NBA: SHAQUILLE O’NEAL, LA FUERZA EN POS DEL DIVERTIMENTO

Gentileza NBA | @NBA

Por: Ignacio Miranda | @nachomiranda14

Hay veces que la vida te da ventajas, y saber qué hacer con ellas forja la vida de cada persona. Este es el caso de Shaquille O’Neal, donde su descomunal fuerza y su turbulento entorno fueron la receta perfecta para una mala vida, pero él decidió que fuera todo lo contrario.

Un gigante con mentalidad de niño y un pequeño con una condición. David contra Goliat en una lucha desigual. En ese caso, no ganó el que menos probabilidades tenía. Apenas esbozó a esquivar los golpes de cemento y comenzó a convulsionar. Tiembla como si estuviera muerto de frío, ahogándose en el piso y sacando su lengua cual perro sediento.

“Sos demasiado grande y muy fuerte. No podrás volver a hacer eso nunca más”.

Eso fue todo lo que le dijo Lucille O’Neal a su hijo Shaquille, quien desde ese momento entendió que podría usar su fuerza de otra forma. A partir de ese accidente, que por suerte no terminó en masacre, el inmenso imberbe abrazó a la diversión y se convirtió en el bufón de su clase. Después de todo, sólo tenía dos opciones y una ya estaba prohibida: o ser el matón que la gente esperaba que fuera o aplicar su divergente figura en pos de hacer reír a quienes aguardaban lo contrario.

El asunto no fue fácil. Nació en el seno de la violencia, con su padre siendo protagonista y él testigo. Un 6 de marzo de 1972 en Newark, Nueva Jersey, Shaq cambió los planes de sus progenitores y revolucionó la vida de ambos como luego lo haría en cada cancha que pisaría. Hijo de Joe Toney, heredó el deporte de él, un prometedor basquetbolista que hasta había recibido una beca para jugar a nivel universitario en Seton Hall University.

La adicción a las drogas de Joe fue cómplice de su fracaso y, cuando O´Neal era un bebé, tuvo que ver cómo su papá se iba a la cárcel por posesión de drogas. Desde ese momento, la relación se quebró y, por mucho tiempo, no ocupó un lugar en la vida de Shaq. Cuando Toney salió de prisión, incluso acordó ceder sus derechos de paternidad a Phillip Harrison, el padrastro que había ocupado su lugar.

Precisamente, su padrastro fue quien le dio a Shaq la disciplina que necesitaba. Harrison era un sargento de la armada estadounidense y la ética de trabajo era todo lo que conocía, lo que le permitió ser el palo del árbol del pequeño O´Neal, erigiéndose firme con el correr de los años, a pesar de algún que otro contratiempo.

El básquet como refugio

Junto con eso, el Boys and Girls Club of America fue el lugar que le dio la oportunidad a O´Neal de mantenerse enfocado en el básquet y no correr el mismo destino que su papá. El pivote tenía algo que hacer en ese lugar. Ni siquiera jugaba en un equipo, simplemente se iba a la cancha y se divertía.   

También, con el tiempo, se acostumbraría a ser un trotamundos por causa de su padrastro y la familia tuvo que dejar Newark para vivir primero en Alemania y luego en Texas. Shaq jamás dejó de jugar al básquet y, en el lugar que se encontrase, siempre había un espacio (y un aro) para hacer lo que más le gustaba.

Fue justamente en territorio texano donde empezó a dar sus primeras muestras de grandeza. Establecido en Robert G. Cole High School, una escuela de San Antonio, O´Neal llevó a su equipo a un demencial récord de 68 victorias y apenas una derrota en los dos años que se mantuvo allí. Además, en el último de esos periplos, logró el campeonato estatal en 1989, temporada en la que sus 791 rebotes conseguidos siguen siendo un récord en el lugar.

Después de recibirse de la secundaria, O’Neal decidió estudiar negocios en LSU University. ¿La razón? Había conocido a Dale Brown, el entrenador del programa de básquet masculino de la institución, unos años antes en Europa, cuando el padrastro de Shaq estaba trabajando en una base del ejército de Estados Unidos en Wildflecken, Alemania.

Mientras jugaba para Brown en LSU, O’Neal hizo parecer al básquet un deporte de consola y todo lo que hacía era dominante. Fue dos veces All-American, dos veces Jugador del Año de la SEC, y recibió el Trofeo Adolph Rupp como jugador masculino del año de la NCAA en 1991. Eso no es todo, también fue nombrado jugador universitario del año por la Associated Press y el UPI, un premio muy prestigioso.

Hacia un nuevo desafío

Era hora de dar el siguiente nivel y, en 1992, se presentó al Draft de la NBA. No había dudas. Shaq era el prospecto más dominante de su época y pocos se animaban a presagiar que no explotaría en una liga hecha para su juego. El Magic fue el equipo que tenía la primera selección de ese año y tampoco titubeó en elegir al gigante que les traería luego nuevas alegrías.

Tal fue su calidad que, en su primera semana en la NBA deleitó a todos, humillando rivales y rompiendo cristales. Durante su temporada de novato, O’Neal promedió 23,4 puntos, 13,9 rebotes y 3,5 tapas que dejaron en claro que el titán estaba en su hábitat natural. Pero también empezaba a conocer por primera vez las derrotas y Orlando terminó la campaña con un balance de 41-41 que no le permitió clasificarse a los PlayOffs.

En las próximas tres temporadas, esto cambiaría paulatinamente y la llegada de Shaq se complementó con la de Penny Hardaway, el talentoso guardia que arribó a la franquicia de Florida un año después, cuando el Magic lo recibió luego de un traspaso con los Warriors, el equipo que lo seleccionó (1993).

Sin embargo, esa esperanza fue transformándose en incertidumbre y la dupla de O´Neal-Hardaway se desgastó como la suela de una zapatilla con el correr de los veranos. En 1996, el pivote fue incluido en el seleccionado de Estados Unidos que competiría por el oro en los Olímpicos de ese año y, mientras el equipo se entrenaba en Florida, el diario Orlando Sentinel publicó una encuesta en la que se preguntaba si el Magic tenía que despedir a su entrenador para que Shaq se quede en la franquicia.

El inicio de la dinastía

Los cantos de sirenas de las otras escuadras seducían a Shaq y todos lo sabían. Era el agente libre más codiciado de la temporada baja y, por primera vez desde su paso por LSU, estaba completamente solo en lo que a la defensa de un equipo se tratase.

“¿Shaq vale 115 millones?”, decía la publicación del Orlando Sentinel. El 91.3% de los encuestados dijeron que no y eso fue todo. El pivote estaba listo para marcharse. Así fue que, durante el primer entrenamiento del equipo de Estados Unidos en los Juegos, los medios especializados comunicaron que el nuevo destino del interno eran los Lakers. ¿El monto? Casi nada: 121 millones de dólares por siete temporadas. “Estoy cansado de escuchar hablar de dinero, dinero, dinero, dinero, dinero. Sólo quiero jugar, tomar Pepsi y usar unas Reebok”, fue la frase de O´Neal que simplificó el fin de una ruidosa época.

En los Lakers, por fin encontró ese cálido lugar en el que podía ser el líder y dedicarse simplemente a jugar y divertirse. Sus primeros años fueron de adaptación, pero a partir de la llegada de Kobe Bryant a la liga en 1996, los californianos empezaron a construir su dinastía. Finalmente, en el 2000 llegaría el primer festejo, cuando Los Ángeles se coronaron campeones tras vencer a los Pacers. Después, la dupla consiguió dos anillos más (2001 y 2002) y por tres temporadas reinaron en la NBA.   

No obstante, la relación de O´Neal y Bryant se desgastó hasta que el último hilo que los unía se rompió, forzando a Shaq a que se vaya a Miami. Allí ganaría un campeonato más y luego giraría por vastos equipos del certamen, desde los Suns hasta los Cavaliers y los Celtics, en donde anunció que sus volcadas por fin cesarían.

El 1 de junio de 2011, O’Neal anunció su retiro a través de las redes sociales. Fiel a su estilo mediático, el pivote publicó un video corto en Twitter: “Lo hicimos. 19 años, cariño”.

Serás lo que debas ser

Cuatro anillos, muchas risas y un sinfín de hitos que en una biografía no entrarían. Shaq no fue uno más y, luego de aquel episodio en el que su compañero convulsionó, se prometió que nunca sería de nuevo un matón. Usó su diversión como plataforma y su talento lo llevó a la gloria.

Su irrupción nunca se detuvo y, a pesar de algunos errores, continúa siendo aquel pibe que deseaba ganarlo todo, mofándose de la vida y de cual cosa se le venga encima. Si algún día lo ven, recuerden, él todavía es el chico que sólo quería divertirse.

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