ALEMANIA 2 – HOLANDA 1: «NO VI EL PRIMER ESCUPITAJO»

Foto: FIFA

Los dos partidos más prometedores de los octavos de final de Italia 90 se jugaron el mismo día y ambos tuvieron protagonistas argentinos. La Albiceleste derrotó a Brasil por 1 a 0 en primer turno mientras que, en horas de la noche, Alemania despachó a Holanda por 2 a 1 con el arbitraje de Juan Carlos Loustau que, años atrás, conversó con Vermouth Deportivo sobre semejante contienda.

«Dirigir ese partido fue un reconocimiento a tantos años de experiencia» disparó el ´Pichi´ a este medio valorando que ya había tenido la oportunidad de manejar las riendas de otro tipo de cotejos bravos. Eso sí, aquél cruce en el Giuseppe Meazza, fue el último del colegiado en una Copa del Mundo.

«Cuando entro al Meazza y vi a Ruggeri festejando en la pantalla gigante, ahí me enteré que Argentina le había ganado a Brasil» reconoció Loustau quien luego agregó lo que ya todos se imaginaban debido a que los de Carlos Bilardo seguían con vida: «yo ahí sabía que al otro día me iba a venir».

Pero su protagonismo no estuvo en Turín sino en Milán y con los mejores jugadores europeos de aquél entonces. «Entré al San Siro de Milan sin poder creer que atrás mío venían Gullit, Rijkaard, Koeman, Van Basten, y del otro lado iban Völler, Klinsmann, Brehme, en ese trayecto que se hace interminable como los que van a definir un partido desde el punto penal» comentó el árbitro que calificó a ese juego de la misma manera que los periodistas lo hacían: «Fue una final anticipada de la Copa del Mundo».

Claramente se trató de un partido aparte. Alemania le había ganado la final del mundo en 1974, Holanda había conquistado Europa en tierras germanas allá por 1988. Los dos compartieron grupo en las eliminatorias para Italia 90 y fue La Naranja Mecánica quien se quedó con el primer puesto poniendo en riesgo la participación teutona en la máxima cita del deporte más maravilloso de todos.

«Realmente fue un partidazo a pesar que tuve que expulsar a dos jugadores antes de los 20 minutos» recordó Loustau al ser consultado por Vermouth Deportivo y aportó un dato extra para destacar qué clase de juego estaba en curso: «Si yo hubiese tenido referencia que en el 88, cuando se enfrentaron entre ellos, Völler le había fisurado una costilla a Rijkaard, hubiese entrado con un poco más de precaución».

Lo cierto fue que hubo demasiado roce en todo el partido. Una muestra de ello fue que Marco Van Basten recibió la tarjeta amarilla por una patada a Löthar Matthäus. Se pegaban entre los mejores jugadores del planeta. Pero la acción más recordada de aquél Alemania 2 – Holanda 1 fue la que protagonizaron un ídolo de cada equipo.

Iban solamente 20 minutos cuando Rudi Völler encaró en la mitad del campo y Frank Rijkaard lo derribó violentamente. El colegiado argentino amonestó al volante nacido en Amsterdam quien se quedó merodeando la zona. En cuanto el alemán se incorporó y enfiló hacia el área para esperar el tiro libre, el holandés lo siguió y le dejó, a su rival, un escupitajo de novela en la ensortijada melena. El delantero teutón, enojado, gesticuló y el árbitro también le mostró la amarilla al atacante de la Roma.

Pero no todo terminó allí. Cuando la pelota volvió a estar en movimiento, Völler cargó contra Hans Van Breukelen en el aire. Arquero y puntero cayeron al piso hasta que apareció nuevamente la figura de Rijkaard que, aún furioso, fue a increpar a su rival. Loustau cortó por lo sano y echó a sendos protagonistas cuando al partido todavía le quedaban 70 minutos por jugarse. Camino a los vestuarios el neerlandés le propinó otro salivazo a Rudi que, con sangre bien fría lo miró, apuró el tranco y en un pique abandonó la cancha.

«No veo el escupitajo primero, pero después lo vuelve a salivar» advirtió Loustau que le puso la frutilla al postre a ese Alemania 2 – Holanda 1 recordando el gran nivel del delantero del Inter que tenían los germanos: «Klinsmann me agotó físicamente, no le podía seguir el ritmo, tenía una velocidad increíble». Aquél 24 de junio de 1990, hace exactamente 30 años, los argentinos fueron protagonistas indiscutidos de esa jornada de octavos de final de Italia 90.

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