SAN LORENZO: LA HISTORIA DEL VASCO LÁNGARA

Por: Alejandro Merino

El 21 de mayo de 1939, debutó con el Ciclón un jugador de recuerdo imborrable en Boedo, anotando cuatro tantos en la primera mitad, para la victoria sobre River Plate, por 4 a 2. El idilio con la hinchada azulgrana se mantuvo hasta 1943. Pero la trayectoria deportiva de este gran ariete, que se proclamó máximo anotador del Campeonato de Primera División de 1940, cuenta con otros episodios que merecen ser resaltados.

Isidro vino al mundo en 1912 en la localidad guipuzcoana de Pasajes y tras destacar en el Tolosa, en 1930 el Athletic de Madrid (antiguo nombre del “colchonero”) estuvo a punto de hacerse con sus servicios. Sin embargo, al representante del club le habían avisado de que debía firmar al delantero centro, cuando para ese choque, el artillero fue desplazado hacia un extremo. Finalmente no fue incorporado al equipo madrileño, permaneciendo pocas semanas más en tierras vascas, antes de emprender viaje hacia Asturias, para jugar en el Real Oviedo, de aquellas, en Segunda División.

Con la formación ovetense logró el ascenso y coronarse tres veces como máximo goleador del torneo español, lo que le sirvió para tener el mejor promedio anotador en la primera categoría y para estrenarse con el combinado nacional, con el que anotó 17 tantos en 12 apariciones y participó en el Mundial de Italia 1934. En 1936 se produjo el alzamiento franquista y el inicio de la Guerra Civil. Aunque el bando republicano le quiso reclutar para el combate, el afamado atacante optó por formar parte del Euzkadi -un seleccionado de jugadores vascos-. Tras una gira europea, el plantel se radicó en México, país en el que el Vasco volvió a coronarse como principal artillero, por partida doble. Tras el fin de la contienda, con la victoria de las tropas sublevadas, la selección vasca se disolvió y, tras un largo viaje en barco, Isidro arribó al puerto de Buenos Aires para su sonada primera aparición en El Gasómetro.

Tras golear en la Argentina, desanduvo el camino, regresando a territorio mexicano a formar parte del Real Club España y competir, de nuevo, con el elenco asturiano (hasta 1948). Así fue como concluyó, la prolífica carrera de un jugador limitado para el juego asociativo, pero con una inaudita letalidad rematadora. Una trayectoria plagada de plusmarcas, como la todavía vigente, de ser el único en lograr el título de mayor anotador en tres confederaciones.