RACING: «SON ESOS PEQUEÑOS SEGUNDOS QUE QUEDAN GRABADOS»

Foto: Carlos Villoldo / Clarín

Por: Marcelo Patroncini

Corrían los últimos meses de esos largos y fatídicos 35 años sin alegrías en el ámbito local para la Academia. El equipo, conducido por Reinaldo Merlo, en ese Aperutra 2001, tenía la dura misión de esquivar la promoción sin imaginarse que en diciembre estaría dando una vuelta olímpica cortando esa sequía de tres décadas y media. Por allí una Supercopa en 1988, muy buenos equipos, pero el goce era a cuentagotas. Una de esas tardes inolvidables sucedió el 4 de marzo de ese 2001, cuando Racing derrotó por 2 a 1 a Boca en el Cilindro. Ese encuentro quedó en el recuerdo, no sólo por ganar el clásico ante un Xeneize dulce de títulos, sino también por el gol del triunfo que fue una obra maestra de Luis Rueda. Veinte años después, Vermouth Deportivo conversó con el «Cóndor» y así recordó aquella palomita que desató la locura en Avellaneda…

Vermouth Deportivo: Se cumplen 20 años de una palomita inolvidable para toda la gente de Racing, ante Boca… ¿qué recuerdos te vienen a la mente?
Luis Rueda: Los recuerdos que se me vienen a la mente de esa tarde, sin dudas, son el escenario, el Cilindro que explotaba, y la sensación de ver venir la pelota y verme libre sin marcas, de poder llegar a la pelota y ver, desde el piso, que había sido gol. Son esos pequeños segundos que quedan grabados en cada célula de tu cuerpo y que te acompañan por el resto de tu vida. Es uno de los goles que más trascendencia tuvo en mi carrera, muy bonito, y por el que también fui tan reconocido después en todo caso. Pero sí, por el momento, por el rival, ese gol ha perdurado en el tiempo. Me siento orgulloso y feliz de haber estado en ese equipo, de haber pertenecido al plantel, y la felicidad de haber participado y ayudado a Racing con ese gol para obtener esa victoria.
VD: Ese torneo fue la antesala del Racing Campeón. Sin embargo, en aquél Clausura 2001, había que luchar para evitar la promoción… ¿cómo fuiste viviendo tus pasos en Racing desde pelear por evitar descender hasta incluso jugar la Copa Libertadores?
LR: Sin dudas ese torneo fue la antesala del campeonato que se consiguió en el 2001. Ese equipo estaba en formación, la presión del descenso a ningún equipo lo ayuda, y mucho menos a un equipo con la trascendencia y la importancia de Racing. Con la presión de la cantidad de gente que es fanática, y la presión de la prensa, el equipo no jugaba bien ese torneo. Alternábamos partidos buenos con partidos malos, y por supuesto, la presión por ganar y sumar, era más grande que la presión por poder jugar bien. Sin dudas que se siente, te tensa los músculos, y por ahí te aleja un poquito del mejor rendimiento tanto individual como grupal. Pero sin dudas que te templa el carácter y te pone a prueba para ver si realmente estás para ponerte una camiseta con tanto peso, con tanta historia. A mí me sirvió muchísimo, por ejemplo, para ver si estaba capacitado para jugar en un equipo grande acompañado por un excelente cuerpo técnico y un excelente plantel porque había futbolistas de muchísima experiencia y muchísima trayectoria en los cuales nos podíamos apuntalar los que no habíamos jugando en un equipo grande. En el torneo del campeonato me tocó jugar poquito pero el recuerdo es fantástico y es majestuoso. Uno de los picos en mi carrera, uno de los momentos más emotivos, fue dar la vuelta con Racing y disfrutar la pasión que tiene la familia de Racing.
VD: Ídolo en Gimnasia y Tiro, muy querido en Talleres de Córdoba, la rompiste en el Extremadura de España, en la Universidad de Chile, campeón con Racing… ¿qué balance hacés de tu carrera, Luis?
LR: Es súper positivo. En Sportivo Pedal Club, donde me formé durante 15 años, el sueño era jugar en Primera. En primer lugar, en la Primera de Sportivo Pedal Club que en ese momento había futbolistas consagrados y que, hace rato, estaban en San Rafael marcando lo que era el fútbol sanrafaelino. Una vez conseguido eso, el sueño tanto mío como de mi hermano Ariel, con quien hicimos la carrera de futbolista juntos, era poder jugar en cualquier equipo de Primera. Hicimos todo lo posible, nos costó muchísimo, hasta que tuvimos la chance de Gimnasia y Tiro que fue el trampolín. Estuve muchos años preparándome para eso, llegué a Gimnasia y Tiro como un desconocido, me gané un lugar despacito en los primeros entrenamientos también con un poquito de suerte porque ese año intentaron traer dos o tres delanteros de mucho renombre para un Nacional B que se avecinaba muy duro y no los pudo abrochar. Yo estaba en un momento futbolístico fantástico, y ese año en Gimnasia y Tiro, exploté en cuanto a goles. También era un plantel fantástico, de muchísimos futbolistas de muchísima trayectoria en Primera División, un entrenador que entendía muchísimo de Nacional B como Salvador Ragusa, conocedor de las divisiones inferiores y que formó el plantel. Y también Ricardo Rezza que te daba el salto, con la sapiencia y la capacidad, para poder obtener el título y ascender. Jugar en el exterior fue un sueño mucho más grande de lo que me había podido imaginar, codearme con equipos como el Barcelona o el Real Madrid que en esa Liga Española era estar viviendo un sueño. Me siento totalmente feliz y bendecido de haber podido hacer lo que quería, lo que soñaba. El balance es fantástico, me siento privilegiado de haber elegido esta carrera y de haber tenido éxito. Sé que el éxito es muy difícil de conseguir en esta carrera, que los futbolistas que lo consiguen son muy pocos en base a cientos y cientos que quedan en el camino. Estoy feliz cuando miro para atrás y veo todo lo conseguido.
VD: Ese palomita del cual hablamos que se cumplen 20 años fue maravilloso. Con la camiseta de Racing le metiste otro delicioso a Nacional por la Libertadores. ¿Cuáles fueron tus mejores recuerdos y mejores goles en la Academia?
LR: En cuanto a los mejores, sin dudas, está ese gol de palomita a Boca y, por supuesto, los goles de Copa Libertadores. Yo también le doy muchísimo valor a los goles de Copa Libertadores porque el ambiente que se vive en el partido, en el Cilindro o cuando te toca salir a otros países, es diferente. Las noches de Copa Libertadores para mí son inolvidables, por el público, por todo lo que se vive en ese momento. Esos goles los recuerdo a todos, están todos grabados en la memoria, son todos muy especiales, y para mí tienen un signficiado gigante. Tengo el corazón blanco y celeste gracias a los años vividos en Racing. Mirando hacia atrás, lamentamos no haber conseguido llegar a la final de esa Copa Libertadores. Creo que el equipo daba para eso, teníamos un cuerpo técnico con el «Pitón» Ardiles, había una delantera y un plantel exquisito. Pero el fútbol tiene su cuota de ingratitud y creo que merecíamos seguir. No obstante, tengo la felicidad y el orgullo de haber vestido esa camiseta y de haber quedado en esa pequeña historia con esos pequeños goles.