LANÚS: «MI AMOR POR LA GENTE DE LANÚS SERÁ ETERNO»

Foto: @fortalezagrana

Llegó allá por 1984 en épocas donde el Granate buscaba recuperar el brillo perdido. Aún siendo un botija y con el sueño en su mochila, Gilmar Gilberto Villagrán Seger aceptó el desafío de probar suerte en el fútbol argentino. Como uruguayo de ley, rechazó una oferta de Peñarol porque ya había dado su palabra en el sur del Gran Buenos Aires. En una charla con Vermouth Deportivo aseguró que le costó adaptarse. Eso sí, a base de goles, trabajo, y entrega, el atacante charrúa se ganó un lugar inmenso en el corazón del Club Atlético Lanús. Y hoy, un 28 de julio de 2020, a exactos 30 años de aquél ascenso inolvidable a Primera División, ese ídolo que gastó sus ´championes´ por las canchas de todo el país recordó aquella proeza, elogió a Miguel Ángel Russo y hasta habló del presente de la institución.

Vermouth Deportivo: Ya eras adorado por la gente de Lanús antes de lograr aquél ascenso… ¿esos 21 goles en la temporada 1989/90 creés que terminaron de afianzarte en el corazón Granate?
Gilmar Gilberto Villagrán: Yo no diría adorado sino querido y respetado que es lo que cualquier jugador anhela al llegar a una institución. Mis principios en Lanús no fueron fáciles porque yo venía de un fútbol amateur, de entrenar dos veces por semana, de jugar con cincuenta personas, y pasé de repente a estar con estadios llenos y recibir insultos que acá en el Uruguay, en Colonia, eso era como algo prohibido. Al principio me costó adaptarme, mi primer partido fue contra El Porvenir, perdimos 1 a 0 y erré un gol solo abajo del arco. Hasta que por fin tuve la suerte de empezar de titular, convertir un gol en ese partido, y de a poco me fui ganando el cariño de la gente. Siempre fui querido y respetado. Costó pero, puedo decir gracias a Dios que mi amor por la gente de Lanús será eterno porque fue el club que me dio la oportunidad de mostrarme como profesional, de ser alguien. Mis hijos son argentinos y eso son cosas que uno valora. Mis respetos para toda la gente de Lanús serán eternos.
VD: ¿Qué recuerdos tenés de aquella temporada y de aquél ascenso inolvidable en cancha de Quilmes?
GGV: En el 89 perdimos un campeonato increíble con Roberto Rogel donde llevábamos una diferencia muy grande de puntos. Lamentablemente el equipo jugó un gran campeonato pero vino de más a menos, tuvimos lesiones, y nos encontró en la última fecha perdiendo con Chaco For Ever 1 a 0 allá. Después de perder el campeonato, quedamos afuera del octogonal pero después, con la llegada de Miguel (Russo) el equipo tuvo otra mentalidad. Me acuerdo que, en la primera práctica, éramos ocho jugadores nada más. Era impensado que íbamos a tener otra chances para subir a Primera A porque además entramos al octogonal prácticamente en el último partido porque le ganamos a Almirante Brown 5 a 0 en cancha de Lanús. Esa tarde tuve la suerte de convertir tres goles, ahí entramos al octogonal, y desde ahí Lanús se hizo muy duro de local, fuimos un equipo compacto, con mucho trabajo. Gracias a Dios, la culminación fue en cancha de Quilmes donde tuvimos la suerte de ascender a Primera A.
VD: Fue una final atrapante, ¿Cómo fue ese partido con Quilmes sobre todo por la rivalidad que hay en zona sur?
GGV: Fue durísima, ganamos 2 a 1 de local con dos goles de Mainardi (Claudio) en un partido duro. Quilmes ya había perdido un par de campeonatos, yo creo que eso le jugó un poco en contra, y creo que acá, el partido de local fue duro pero se ganó. Más duro fue allá de visitante donde perdimos 1 a 0, tuvimos que ir al alargue, y gracias a Dios, en los penales quiso la suerte caer para nuestro lado. Si uno analiza los penales que pateó Lanús ese día, creo que sería imposible perder contra ningún equipo del mundo, no podíamos haber perdido con esas ejecuciones.
VD: Con ese penal que pateaste devolviste a Lanús a Primera División después de muchos años, de historias terribles, ¿creés que ahí empezó la reconstrucción del Lanús que conocemos hoy?
GGV: El penal mío, y el ascenso, fue el fruto del trabajo y el esfuerzo de un año durísimo. Yo creo que hubo un antes y un después de Miguel Russo, yo creo que la llegada de Miguel no sólo sirvió en la parte dirigencial, técnica, sino en todo sentido. Le cambió el chip a muchos dirigentes que por ahí no estaban muy de acuerdo con sus cosas pero hicieron lo correcto. Creo que el fruto de eso es hoy el presente de Lanús. Miguel venía de Estudiantes de La Plata, de la escuela de Bilardo, era meticuloso, no dejaba nada librado al azar, hacía todo como se debe. Él no omitía ningún detalle, estaba en las pequeñas cositas que hacen un todo y ese fue el fruto del trabajo de Miguel Ángel Russo. A partir de ahí Lanús se refundó en lo económico, en lo dirigencial, en la infraestructura, y hoy es una potencia y la envidia de muchos equipos de Primera División.
VD: La gente hoy habla del ´Pepe´ Sand, del ´Laucha´ Acosta, pero no se olvida de Gilmar Gilberto Villagrán… ¿qué te genera que el pueblo Granate te siga teniendo presente treinta años después?
GGV: Es lógico, el «Pepe» es el máximo goleador histórico de Lanús, el «Laucha» es ídolo indiscutido, y que se acuerden de mí después de casi 36 años que fue cuando llegué al club, es lo mejor que le puede pasar a un jugador. Que te recuerden después de tanto tiempo, así sin dudas se sentirían Daponte, Guidi, los ídolos, Arrieta que era el goleador histórico hasta que lo pasó el «Pepe». Son cosas lindas que te deja el fútbol y, como yo siempre digo, el mejor recuerdo más allá de lo monetario, de lo que sea, es que la gente te recuerde con el cariño con el que me recuerdan a mí. Y el cariño es mutuo porque yo le debo mucho a la gente de Lanús a pesar de tener que adaptarme a algún insulto o a algo que no estaba acostumbrado a recibir en el Uruguay. Siempre lo tomé con respeto aunque no me agradara, o me doliera, pero nunca tuve una queja para con la gente de Lanús, con la hinchada. Los problemas puntuales fueron con los dirigentes o, por ahí, con Miguel (Russo) el año que me tuve que ir a Los Andes pero eso ya está todo superado. Gracias a Dios hoy puedo entrar a la cancha de Lanús, abrazarme con los dirigentes, con los ex compañeros, y sentir el cariño de la gente de Lanús como cuando me entregaron una plaqueta el día que jugamos contra Banfield y todo el estadio me ovacionó. El agradecimiento eterno a toda la gente de Lanús me lo voy a llevar hasta la tumba.
VD: Más de 100 goles defendiendo la camiseta de Lanús, dos ascensos a Primera con el club, ¿sentís que fuiste un afortunado en la institución por quedar en la historia?
GGV: Por supuesto que fui un afortunado, hay jugadores que son tocados por la varita mágica. En 1984, cuando yo le di mi palabra al uruguayo Acosta Bonet que me iba a Lanús, me vino a comprar Peñarol de Montevideo. En ese momento comparar a Peñarol con Lanús era como comparar a River con Sacachispas por decir. Pero yo, por la palabra que le había dado al uruguayo, decidí irme a Lanús y no me arrepiento para nada. Y lo digo sabiendo que a los dos años, Peñarol salió campeón de América y, después, jugó la final del mundo. Son decisiones que uno toma, respeté la palabra, decidí ir a Lanús y quizás, si hubiese estado en Peñarol, no sé cuál hubiese sido mi futuro. Por eso no me arrepiento para nada, fueron más de cien goles en Lanús, casi 120, y gracias a Dios tuve la suerte de ser parte grande de esta historia y de este presente del club.
VD: ¿Qué mensaje te gustaría dejarle al hincha del Granate a treinta años de aquél inolvidable ascenso a Primera División?
GGV: Sólo agradecimiento. Gracias por estar siempre, por acompañarnos todo ese campeonato. Nadie se acuerda de todas las caras pero me acuerdo de todos los hinchas de Lanús, justo ahí pateamos los penales. Cuando yo convierto, salgo corriendo para el alambrado, hacia la derecha, no sé porqué. Justo ahí estaba Daniel Máscolo que era el tesorero del club. En la hinchada estaba mi señora, que falleció en 2011, y hubiera saltado el tejido para ir a abrazarme con toda la gente en agradecimiento por habernos acompañado siempre, no habernos dejado nunca solos, por alentarnos hasta en los peores momentos. Mi mensaje es solo de agradecimiento, quiero decirle a la gente de Lanús que los voy a llevar en el corazón de por vida, que gracias a Dios hoy tengo una hija de 8 años que es fanática de Lanús como su madre. Y que me di cuenta, el último día que la llevé contra Racing de local, que alguien con sus 8 años podía querer tanto a su equipo. Estábamos con un amigo al lado del palco de Russo, la cancha estaba llena, corrimos el vidrio del palco y mi hija se la pasó gritando los 90 minutos y revoleando la camisetita que había llevado, eso es lo más lindo que me ha pasado. Nunca pensé que alguien podia ser tan fanática de un equipo. Eso es lo que me dejó Lanús, sólo alegría. Felices 30 años del segudo ascenso.

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