ITALIA 90: LA NOCHE QUE, SIN MURO, VOLVIERON A DIVIDIRSE LAS DOS ALEMANIA

Foto: Internat Collage

La caída del Muro de Berlín, un 9 de noviembre de 1989, paralizó a todo el globo terráqueo. La reunificación germana ponía fin a casi 28 años y tres meses de separación en dos bloques políticamente antagónicos. Sin embargo, cuando la felicidad reinaba de un lado y del otro de la pared demolida, las dos Alemania volvían a dividirse en el sueño propio de clasificar a Italia 90.

Históricamente fue el costado Federal quien mejores resultados sacó en cuatro décadas de fragmentar sueños y potenciar seleccionados. Campeones del mundo en 1954 y 1974, subcampeones en 1966, 1982 y 1986, y ganadores del título europeo en 1972 y 1980, el bloque occidental era siempre protagonista con respecto sus pares socialistas que tan sólo participaron una sola vez de la cita máxima.

Para Alemania Oriental le quedaba el sabor dulce en el paladar de haber ganado el único encuentro oficial que tuvieron entre ambos países de un mismo país. Sin embargo, aquél 1 a 0 en el Mundial de 1974, sirvió nomás para enrostrarle a sus adversarios políticos cuán potentes eran en noventa minutos mientras que los derrotados, al final del juego, alzaron el trofeo de oro en un inolvidable encuentro ante Holanda. A la larga, los del oeste siempre se imponían.

Con el territorio nuevamente reunificado, los abrazos, los familiares que llevaban tiempo sin verse, los besos, y los amigos volvían a ser una realidad. Noviembre de 1989 vestía de fiesta las calles germanas que ya no eran de un lado y del otro. Eso sí, casi una semana después de la caída del Muro de Berlín, volvieron a dividirse. Cada uno en su casa, apoyando el sueño de su propia selección, pudiendo darse el gusto también de despedirse unidas pero separadas en la Copa del Mundo de Italia 90.

La pared tres metros y medio de alto y 155 kilómetros de perímetro fue derribada un jueves 9. No obstante, el miércoles 15, tanto Alemania Federal como Alemania Democrática debían jugarse la vida en la última fecha de la eliminatoria para sacar boletos rumbo a la máxima cita del deporte más hermoso de todos. El Checkpoint Charlie y sus otros más de 10 puestos de controles fronterizos se habrán preguntado por quién debían simpatizar esa misma noche.

El seleccionado occidental sabía que, derrotando a Gales, no dependía de ningún otro resultado para meterse en Italia 90. Sin embargo, un empate, podía complicar el panorama. Dinamarca había perdido con Rumania por lo cual el trámite para los de Franz Beckenbauer era ganar o, mínimamente igualar 5 a 5 para superar a la Dinamita Colorada que buscaba, desde el rezo, dejar a los teutones sin sus virtudes en la cita máxima.

Para el combinado oriental el asunto era algo más complejo pero no tanto. Un triunfo contra Austria en Viena le daba la mitad del pasaje a la Copa del Mundo, el resto era depender que sus amigos de la Unión Soviética no cedan unidades frente a Turquía que llegaba con igual cantidad de puntos pero con mejor diferencia de gol.

Hubo un momento de la noche del 15 de noviembre de 1989 que las dos Alemania se estaban quedando fuerta de Italia 90. De hecho, en el entretiempo de esa última fecha de eliminatorias, los dos elencos germanos se estaban despidiendo de la cita máxima del deporte más apasionante del mundo. Para un país tan futbolero, los resultados que se daban era como si el Muro de Berlín se les estuviese cayendo encima.

El seleccionado oriental estuvo frito dede el vamos. El sueño del magnífico Matthias Sammer se hacía trizas porque Austria ya ganaba 1 a 0 desde los 2 minutos del primer tiempo. Anton Polster, autor de un hat-trick en Viena, estiró la ventaja antes de la media hora y todo parecía estar definido en el grupo tres de las eliminatorias europeas.

Mientras tanto, en Colonia, a casi 500 kilómetros de Berlín, Alemania Occidental recibía a un débil Gales que ya le había arrebatado un punto en Cardiff algunos meses atrás con un apático 0 a 0. Sin embargo, la pesadilla parecía no tener fin para los de Beckenbauer contra los Dragones Rojos. A los 11 minutos del primer tiempo, Malcom Allen tuvo una corrida formidable para quedar mano a mano con Bodo Illgner y estampó el 1 a 0 en favor de los oriundos del archipiélago británico.

Los del oeste recién empataron a los 25 del capítulo inicial cuando Klaus Augenthaler bajó de cabeza un tiro de esquina, Rudi Völler se encontró la pelota en el corazón del área chica, y el hombre de la Roma no perdonó en tamaña situación manifiesta a Neville Southall. Sin embargo, debían conformarse con el 1 a 1 para marchar al descanso y, ese resultado, los dejaba afuera de Italia 90.

Después de tanto suspenso, las historias de las dos Alemania tomaron rumbos diferentes. En Viena, nuevamente Polster se encargaba de sellar el triunfo de Austria por 3 a 0 eliminando al bloque oriental de lo que pudo ser su última Copa del Mundo. En contrapartida, en Colonia, aparecieron dos hombres que conocían bien el club y fabricaron el 2 a 1 para que el costado occidental pudiese clasificar al Mundial.

Aquél desborde de Pierre Littbarski, su centro pasado, y la aparición de Tomas Hassler por detrás de todos significó el 2 a 1 para los del oeste que, finalmente, iban a terminar representando a todo un país y conquistarían el trofeo en la recordada final frente a Argentina. Claro que para llegar a Italia 90 tuvieron que sufrir más de la cuenta aunque corrieron mejor suerte que los que una semana atrás se ubicaban del otro lado de la pared. Esa noche de suspenso del 15 de noviembre de 1989, ya sin el famoso Muro de Berlín, las dos Alemanias volvieron a dividirse por 90 minutos en búsqueda de un sueño.

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