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ATLÉTICO RAFAELA: A DIEZ AÑOS DE LA MALA «PATA» DE AIRAUDO

Foto: @AgenciaTelam

El fútbol argentino tiene ejemplos de los buenos y es loable replicarlos. Gabriel Airaudo perdió la vista de su ojo derecho hace exactamente diez años, la noche de un 23 de mayo de 2010, cuando en el partido de vuelta por la «promoción» ante Gimnasia La Plata, impactó su rostro con la rodilla de Lucas Castro. El guardameta jamás volvió a jugar como profesional pero así también nunca bajó los brazos y hoy trabaja de agente inmobiliario.

Atlético Rafaela llegó bien temprano al Bosque, todavía no había caído la tarde de otoño, y su sueño de regresar a la elite estaba intacto. En Santa Fe habían ganado por 1 a 0 en el encuentro de ida y ahora sólo restaban noventa minutos para asegurarse un lugar entre los grandes del deporte argentino. Claro que enfrente estaba un Gimnasia La Plata que no aflojaría en un recinto desbordado de hinchas del Tripero.

Los muchachos de Carlos Trullet tenían sobre sus espaldas aquél gol de Alexis Blanco pero la felicidad duró poco en el cotejo de vuelta. El Lobo empató la serie a los 2 minutos del primer tiempo cuando Marco Pérez abrió la cuenta en 60 y 118. La paridad en el global le daba ventaja deportiva a quienes estaban en Primera División por lo cual, el Basurero, ya respiraba algo más aliviado.

El cielo volvió a ponerse oscuro para Gimnasia La Plata porque cuando iban 20 del capítulo inicial, Oscar Carniello puso de cabeza el 1 a 1 que colocaba a Atlético Rafaela en un lugar de privilegio. Y para colmo las malas llegaba para el conjunto de Diego Cocca porque Luciano Aued debía salir por lesión sin imaginarse que su reemplazante, Lucas Castro, sería el protagonista de una de las noches más trágicas del fútbol argentino de la última década.

Un tiro libre de Pérez antes de irse al descanso significó el 2 a 1 para el Lobo. La noche ya caía detrás del Bosque y el encuentro estaba completamente desequilibrado. O lo empataba la Crema, aguantaba y ascendía por el global, o lo liquidaba de contra el Tripero que se aferraba a la velocidad de su atacantes para generar algo de riesgo. Y, en ese afán de no dar nada por perdido, llegó el momento menos esperado.

Iban 33 minutos de la complementaria y Castro fue a buscar un pase filtrado al área grande. Airaudo achicó a tiempo pero el ex Racing no pudo detener su marcha y arrasó con su rodilla izquierda sobre el pómulo derecho del guardameta que automáticamente quedó tendido en el verde césped de 60 y 118. El llamado urgente a los médicos, la detención del partido, y las imágenes que no eran aptas para los impresionables.

Sangre por doquier, rotura de tabique, de maxilar, desprendimiento de retina, y siete fracturas más llevaron al uno de la Crema a varias operaciones y al final de su carrera. Lucas Bovaglio, capitán del equipo de Trullet, asumió la responsabilidad de reemplazarlo. El resultado fue anecdótico y Gimnasia La Plata terminó sellando su permanencia por 3 a 1 con un tanto de Álvaro Ormeño.

Esa noche en el Bosque, un profesional del deporte más lindo del universo, dejó su carrera en una pelota, por un objetivo. Airaudo quedó en el recuerdo pero no en el olvido. Con unas gafas especiales, el guardameta intentó volver al fútbol pero jamás lo logró y tuvo que dedicarse al negocio inmobiliario. Pasaron diez años de aquél golpe de Castro, y la mala «Pata» del volante que juega en el SPAL de Italia que impactó sobre el arquero de Atlético Rafaela en una escena que nadie querrá volver a ver en una cancha.

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