TEMPERLEY: «VOLVÍ A LA CANCHA A SELLAR UN VÍNCULO INMORTAL CON EL CLUB»

Foto: Sheila Dell Arcipret

Por: Marcelo Patroncini

De Lima a Turdera, por ruta, son casi 4 mil kilómetros. Más allá de la lejanía, el amor dejó en claro que jamás entendió de distancias. Damián Khoury, se fue de Argentina a Perú pero dejó un pedazo de su corazón Celeste en el Alfredo Beranger. Fanático desde que nació, este Gasolero vivió las buenas y también las otras. El domingo 7 de febrero sorprendió a todos en las elecciones presidenciales del club y su historia cautivó a propios y extraños. Había arreglado las vacaciones para poder votar. Y así conversó con Vermouth Deportivo sobre la pasión por el club del sur del Gran Buenos Aires.

Vermouth Deportivo: ¿Cuándo empezó tu relación de amor a Temperley?
Damián Khoury: Mi amor por Temperley empezó desde siempre. Mi papá, también vitalicio, nos llevaba a mi hermano y a mí desde muy chicos a la cancha. Tuve la suerte de que, con 9 años, pude ver al Cele en Primera. Recuerdo una tarde en cancha de River que casi damos el batacazo y, la vuelta a Temperley, todos en camioneta cantando «ganamos, perdimos, el susto se lo dimos». Después tuve un segundo re-bautismo sagrado que fue al volver en la C, ya que con 13 años, luego de pasarla mal durante dos y ser un paria del fútbol. Ahí volví a la cancha a sellar un vínculo inmortal con el club. Recuerdo esa semana que se levantó la quiebra. Y la emoción de saber que volvíamos a jugar fue algo único.
VD: ¿Cómo es seguir a Temperley estando lejos del país, del club, de tus raíces?
DK: Desde lejos es complicado seguirlo pero la pasión no quiebra, siempre se encuentra la forma. Claro está que no es lo mismo que gritar en la tribuna pero, las energías, uno cree que llegan. Mi papá falleció hace 9 meses, teníamos un lindo ritual. Él me llamaba a la finalización de cada partido y, luego de comentarlo, teníamos la mejor excusa para contarnos cosas de la vida y poder sentirnos cerca, como si estuviéramos abrazados en la tribuna.
VD: En algunos medios hablabas de la creación de la Peña del Pacífico. ¿Dónde fue el lugar más raro que te encontraste un hincha del Cele?
DK: Una vuelta estaba de viaje por Salvador de Bahía, en Brasil, en un pueblo medio perdido. En un grupo de brasileros apareció un moreno con la del Cele. Yo estaba con otro amigo del Cele y no lo podíamos creer. El pibe se había hecho de Temperley por otro viajero como nosotros que había pasado por ese lugar y le dejó la camiseta. El hincha de Temperley, a donde va, deja su legado.
VD: Conociendo la historia del club, ¿cuán importante es que se pueda votar en un Temperley abierto, vivo, que crece día a día? ¿Y cuán importante fue para vos que acomodaste las vacaciones para poder emitir tu sufragio?
DK: Me encanta que el club tenga vida social y política. Yo lo sufrí con las puertas cerradas, como muchos, y hoy verlo resplandeciente es alentador. No me gustó que se insulten entre las listas en el tramo final de las elecciones y, por suerte, lo hablé con los amigos del oficialismo y con las otras listas, ya que todos podemos tener nuestras ideas. Pero, si nos agredimos, se vuelven a viejas rencillas que sabemos no nos van a dejar crecer. Por otro lado me gusta que haya tres listas porque son todas de hinchas que se comprometen y quieren lo mejor para el club. Esto hace que se formen dirigentes hinchas y que el club jamás salga de las manos de los socios. Así vamos a poder seguir creciendo, al igual que en la parte dirigencial, en la parte futbolística. Hay que apostar por los pibes del club en nuestros equipos y soñar con volver a Primera con un equipo bien Celeste. Para mí fue un dia especial porque pude quedarme dos días más y cumplir con mi deber. Al vivir lejos, ir a votar lo tomé como un día de cancha, donde pude encontrarme con amigos y analizar la actualidad del club, recorrer las nuevas áreas que se remodelaron y las que están prontas a culminar. Ver al club de pie, y sacando pecho al futuro, creo que es lo que más me enorgullece.