PORTUGAL: LA MALDICIÓN EUROPEA DEL BENFICA

Foto: @Marca

A principios de los años 60 surgió en el fútbol europeo una gran potencia que iba a terminar con el dominio del Real Madrid, el Sport Lisboa e Benfica, entrenado por el técnico nacido en Budapest, Béla Guttmann.

En 1961 se impusieron al Barcelona por 3-2 en Berna. También lo hicieron al año siguiente, en otra final memorable y, ya con Eusébio en el conjunto, por 5-3 a los merengues en el Olímpico de Ámsterdam.

Tras esta segunda conquista, `El Mago Húngaro´ solicitó al club un aumento salarial, que fue desestimado. Al llegar el contrato a su término, el magiar tuvo que hacer las maletas. Sin embargo, su salida no fue precisamente tranquila y, antes de marcharse a entrenar a Peñarol, manifestó algo que pareció una bravuconada dicha por despecho: «Sin mí, pasarán cien años sin que el Benfica conquiste un título europeo».

No hubo que esperar mucho para volver a ver a los jugadores «encarnados» en el partido decisivo de la Copa de Europa, ya que en 1963 cayeron ante el AC Milan y dos años después ante sus vecinos neroazzurri. La última final disputada en esa década, les vio morder el polvo ante el Manchester United en 1968.

Tras la muerte del mítico entrenador en 1981 y la salida del club unos años antes de `La Pantera de Mozambique´, la historia siguió su curso, con una nueva derrota ante el Anderlecht en la Copa de la UEFA de 1983. Sus dos últimas presencias en la final de la máxima competición europea terminaron de manera igualmente dolorosa, con una derrota por penales ante el sorprendente PSV Eindhoven en 1988 y un par de años después en Viena con la caída nuevamente ante los rossoneri, comandados por los neerlandeses Gullit, Rijkaard y Van Basten. En la previa de este encuentro, la plantilla lisboeta realizó una ofrenda floral ante la tumba de Guttmann en la capital austriaca, pero en lo esencial, nada cambió.

En el presente siglo, `las águilas´ tuvieron que aguardar hasta 2013 para competir en la final de la Liga Europa ante el Chelsea, donde volvieron a ser los perdedores. Al año siguiente se cumplían 110 años de la fundación del club más laureado del país luso y la dirigencia decidió inaugurar una estatua en honor al legendario entrenador en el estadio Da Luz, sujetando una réplica de los dos trofeos continentales, pero la reconciliación no fue total, ya que solo unos meses después, ante el Sevilla y, de nuevo en el segundo torneo europeo, la definición desde los once metros les volvió a ser esquiva en el partido definitorio.

Todavía quedan más de cuatro décadas para afirmar si la maldición fue completa, pero a los hinchas benfiquistas cada vez que su equipo vuelve a una final europea, el nombre que se les viene a la cabeza y seguro que por diversas razones, es el del hombre que les condujo a ganar sus dos Copas de Europa: Béla Guttmann.

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