DEFENSA Y JUSTICIA 0- INDEPENDIENTE 0: UN «PERRO» CON POCAS PULGAS

Gentileza: Twitter Club Atlético Independiente.
Gentileza: Twitter Club Atlético Independiente.

Por: Martin Mouro

Por la tercer fecha de la Copa de la Liga Profesional, el «Halcón» de Varela y el «Rojo» de Avellaneda aburrieron a todos en el Norberto «Tito» Tomaghello con un rotundo empate a cero. La gran figura de la tarde-noche fue el volante central de Independiente: Lucas «Perro» Romero. Hasta aquí, la zona 2 es una de las más parejas del campeonato, pero también es aquella que muestra menor vuelo futbolístico.

Ambos elencos parecieran tener la cabeza puesta en un objetivo común: la Copa Sudamericana. Tanto los de Hernán Crespo como los dirigidos por Lucas Pusineri conservan sus chances en el torneo continental, ubicándose en los octavos de final. Pero en vísperas de la reanudación de la misma, comparten grupo en el campeonato local.

Independiente llegaba de vencer en Santiago del Estero a Central Córdoba, y empatar agónicamente como local ante Colón de Santa Fé. Las primeras dos fechas tuvieron una figura clara: Sebastián Sosa. El arquero uruguayo se asentó rápido en el plantel y se convirtió en un referente fundamental del mismo a través de una jerarquía notable y actuaciones soberbias. Pero el hombre del «León» tatuado en la cabeza no iba a poder ser de la partida en la jornada del domingo por una distensión en el sóleo derecho (adquirida en un entrenamiento semanal. ¿El reemplazante?, Milton Álvarez (ex Deportivo Morón). Además, por malos rendimientos, Hérnandez y Roa mirarían el encuentro desde el banco de suplentes (ingresando al once titular Alan Soñora y Lucas «Saltita» González).

Defensa y Justicia perdió en la primera fecha ante Cólon en Varela, y empató ante Central Córdoba en el norte del país: el arranque no es el mejor para los de Crespo desde lo numérico. ¿Los aspectos positivos? Brian Romero (a préstamo desde Independiente, al igual que Francisco Pizzini) no para de hacer goles desde su arribo al «Halcón», y los juveniles comienzan a asentarse cada vez más en el juego que propone Crespo: la defensa y el mediocampo poco a poco salen de memoria.

Comienzo del encuentro y sorpresa: los visitantes dominaron los primeros 25 minutos de manera rotunda. Presión alta, buen trato del balón y un nivel de agresividad en ataque que pocas veces mostró el Independiente de la era Pusineri. Con Lucas Romero como eje de recuperación y salida, a la par de los pibes la cantera (Soñora y González) como principales intérpretes del manejo de la ofensiva, el «Rojo» ilusionaba. Pero las llegadas a la valla defendida por Ezequiel Unsaín comenzaban a ser cada vez más esporádicas (y menos incisivas), a la par que el elenco local comenzaba a manejar el trámite de juego a su placer. El arranque ilusionaba en torno a la idea de una disputa pareja y con buenos desempeños ofensivos.

Pero todo cambió a partir de la primer media hora de juego, el «Defe» tomó la iniciativa y no la soltó hasta terminar el encuentro. Independiente se tornó impreciso, predecible e inofensivo. Mientras que los locales, sin tener un juego de alto vuelo, fueron los más punzantes a la hora de exigir a la defensa rival (aunque sin éxito). Francisco Pizzini y Brian Romero no pudieron vulnerar a un Milton Álvarez seguro bajo los tres palos, mientras que Nelson Acevedo y un determinante Marcelo Benítez tampoco pudieron dominar de forma clara el sector medio: tuvieron que enfrentarse a la gran figura de la tarde-noche, Lucas Romero. El volante central del «Rojo» estuvo implacable: no solo redondeó un alto nivel de pases efectivos, sino que también fue el que más quites realizó. La presencia del «Perro» fue un factor crucial para que Independiente siguiera en juego y no perdiera un encuentro en el que Defensa y Justicia tenía intenciones de maniatarlo. Sacrifico y creatividad al servicio del equipo.

El partido pasó a ser anecdótico: con apenas dos tiros efectivos al arco por lado y un mediocampo plagado de luchas colectivas por recuperar el balón (pero pocas ideas una vez que alguien se hacía con él), el cotejo no encontró justificación para cambiar el cero en el marcador. Pusineri y Crespo se morían por calzarse los cortos y saltar al verde césped: el resultado sin dudas no sería el mismo.