LOS ANDES: «ME HICE 16 MIL KILÓMETROS POR EL AMOR A LA CAMISETA»

Por: Marcelo Patroncini

Durante dos décadas no conocía la pasión pero la vida es así, y el amor puede estar a la vuelta de la esquina, tal vez un poquito más lejos, y hasta se puede sostener a miles de kilómetros de distancia. Marcelo Sadofschi se enamoró de Los Andes a los 21 años cuando fue por primera vez a la cancha. De ahí en adelante jamás abandonó ese cariño pero, en 2002, se fue a vivir a Israel. Años más tarde, se propuso volver para el centenario. Y cruzando el océano, alejado de Lomas de Zamora, Vermouth Deportivo se encontró con esta historia contada que gracias a la tecnología podemos compartirla con todo el mundo.

Vermouth Deportivo: ¿Cómo nace tu amor por Los Andes?
Marcelo Sadofschi: Me llevó un profesor de enfermería, Domingo Vitale, muy conocido como «Mingo» en el club. Yo hasta los 21 años no había pisado una cancha, mis padres no eran simpatizantes de ningún club. Yo vivía a nueve cuadras de la cancha de All Boys, y me empecé a hacer amigo de gente, y dije «me voy para Lomas». Yo hice el curso de auxiliar de enfermería, él fue profesor de ese curso en la materia de kinesiología.
VD: ¿Cómo hacés para seguir a Los Andes desde tan lejos?
MS: Doy gracias a Dios de poder seguirlo junto a las audiciones de Alberto Rincón (NdR: Fútbol en Mil Rayitas), a veces post-audición por los horarios. Hoy en invierno tengo cinco horas de diferencia, y en verano seis. También sigo a los muchachos de Mundo Ascenso, de Universo Fútbol, o en diferido veo los partidos a través de «Vivo por Los Andes».
VD: ¿Pero cómo es estar lejos y saber que no podés ir a la cancha?
MS: Se sufre, y más el día del partido. El día del partido casi no duermo, o duermo con la cabeza pensando en cómo va el resultado.
VD: Y desde el 2002 que te fuiste, viniste para el centenario del club, ¿cómo fue esa locura?
MS: Locura, no. En la página de intercambio de opinión que teníamos, alguien me dijo: «¿y para el centenario que pensás hacer?». Yo les dije «esta noche lo pienso, y mañana les contesto». Mi respuesta, al día siguiente fue: «espérenme que ahí voy a estar». Eso fue en el 2007, diez años antes me lo propuse, y así fue, me hice 16 mil kilómetros por el amor a la camiseta y al club.
VD: Tu próximo regreso también tiene que incluir volver a la cancha…
MS: Por supuesto que cuando viaje, voy a ir a ver a Los Andes. Cuando viajé a mediados de diciembre de 2016, lo vi a Roberto Suyo en la oficina y me dijo que el lunes era el último partido del año, contra San Martín de Tucumán, y me invitó a ver el partido. Fue un momento de muchas emociones, pasar por Lomas Manía que en 2002 no existía. Llegar a la cancha y ver el frente del club arreglado, pintado, la ventana del kiosco de Angelito que ya no existía, ahí nos veíamos mucho a tomar una gaseosa, a comprar cigarrillos. En Lomas Manía compré una camiseta, un cenicero, y no sé que otra chuchería. Pasé por prensa, por los vestuarios que gracias al esfuerzo de los hinchas que aman al club, hicieron lo que hicieron, lo arreglaron, porque en 2002 esos vestuarios no estaban, eran un desastre. Salí con Roberto al campo de juego a poner los banderines, y pisé el Gallardón, el verde césped.
VD: ¿Hiciste hinchas de Los Andes allá en Israel?
MS: Es jodido porque para ellos el fútbol se llama Barcelona, o Boca y River. Punto, ahí moriste. Muchos argentinos que llegaron en mi época es Barcelona, River, Boca, Independiente, el fútbol de ascenso para ellos nunca existió. Yo igual le hablo de Los Andes. Acá a 30 cuadras tengo un amigo, de River, y siempre le digo «vos te olvidaste cuando en 1968, en el viejo gallinero, le ganamos 3 a 1» (NdR: el partido fue televisado para todo el país).
VD: Imaginamos la respuesta, pero… ¿extrañás a Los Andes?
MS: Sí, y los días de partido, ni hablar, me vuelvo loco. Cuando trabajaba de noche, en una fábrica acá, estaba pendiente de la audición de Rincón con el auricular puesto. Pero la radio, las publicaciones de los medios, me hicieron sentir acompañado.