Urquiza no podrá dormir bien hasta la revancha. Tenía ese plus en el bolsillo de saber que en Rosario, con un empate, se metía en la final del octogonal de la Primera C con el sueño de subir a la B Metropolitana. Sin embargo, como las carreras terminan cuando se baja la bandera a cuadros, los cotejos de fútbol culminan cuando el juez hace sonar su silbato. Y Central Córdoba, dejando todo en el rectángulo de disputa, anotó a los 47 y a los 49 para quedarse con la ventaja e incluso definir todo en el Gabino Sosa.
Los dirigidos por Daniel Sagman fueron más que su rival en la etapa inicial. El premio llegó a cinco del final cuando Oscar Altamirano sacó un zapatazo que se tornó inatajable para el experimentado Marcelo Ojeda. Y ese 1 a 0 para el Celeste era un duro golpe para los santafesinos que apenas apostaron al ataque con intermitencias que le daban mucha paz a Diego Córdoba.
Cuffaro Russo comprendió que Central Córdoba necesitaba un cambio de timón para tener protagonismo y demostrarle a la categoría porque fueron ellos los subcampeones del CADU. Así, lentamente, fue tirando en cancha a César Delgado y a Juan Pablo Pereyra que fueron determinantes para acabar con el sueño de Justo José de Urquiza.
Jota Jota mezcló conformismo con control de pelota y soporte de los embates de su rival. Lo hacía a la perfección y el cotejo ya iba rumbo al final. De hecho sobre el epílogo no le convalidaron un tanto a Juan Ortíz López que hubiese acabado con las aspiraciones de los rosarinos. Pero la riqueza de la visita le jugó una mala pasada a los de Loma Hermosa. En el segundo minuto adicionado fue el ex Tigre y Atlético Tucumán, Juan Pablo Pereyra, quien con un zurdazo igualó las acciones. Golpeados, los de Sagman quedaron groggy y recibieron el nocáut cuando, a los 49, el «Chelito» Delgado descargó hacia la entrada de Cristian Yassogna que de frente al arco no perdonó y cambió toda la historia.
Justo José de Urquiza pasó de celebrar un triunfo que los dejaba a un empate de clasificar a la final del Reducido a saber que en el Gabino Sosa deberá vencer por dos goles de ventaja a un Central Córdoba que, con el épico 2 a 1, demostró que nunca hay que dar por descontado a los jugadores con experiencia y menos aún cuando al partido todavía le quedaban jugadas por disputarse.