HURACÁN: EL DÍA QUE SE DESPLOMÓ PARTE DE LA TRIBUNA MIRAVÉ

📸 Diario El Líder

Año 1955, un país convulsionado, institucionalmente en llamas y, semanas previas, había sucedido el bombardeo a la Plaza de Mayo. El domingo 7 de agosto, en el estadio Tomás Adolfo Ducó se programaron dos encuentros por la 12ª fecha del Torneo de Primera División, River Plate sería local ante San Lorenzo por la mañana, en tanto, en horario vespertino, Huracán debía recibir a Platense.

Como en tantas otras ocasiones, casi aislándose del contexto, la pelota seguía girando y los torneos de fútbol desarrollándose con total normalidad. River Plate había sufrido la clausura del Monumental unas fechas previas, y tras jugar frente a Estudiantes de La Plata en Liniers, trasladaba su localía a Parque de los Patricios, al Palacio Tomás Adolfo Ducó, que habiéndose inaugurado a fines de la década del cuarenta, era uno de los estadios más modernos del país por ese entonces.

La copiosa e incesante lluvia que azotaba a la ciudad desde la madrugada mantuvo en vilo la concreción del encuentro entre Millonarios y Santos hasta pocos minutos antes que, el silbato del inglés William Elliot de la orden para que el esférico se ponga en movimiento. Aunque el conjunto dirigido por José María Minella marchaba puntero, el clima desapacible, el inusual horario de las diez de la mañana y la circunstancia de no jugar en Núñez, sumado a la apática campaña del cuadro de Boedo por el otro bando, en gran número desalentó la asistencia, por lo que solo había alrededor de 25 mil espectadores en una cancha que, por esa época, permitía triplicar esa cifra.

Por primera vez en el certamen, la delantera de River estaba compuesta por Santiago Vernazza, Eliseo Prado, Walter Gòmez, Ángel Labruna y Félix Loustau, pero no contaría ese día con la presencia de Néstor “Pipo” Rossi en la mitad del campo. Apenas transcurrían tres minutos de juego cuando Amadeo Carrizo, atenazando la pelota contra el césped, evitó la caída de su arco ante un remate de José Sanfilippo. Instantes después de dicha acción, un estruendo dejó atónitos a muchos presentes, mientras la desesperación y desconcierto se apoderó de otros tantos. Imprevista e intempestivamente, parte de la tribuna sobre la calle Miravé se desplomó, fue una sección compacta de diez gradas por unos 15 metros de longitud justo debajo de la emblemática torre y las cabinas de prensa, detrás de una extensa bandera que la dirigencia del Globo había desplegado sobre el alambrado para brindarle una cálida bienvenida a sus ocasionales visitantes.

📸 Archivo Revista El Gráfico

La forma en que se produjo el desprendimiento del bloque monolítico de hormigón y, por tratarse de una zona baja de la tribuna que por entonces era parte de la popular local, evitó que el hecho se transforme en una verdadera tragedia, no obstante, casi 80 personas sufrieron heridas, muchas de ellas de considerable gravedad. El encuentro se detuvo de inmediato, varios cuerpos de bomberos llegaron enseguida al lugar y también Bernardo Gago, el intendente de la Ciudad de Buenos Aires, se hizo presente momentos después del acontecimiento. Esa misma mañana, la cancha fue clausurada por el inspector municipal y estuvo inhabilitada por varios meses. A raíz de este episodio, debió postergarse el duelo entre Quemeros y Calamares previsto para esa tarde que, finalmente se disputó el martes posterior en Caballito.

River Plate y San Lorenzo de Almagro reanudaron el juego tres días después en el estadio de Racing Club y, aunque el Ciclón comenzó arriba con una diana de Benavídez, los Millonarios golearon por 4 a 2 con goles de Vernazza (2), Gómez y Labruna, en tanto, Sanfilippo cerca del epílogo selló el resultado definitivo. A pesar de un par de derrotas en los partidos siguientes, los de la Banda Roja terminaron conquistando el título en ese torneo y, como frutilla del postre, dieron la vuelta olímpica en la penúltima jornada ganando el clásico a Boca Junior como visitante en La Bombonera.

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