RUGBY: ALMA, CORAZÓN Y GARRA PARA UN TRIUNFO INOLVIDABLE ANTE ALL BLACKS

Crédito: Stuart Walmsley

Argentina amanecerá con la noticia de que Los Pumas han vencido a los All Blacks. En su primer partido en el Tres Naciones de Rugby 2020 y con todos los puntos anotados por Nicólas Sánchez producto de 6 penales, un try y un gol, el combinado albiceleste derrotó por 25 a 15 a Nueva Zelanda.

Los Pumas escribieron en el Bankwest Stadium de Sydney esa página tan deseada como merecida que reclamaba a gritos la riquísima historia del rugby argentino, esa hoja que más de una vez se escabulló dejando la tinta haciendo equilibrio en la boquilla de la pluma.

Treinta test matches hubo que esperar para sacarse la espina de ganarle a los poderosos All Blacks, previamente solo se había rescatado aquel inolvidable empate 21-21 en cancha de Ferro hace 35 años y un puñado de partidos que se escaparon en el epílogo dando lugar a esas tediosas “derrotas dignas”.

Los dirigidos por Mario Ledesma jugaron de forma inteligente, forzaron a su adversario a cometer equivocaciones y ser por momentos indisciplinados, impusieron su ritmo, fueron superiores a los tricampeones mundiales durante los ochenta minutos, e incluso cuando no han tenido la pelota, y en el 25-15 final quedaron reflejadas todas esas virtudes.

Con un penal desde mitad de cancha, Nicolás Sánchez abrió la cuenta aunque, por la misma vía, Richie Mo’unga empardó minutos más tarde. Promediando la etapa inicial llegó el único try argentino de la contienda también por intermedio de su apertura que apoyó debajo de la hache tras capturar un “sombrerito” que el mismo había tirado. La conversión dejó el tanteador 10 a 3 para los sudamericanos. Con otros dos penales acertados por el tucumano, Los Pumas se fueron al descanso ganando por 16 a 3.

Otra patada a los palos en el arranque de la segunda mitad la brecha se alargó a 16 puntos, sin embargo, antes del cuarto de hora, Nahuel Tetaz Chaparro cometió infracción entrando cruzado al maul y desde allí nació el trý de Sam Cane que dejaba el resultado 19-10 con muchos minutos aún por delante. La tenacidad con la que jugaron los argentinos cintinuó provocando errores y, hasta por momento desconcierto en su rival. Nuevamente, Nicolás Sánchez con el pie estiro ventaja en dos oportunidades hasta poner el marcador en 25-10 y, el try apoyado por Caleb Clarke con el tiempo cumplido, fue meramente decorativo. La gesta albiceleste en Sydney ya estaba sentenciada.

Pasaban los minutos y los argentinos no bajaban la intensidad, no obstante, después de trece meses sin competir a este nivel, la duda radicaba en saber hasta cuando podían mantener esa postura pero para develar la respuesta hubo que esperar a la bocina final. Fue loable la actuación de todo el equipo con trabajos destacados como el de Julián Montoya recuperando pelotas claves, la saña para taclear de Francisco Gómez Kodela, Guido Petti dando pelea en la hilera, el liderazgo del capitán Pablo Matera que además pescó una pelota fundamental cerca del cierre y Marcos Kremer impasable en el mano a mano.

La tarea de los backs no ha sido menor, Tomás Cubelli condujo con criterio, Nicolás Sánchez aportó los 25 puntos del equipo, Juan Imhoff jugó un partidazo en su regreso a la selección y a centímetros estuvo de apoyar en el in-goal, una actuación estelar del debutante Santiago Chocobares por el centro en tándem con Matías Orlando para soportar con muchísima garra y actitud los embates neozelandeses y los arranques electrizantes de Bautista Delguy. El equipo del Bocha Ledesma hizo un trabajo casi sin fisuras, con una defensa tenaz y muy bien amalgamada que resultó indispensable para lograr este triunfo épico.

Fue un debut histórico de Los Pumas en el Tres Naciones, un partido ante el seleccionado de rugby más poderoso del mundo que será recordado por siempre con una actuación memorable, pero los tiempos para festejar y disfrutar de semejante hazaña son leoninos y el encuentro ante Australia en una semana ya aparece en el horizonte muy cercano obligando a dar vuelta la carilla y seguir enfocados para ratificar que, lo vivido este sábado 14 de noviembre en Sydney, no ha sido producto de un día de inspiración.

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