La contienda parecía terminar sin problemas en Andalucía. El Sumbarino Amarillo sumaba su quinta derrota en fila y continuaba con su sequía goleadora. El Blaugrana se imponía con algo de trabajo hasta que, a diez para el cierre, todo se interrumpió por una persona descompensada en la tribuna.
Los jugadores, consternados, quedaron a la espera de lo que disponga Carlos del Cerro Grande. El árbitro aguardaba también por indicaciones. Aunque uno de los pilares en pos de salvarla la vida al aficionado del Cádiz fue el guardameta argentino, Jeremías Ledesma.
«Conan» corrió rápidamente hacia un costado de la cancha para tomar el desfibrilador y de allí picó como un verdadero atleta hasta el costado opuesto para arrojar el instrumento médico a la tribuna. Otros, como el arquero de Barcelona, optaron por rezar.
Los resultados deportivos del Submarino Amarillo quedaron a un lado. Las plegarias continuaron no sólo en la tribuna sino también en los protagonistas que respetuosamente quedaron dentro del campo de juego. Y el silencio se adueñó del Nuevo Mirandilla esperando buenas noticias desde las gradas.
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