ITUZAINGÓ – «DISFRUTÉ MÁS EL ASCENSO EN EEUU QUE SI HUBIERA ESTADO EN LA CANCHA»

Ituzaingó logró el ascenso con un final épico. En el último minuto venció por 2 a 1 a Liniers, lo que le permitió superar por un punto a Alem, y sellar así su retorno a la Primera C. Era una definición tan importante para el León que hasta el ex entrenador de la Selección argentina y del Barcelona, Gerardo Martino, estuvo pendiente de ella.

Es que dentro de su cuerpo técnico tiene un fanático del Verde. Su nombre es Manuel Alfaro, quien desde chico se escapaba para ir a la cancha a verlo, y en donde jugó varios años. Manu es uno de los preparadores físicos y estuvo junto al Tata en Paraguay, la Albiceleste y en España, y vivió el tan ansiado ascenso desde Estados Unidos, en donde trabaja junto al ex DT de Newell´s, en el Atlanta United. Hoy, desde otro lugar, se encarga de mostrarle su pasión al mundo, y ayuda cada vez que puede a los más chicos del club donando pelotas, botines o camisetas.

¿Cómo nació tu pasión por Ituzaingó?
Empezó cuando Itu estaba en el Nacional B y yo jugaba en las inferiores de Boca. Me acuerdo que jugábamos en cancha de Morón e iba a verlo con unos amigos a escondidas de mi mamá, que no me dejaba ir solo porque tenía 13 o 14 años. Después me fui de Boca y empecé a jugar en las inferiores de Ituzaingó. Jugué en reserva y me subieron a primera cuando estábamos en la C.

Jugaste en el club, y sabes lo que es ser un jugador del ascenso. Por eso ayudas con lo que necesitan cada vez que podes?
Trato de ayudar a los chicos de inferiores porque sé lo que cuesta en el fútbol argentino, y mucho más en el ascenso. Ayudo con lo que puedo mandando botines, pelotas, comprando camisetas para los más chicos. Siempre que pude, ayudé. Además tenemos un chico que trabaja en Washington que cada vez que puede nos junta botines y nos envía valijas con 30 o 40 pares que separamos en bolsas y los sorteamos entre los chicos de inferiores que más lo necesitan para darles una mano.

¿Cómo viviste el ascenso estando desde los Estados Unidos?
Ya lo venía sufriendo en la semana y era muy duro. Siempre dije que sufro más, y me pongo más nervioso viendo a Ituzaingó que cuando trabajo porque uno, estando desde afuera, no está al alcance de poder modificarlo, entonces se sufre el doble. Lo viví con mi señora, y la verdad que fue una emoción muy grande. El Tata (Martino) y mis compañeros del cuerpo técnico me llamaban a cada rato para ver cómo iba el partido. Cuando uno está lejos, los sentimientos se potencian, y creo que lo disfruté más que si hubiera estado en la cancha.

¿Cómo fueron tus experiencias en la Selección argentina y en Barcelona?
Mi sueño siempre fue trabajar en el fútbol, y ni en mis mejores sueños podría haberme imaginado poder estar en esos dos lugares, y me siento un bendecido por ello. Traté de disfrutarlo en la forma que se puede porque en el fútbol, domingo a domingo se está rindiendo un examen. Lo que son adentro de las canchas, lo tienen como personas y por eso están donde están. Son grandes seres humanos, grandes profesionales. Son una camada de jugadores que no solo se dedican a jugar al fútbol sino que también ayudan a la gente que más lo necesitan, y que a veces no se les da la publicidad que amerita.