ALEMANIA 2 – HOLANDA 1: ESCUPIME QUE «NO PASA NARANJA»

Foto: FIFA

Fue el gran duelo durante varias décadas. Aquella final del mundo en 1974, ganada por Die Mannschaft. La revancha que tuvo La Naranja Mecánica en la Eurocopa de 1988 disputada en tierras germanas. Y hasta podría decirse que esa rivalidad se traslado al derbi de Milan donde el trío de teutones brillaba en el Inter mientras que los astros defensores de los Países Bajos lo hacían en el Rossoneri. Hace exactamente 30 años, más de 70 mil personas vibraban en el Giuseppe Meazza viendo el triunfo del elenco de Franz Beckenbauer por 2 a 1 sobre los dirigidos por Leo Beenhakker.

Se trató, para muchos, de una final anticipada. Holanda campeona de Europa se medía en San Siro con Alemania que finalmente terminaría consagrándose en Italia 90. Dos estilos magistrales que dirimieron, en un rectángulo de juego, quién seguía con vida en la Copa del Mundo que cautivó a propios y extraños.

Fue un lindo encuentro, tal vez el mejor que haya tenido la escuadra derrotada en todo Italia 90. Sin brillar en su grupo con empates ante Inglaterra pero también frente a Irlanda y Egipto, esta vez los de Beenhakker tenían un objetivo clarísimo frente a sus ojos por los cuales dejar el alma en cada pelota.

Lo más entretenido del capítulo inicial fue la pica entre Frank Rijkaard y Rudi Völler que terminó el show de tarjeta colorada para ambos en manos del argentino, Juan Carlos Loustau. El «Pichi» no se percató que el neerlándes había salivado en el ensortijado pelo del germano pero, ante la escaramuza, mandó a los dos a los camarines cuando iban 22 minutos del primer tiempo.

Los goles recalaron en la segunda mitad. El 0 a 0 que acompañó a ambos hasta el entretiempo se rompió bien temprano en la complementaria cuando Guido Buchwald desbordó por el flaco izquierdo a toda velocidad, mandó el centro al primer palo, y como una gacela, apareció Jürgen Klinsmann para conectar de zurda para batir la resistencia de Hans Van Breukelen.

Holanda salió con todo a buscar el empate. Quedarse eliminada tan pronto de Italia 90 no estaba en los planes y Beenhakker plagó de delanteros el campo rival. Adentro Wim Kieft y Hans Gillhaus, ya más no podía hacer el entrenador que tenía interferencias con sus jugadores durante su estadía en la Copa del Mundo. Pero Alemania volvió a pegar cuando menos se lo esperaba.

A diez para el epílogo, Andreas Brheme, pieza importantísima de ese equipo que finalmente saldría campeón, se hamacó dentro del rectángulo mayor de La Naranja Mecánica y colocó el esférico donde Van Breukelen no llegaría jamás. Hubo tiempo nomás para algunos empujones y para el descuento de Los Tulipanes. Jürgen Köhler derribó en el área a Marco Van Basten, el «Pichi» Loustau sancionó penal, y Ronald Koeman cambió la pena máxima por gol en una ciudad que deliraba con semejantes monstruos dentro de la verde gramilla.

Alemania ganó 2 a 1 y se metió en cuartos de final de Italia 90 sacándose de encima al escollo más duro que había tenido hasta ese entonces. En el día más importante de aquella Copa del Mundo, no sólo quedaba eliminada Brasil en manos de Argentina, sino que también la temible Holanda le decía adiós a la cita máxima con uno de los mejores elencos, a nivel nombres, que pudo presentar en toda su historia.

ALEMANIA (2) – Illgner; Reuter, Brehme, Köhler, Augenthaler, Buchwald; Berthold, Littbarski; Matthäus; Klinsmann y Völler. DT: Franz Beckenbauer.
HOLANDA (1) – Van Breukelen; Van Aerle, Ronald Koeman, Van Tiggelen; Wouters, Van T´ Schip, Rijkaard, Winter; Gullit y Van Basten. DT: Leo Beenhakker.

ESTADIO: Giuseppe Meazza (Milán)
GOLES: 6´ST Klinsmann (A), 36´ST Brehme (A), y 44´ST Ronald Koeman (H)
ÁRBITRO: Juan Carlos Loustau

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