Con el diario del lunes muchos afirmarán que La Naranja Mecánica jugó una final anticipada con Alemania en octavos de final y, por nombres y pergaminos, pudo ser cierto. Sin embargo, el conjunto de Leo Beenhakker estuvo muy lejos de concentarse en la Copa del Mundo para retirarse con un lapidario puesto quince de veinticuatro.
Post era Johan Cruyff y su ballet, que obtuvo dos subcampeonatos mundiales, la ausencia en España 1982 y en México 1986 pudo suplirse con una nueva camada de jugadores que volvieron a posicionar a los Países Bajos en la primera plana de todos los diarios. Ganadores de la Eurocopa 1988, goleando a Inglaterra con un triplete de Marco Van Basten y consagrándose en Múnich ante la dura Unión Soviética, Holanda también arrasó en las eliminatorias y todos lo señalaban como el candidato a besar el trofeo de oro en Italia 90.
Para clasificar a la cita máxima, los muchachos de Beenhakker ni siquiera se despeinaron. Dos empates con Alemania y el resto fueron victorias, tanto de local como de visitante, frente a Finlandia y Gales. Incluso, para que todo sea más simple, los germanos dejaron más puntos en el camino ya que en la cuarta fecha del grupo igualaron sin goles en Cardiff contra los Dragones Rojos. De esta forma, la Naranja Mecánica también lideraba otra grilla.
Nombrar sin babero aquella lista de buena fe, que presentó el cuerpo técnico de cara a Italia 90, provocaría un río de saliva. Los mejores del globo terráqueo estaban allía. El poderoso trío del Milan con Van Basten, Ruud Gullit y Frank Rijkaard. Ronald Koeman que estaba en el Barcelona de España. Pero también los históricos del poderoso Ajax como Danny Blind, Aron Winter, Jan Wouters, y Richard Witschge que luego se vistió de Blaugrana. Y, por ser países vecinos, no faltaban los que descollaban en Bélgica como Erwin Koeman, Graeme Rutjes, y Adri van Tiggelen.
Hay muchos fanáticos que sostienen que la suerte no define partidos. No obstante, y más allá de algún problema dentro del vestuario, a esa Selección de los Países Bajos la complicó el infortunio por partida doble. Sacando algunas lesiones que no impidieron que sus protagonistas llegasen en forma a la Copa del Mundo, Holanda padeció no sólo en uno, sino en dos sorteos que tuvo la cita máxima.
El primero de todos fue en diciembre de 1989 cuando los copones y las bolillas lo mandó al grupo F junto a la poderosa Inglaterra. Más allá de la goleada que le propinaron en la Eurocopa, se trataba de un rival de temer por historia y por protagonistas. Y así como les tocaba ese cuco también le salía la pelotita de Irlanda que, si bien venía un escalón por debajo, tenía una férrea defensa que no era fácil de fragmentar.
El debut en Italia 90 fue el verdadero golpe inesperado para los de Beenhakker. Les tocaba Egipto y todo indicaba que sería un trámite que no lo fue. Holanda ganaba por la mínima diferencia con gol de Wim Kieft, merecía más, pero a la enorme línea de fondo africana no había como entrarle. Y, de la nada, cerca del epílogo, el colegiado español, Emilio Soriano, le dio un penal a los Faraones que estamparon el sopresivo 1 a 1.
Los Países Bajos ahora se veían obligados a no perder con Inglaterra para evitar cortar clavos en la jornada decisiva. El 0 a 0 los dejó con algo de oxígeno ya que todos estaban igualados en dos puntos en ese grupo. Todo debía dirimirse en la última jornada con un dato extra. Los Tres Leones tenían el juego más accesible contra los egipcios y corrían con la posibilidad de meterse en octavos de final.
Holanda se midió con Irlanda en Palermo sabiendo que eran superiores. Gullit abrió la cuenta rápidamente pero otra vez los de Beenhakker pagaron carísimo no cerrar el pleito. Niall Quinn clavó el 1 a 1 y así sendos elencos europeos igualaron en la segunda posición tanto en unidades, como en goles a favor, en contra, y demás. Para definir quién se quedaba con esa colocación y quién iba al tercer peldaño hubo otro sorteo, y volvió a salir perjudicada La Naranja Mecánica.
Si los Países Bajos eran escoltas de Inglaterra en la zona F se hubiesen cruzado con Rumania en octavos de final, y de no mediar imponderables, recién con Italia en cuartos. Pero la moneda cayó del lado inesperado y tuvieron que chocar en ronda de dieciséis con la Selección de Alemania que terminó consagrándose en aquella Copa del Mundo.
El sueño de Holanda se destruyó bien temprano. Gullit y Van Basten no volvieron a jugar nunca más un Mundial desperdiciando así a dos de los mejores jugadores que ofrendó al globo terráqueo en las últimas dos décadas del siglo pasado. En Italia 90, el combinado neerlandés pasó de serio candidato a la nada misma desaprovechando nuevamente una oportunidad de hacer historia.
LISTA DE BUENA FE DE LOS PAÍSES BAJOS EN ITALIA 90
1 – Hans van Breukelen (PSV)
2 – Berry van Aerle (PSV)
3 – Frank Rijkaard (Milan de Italia)
4 – Ronald Koeman (Barcelona de España)
5 – Adri van Tiggelen (Anderlecht de Bélgica)
6 – Jan Wouters (Ajax)
7 – Erwin Koeman (RKV Malinas de Bélgica)
8 – Gerlad Vanenburg (PSV)
9 – Marco van Basten (Milan de Italia)
10 – Ruud Gullit (Milan de Italia)
11 – Richard Witschge (Ajax)
12 – Wim Kieft (PSV)
13 – Graeme Rutjes (RKV Malinas de Bélgica)
14 – John van ‘t Schip (Ajax)
15 – Bryan Roy (Ajax)
16 – Joop Hiele (Feyenoord)
17 – Hans Gillhaus (Aberdeen de Escocia)
18 – Henk Fräser (Roda)
19 – John van Loen (Roda)
20 – Aron Winter (Ajax)
21 – Danny Blind (Ajax)
22 – Stanley Menzo (Ajax)
DT – Leo Beenhakker