En la década de los 70 fueron los “Años de Plomo” en Italia. Una época de gran politización y mucha violencia, en la que grupos terroristas de extrema izquierda (destacando las Brigadas Rojas) y de ultra derecha se enfrentaban, sembrando el terror en las calles. Eran los tiempos en que el Partido Comunista Italiano era el más importante de esta ideología en Europa Occidental, aunque casi siempre a la sombra de la Democracia Cristiana en la península Itálica. En este contexto, es donde surge el plantel de la Lazio protagonista de esta historia.
En la temporada 70-71, el conjunto lacial, entrenado por «El Toto» Lorenzo descendió a la Serie B. Tras este fracaso, se decidió confiar en Tommaso Maestrelli para dirigir a `las águilas´ en su paso por la segunda categoría. Rápidamente regresó a la Serie A y el 20 de mayo de 1973 se disputó una última jornada de infarto, ya que los romanos peleaban por el título con el Milan y la Juventus. Finalmente, tanto los capitalinos (en Nápoles) como los lombardos (en Verona) cayeron derrotados y, el cuadro turinés fue el que festejó tras vencer a `la loba´ en Roma. Tras este aviso, vendría una temporada muy recordada.
Al año siguiente, el cuadro albiceleste, con apenas cambios en su plantel, conquistó el Scudetto a una jornada del final, tras derrotar al Foggia en el estadio Olímpico, con un tanto de su goleador Giorgio Chinaglia. Lo particular de este equipo era, que además de practicar un «fútbol total», poco antes de la erupción de La Naranja Mecánica en el Mundial de Alemania 74, era un equipo dividido en dos, fuera de los terrenos de juego. Este plantel fue conocido como `La Lazio de las pistolas´ y `El Grupo Salvaje´.
En las instalaciones de entrenamiento de Tor di Quinto había dos vestuarios donde se cambiaban cada una de las facciones enfrentadas. Por un lado, estaba el grupo encabezado por el lateral izquierdo Luigi Martini, del que formaban parte como miembros destacados, el central Giancarlo Oddi y el volante Luciano Re Cecconi. Frente a ellos, la pandilla dirigida por “Long John” Chinaglia, en la que también estaban el líbero «Pino» Wilson y el arquero Felice Pulici.
En ese elenco era tremendamente habitual que la inmensa mayoría de los jugadores portaran un arma de fuego en los entrenamientos, tras los que se podían disputar concursos de tiro y juegos siniestros, como el que terminó por herir a un niño que se encontraba en un edificio próximo. Muchos de estos enfrentamientos eran zanjados por Don Tommaso, la única figura respetada por ambos clanes. Un buen ejemplo de ellos, fue cuando Martini rompió una botella y se abalanzó con ella sobre Chinaglia, al que acusaba de influir en las alineaciones. La aparición del técnico, hizo que no fuera a mayores.
Este vestuario (dividido en dos) parecía una auténtica bomba de relojería, pero cuando llegaba la cita dominical, ambos bandos luchaban como uno solo por llevar a los “biancocelesti” a lo más alto. Muy recordado fue el enfrentamiento con el Ipswich Town en la Copa de la UEFA de la campaña 73-74, tras perder 4-0 en tierras británicas. Con 2-0 a favor de los locales en el Olímpico romano, el árbitro dejó de sancionar un manotazo dentro del área de un zaguero del cuadro inglés, que evitó el tercer tanto. Allí, ambas cuadrillas acosaron, e incluso agredieron al árbitro, que quizás consciente de su error, no tomó medidas disciplinarias contra los futbolistas laciales. El encuentro a pesar del triplete de Long John, concluyó con un insuficiente marcador de 4-2. Los hechos ocurridos motivaron que el plantel romano fuera excluido de la Copa de Europa del año siguiente.
En cuanto a la ideología, es evidente que los líderes de los dos grupos tenían simpatías claramente de derechas. Martini posteriormente, fue diputado formando parte del partido Alianza Nacional y Chinaglia mostró sus simpatías hacia el Movimiento Social Italiano, precursor del bloque al que perteneció su eterno enemigo. Asimismo, cabe destacar que hubo jugadores en ese plantel con simpatías de izquierda, como el mediocampista Mario Frustalupi (socialista) y Oddi (de familia comunista). Este punto es interesante, ya que el conjunto romano desde el momento en que Mussolini se hizo socio del club a finales de los años 20, ha sido catalogado por muchos como un club de extrema derecha, algo que sigue en boga, gracias a algunos episodios protagonizados por su ex delantero Paolo di Canio y su principal grupo ultra: Irriducibili (Irreductibles). En `El Grupo Salvaje´ lo importante no era tanto la ideología, sino en que vestuario te arreglabas.
Este equipo legendario vio su ocaso tras una marcha y dos fatalidades. En primer lugar, durante la campaña siguiente, con el equipo bien posicionado en el campeonato, se le diagnosticó un tumor en el hígado a Maestrelli, que le obligó a abandonar la dirección técnica, para recuperarla meses después, tras una leve recuperación. Pero las buenas noticias fueron breves y falleció a finales del año 1976. Poco antes, Giorgio Chinaglia abandonó el club que le lanzó a la fama, para pasar a formar parte del Cosmos de Pelé, lo que para muchos antiguos compañeros fue una traición.
El puntapié definitivo para ese histórico combinado, fue la muerte de Luciano Re Cecconi. `El Ángel Rubio´ entró con su compañero de club, Pietro Ghedin, y con un amigo, en una joyería romana el 18 de enero de 1977. La versión más extendida es que se trató de una broma en la que el volante exclamó: «¡Quietos todos, esto es un asalto!», lo que causó el disparo por parte del propietario. El hecho de que el mediocampista era considerado por muchos como el más cuerdo en ese equipo de locos (de los pocos que no solía ir armado), añade un punto más de surrealismo a este trágico episodio, bastante en consonancia, con lo que fue ese mítico cuadro.