RACING: LISANDRO LÓPEZ Y EL INEXORABLE PASO DEL TIEMPO

Por: Marcelo Patroncini

El «Licha» anunció que no jugará más en la Academia y, sin lugar a dudas, sus palabras calaron hondo en los corazones del Racing Club de Avellaneda. Sin embargo, más allá de sus 75 goles, sus dos títulos, y ese amor incondicional con la gente y la institución, la salida de Lisandro López también fue un cachetazo a la realidad de cada uno de nosotros.

Cuando empieza a apagarse la carrera de un deportista al que la gente vio debutar, irse, triunfar, y regresar victorioso, el dolor no es sólo del jugador sino del universo entero. El inexorable paso del tiempo pega una trompada directa al mentón. Aquél flaquito de Rafael Obligado aparecía hace 18 años y casi dos décadas después dice adiós. Éramos tan jóvenes.

Lisandro fue la «Esperanza Racinguista», como ese medio partidario que nació justo cuando los corazones celestes y blancos se desesperanzaban torneo a torneo y los rivales se burlaban en la cara por la sequía de vueltas olímpicas en el ámbito local. «Licha» llegó después del inolvidable y majestuoso 2001 para transformarse en el símbolo y el emblema que llevaría a la Academia a la gloria.

Era un nene pero no le pesaba la responsabilidad. Las expectativas estaban puestas en él. Brilló y Europa le abrió los brazos. En Portugal y Francia se convirtió en ídolo. Un 17 de agosto de 2005, vistiendo otra pilcha Albiceleste, la de la Selección Argentina, dejó el campo de juego para que ingrese un tal Lionel Messi, tan sólo cuatro años más jóven que él. Indudablemente, también habría que prepararse para cuando «La Pulga» anuncie su retiro que, claramente, está más cerca de lo que hubiésemos querido.

La gente, en la despedida de López nombra a Milito. Y Lisandro no fue Diego. Fue la continuidad del sueño académico. La diferencia, sin dudas, fue que «Licha» tuvo que irse con una última función a puertas cerradas, sin el calor de su gente. Tal vez un poco adecuado a su perfil, amante de la pesca y la lectura, alejado siempre de los flashes de los líos y la farándula.

Volvió y fue bicampeón. Cumplió su sueño y el de todos. Ya cerca de cumplir 38 años, eligió mudarse a Estados Unidos para tener una vida más tranquila. Sabe que le dio todo a Racing pero desconoce cuánto le extirpó al hincha su noticia de no continuar en el club. Claramente no fue a propósitio, ni tampoco es su culpa. Las piernas tienen fecha de vencimiento y, una vez más, contra el paso del tiempo nada se puede hacer.

Los que padecieron los 35 años sin títulos se cobijaron en héroes como Rubén Paz, que ayer despidió al «Licha» por redes sociales. El uruguayo tampoco tuvo su despedida y, pucha, ya tiene más de seis décadas sobre sus hombros. Ojalá que el pibe de Rafael Obligado, pronto, tenga su encuentro homenaje en un Cilindro colmado que le dará las gracias eternas. Porque se lo merece y porque significaría que se terminó esta pandemia. Ante lo otro, no queda más que tragar saliva. Las hojas del calendario vuelan rapidísimo como aquél tándem con Gastón Fernández y Mariano González. Y aquellas ilusiones de jóvenes pasarán al recuerdo. El cachetazo a la realidad es doble. Gracias por todo, Lisandro López.