FÓRMULA 1: CUANDO AYRTON SENNA SE PUSO LA CAPA DE HÉROE

Gentileza: Aristegui Noticias

Cuando se nombra la leyenda que supo construir Ayrton Senna da Silva, lo más probable es que inmediatamente venga a la mente obras maestras como sus inolvidables carreras en Mónaco ’84, Portugal ’85, Brasil ’91 (con desmayo de emoción incluído tras vencer con la caja de cambios clavada en sexta marcha una gran parte del GP) y Donnington ’93, siendo quizá la mejor demostración de un corredor bajo la lluvia que haya hecho nadie. 

Por otro lado relucen sus tres campeonatos (1988,1990 y 1991), como también sus acciones de rebeldía fuera de las pistas tales como discusiones en la junta de pilotos, batallas internas con Prost y la famosa frase de Mika Hakkinen hacia el brasileño: ‘necesitas más testículos para alcanzarme’ hacia el final de su estadía en Mclaren.

Pero dejando un poco todo esto de lado, remontémonos hacia 1992, dos años antes de la partida de Senna hacia su trágico final. En agosto de esa temporada se corría el tradicional GP de Bélgica, clásico entre los clásicos de la máxima que ya prácticamente contaba con un claro campeón en ciernes -Nigel Mansell y su imbatible Williams-. Senna se mantenía cuarto en las posiciones tras el mencionado Mansell, Ricardo Patrese y un novato Michael Schumacher.

Era el viernes de prácticas libres y Erik Comas, piloto de Ligier, estaba en su vuelta rápida. Al llegar a Blanchimont, una de las curvas más veloces del calendario superando los monoplazas los 300 km/h antes de llegar a la famosa parada de micro previo recta principal, el Ligier nunca hizo el giro saliendo disparado hacia las barreras de contención y chocando a plena velocidad, devolviéndolo hacia el medio de la pista.

Hacia ese punto llegaba para comenzar su vuelta Senna, quien decidió dejar su coche a un costado y socorrer al piloto francés. Cortando el motor Renault que seguia rugiendo al punto de explotar porque Comas inconsciente mantenía el pie en el acelerador, y haciendo maniobras primarias de reanimación, logró que el corredor se mantuviera con vida hasta que llegara la ambulancia.

Irónicamente, cuando fue el accidente de Senna en Ímola, Comas paso por el lugar en esa traumática escena viendo que no podía devolverle el favor, quedando en deuda con el salvador de su vida para siempre y dejando ver que Ayrton do Brasil no solo fue un gran piloto, sino también un gran ser humano.


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