HOLANDA: LA BALA DE PLATA DESPERDICIADA POR GULLIT – VAN BASTEN

Foto: Be Soccer

El fútbol estuvo marcado por notables individualidades, por grandes esquemas colectivos, como así también por duplas imborrables. Nombrar a Holanda es sinónimo de recordar a Ruud Gullit y Marco Van Basten, héroes en el Milan y en la Naranja Mecánica pero que, por esas cosas de la vida, sólo jugaron una Copa del Mundo por la cual pasaron sin pena ni gloria.

Italia 90 esperaba, entre otras cosas, a jugadores de la talla de Diego Armando Maradona, Careca, Paul Gascoigne, Gary Lineker, Jurgen Klinsmann, o Lothar Matthäus. Pero también el globo terráqueo entero aguardaba por los campeones de Europa de 1988. La Naranja Mecánica llegaba como una de las grandes candidatas al título pero, su rendimiento, nada tuvo que ver con lo que proponían en cancha.

Pudo ser que a Gullit y Van Basten les haya falta suerte con su país. De hecho, hay pruebas del infortunio que tuvieron, como por ejemplo, el no clasificar al Mundial de México 86 por el gol de visitante que le propinó Bélgica en el repechaje, o el terminar terceros en el grupo cuatro años más tarde porque así los dispuso el sorteo por igualdad de puntos y goles con Irlanda. Pero, al deporte, también hay que ayudarlo y poco de eso reinó en aquella Holanda.

Es cierto que las lesiones venían aquejando a la dupla. Ruud, el melenudo, no tuvo una gran temporada 1989/90 pero Marco desplegó todo su potencial para ser el goleador del Rossoneri. Ellos, junto a su compatriota Frank Rijkaard, lograban el bicampeonato de la Champions League entre otros títulos. No obstante, en la Copa del Mundo, estuvieron lejos de aparecer en su mejor nivel.

Uno de los rumores más grandes que circulaba era la mala relación entre el plantel y los jugadores de aquél seleccionado. Leo Beenhakker, el DT de la Naranja Mecánica en el Mundial de 1990, sostenía que muchos de sus hombres no tenían la concentración necesaria y aprovechaban la cita máxima como si fueran sus vacaciones.

Más allá de la impecable eliminatoria donde finalizaron primeros del grupo por encima de Alemania, que finalmente sería el campeón del mundo un año más tarde, todo se tornó oscuro a la hora de la verdad cuando debutaron el 12 de junio contra Egipto en Palermo. El 1 a 1 con Los Faraones encendió alarmas que jamás se apagaron en el equipo de Los Tulipanes.

La segunda fecha de Italia 90 trajo un 0 a 0 con Inglaterra que calmó un poco las aguas aunque, a su vez, desnudó las falencias ofensivas de aquél elenco. El gran Ruud apareció para cerrar la zona de grupos y anotar en el empate 1 a 1 con Irlanda. Igualados en todo con el Ejército Verde, la moneda cayó del lado inesperado y tuvieron que conformarse con pasar a octavos de final como uno de los mejores terceros.

El 24 de junio de 1990, la Naranja Mecánica fue eliminada en un partidazo que se jugó a 220 voltios contra Alemania en el Giuseppe Meazza. Era el escenario perfecto para los holandeses que brillaban en el Milan pero también para los germanos que descollaban en el Inter. Y la historia conocida acabó favorenciendo a los de Franz Beckenbauer por 2 a 1. Los Países Bajos debieron armar las maletas y regresar a casa.

La corta carrera de Van Basten duró 12 temporadas en las cuales anotó 311 goles en 446 encuentros pero ninguno en la máxima cita de este deporte. Su país no había clasificado a España 82 ni a México 86 mientras que su paso por Italia 90 fue sin pena ni gloria y, para Estados Unidos 94, ya estaba retirado. Gullit, también jugó ese sólo Mundial y, más allá de ser convocado para el que se disputó en América del Norte, el «Tulipán Negro» mostró su disconformidad con el DT, Dick Advocaat, y se bajó del certamen días antes de presentarse la lista de buena fe.

Héroes en el Milan, campeones de Europa con la famosa Holada de 1988, un potencial extraordinario y una de las duplas más famosas del fútbol moderno. Tenían todo para triunfar pero las lesiones, y la extrema confianza, también le jugaron una mala pasada. Lo que jamás imaginaron fue que el de 1990 sería el único Mundial. Y allí desperdiciaron la bala de plata que tuvieron.

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