EUROPA: 19 AÑOS DE LA FINAL DE LA UEFA ENTRE LIVERPOOL Y ALAVÉS

Foto @UEFA

Por: Alejandro Merino

Un 16 de mayo de 2001 se citaron en el impresionante Westfalenstadion de Dortmund un histórico del fútbol europeo, como es el Liverpool, y el Alavés, que hace unos meses había realizado su debut continental. Una final que se iba a desarrollar con estos condicionantes, terminó por pasar a la historia de manera sorprendente, siendo para muchos la mejor final europea de la historia reciente.

La UEFA de la campaña 2000-2001 presentaba algunos equipos de renombre como el Inter de Milán, la Roma, el Benfica, el Oporto y el propio Liverpool, además de algunos candidatos como podían ser el Celta de Vigo o el Chelsea. La incógnita estaba en que en dieciseisavos de final, entrarían los 8 terceros de la primera liguilla de la Liga de Campeones. Este hecho hacía más complicado el vaticinio de que dos equipos podían enfrentarse en mayo en Dortmund. Conviene señalar que esta medida se introdujo el año anterior y, desde entonces, se mantiene en la segunda competición continental.

Tras las dos primeras rondas, en las que el conjunto inglés eliminó al Rapid de Bucarest y al Slovan Liberec checo, mientras el equipo vasco dio cuenta del Gaziantepspor turco y del Lillestrom noruego se llega a la citada ronda de dieciseisavos. En esta fase se incorporan como equipos más destacados el Barcelona y el Bayer Leverkusen de Ballack y Lúcio. Sin embargo, ambos tienen suerte en el sorteo y terminan deshaciéndose del Olympiakos (los reds) y del Rosenborg (los vitorianos). A partir de octavos sube la dificultad y, los de Anfield, terminan eliminando sucesivamente a Roma, Oporto y Barcelona. En el caso de los albiazules, se han de enfrentar a Inter de Milán, Rayo Vallecano y Kaiserslautern, tras lo que consiguen billete para Dortmund.

A la final llegan dos equipos por los que no se apostaba inicialmente por diversas razones. En el caso del Liverpool, a pesar del crecimiento del equipo desde la llegada de Gérard Houllier, se le criticaba por no poner en dificultades a su eterno rival, el Manchester United, en la Premier League y porque era un equipo que vivía en gran medida del contragolpe. Sin embargo, su columna vertebral, era de una fiabilidad extraordinaria lo que les hacía competir en diversos frentes en esa campaña. Ese equipo se sustentaba en Sander Westerveld bajo palos y  en 3 jóvenes y magníficos jugadores locales: Jamie Carragher en la zaga, Steven Gerrard en el centro del campo y arriba Michael Owen (bien acompañado por Emile Heskey).

Por el contrario, El Glorioso, era un novato en la máxima competición española ya que ascendió en la 97-98 tras más de cuatro décadas alejado de la élite y contaba con un bloque bien armado pero sin grandes individualidades, sustentado en un esquema muy defensivo, que planteaba dudas sobre la capacidad de dar vuelta a un marcador adverso (la eliminatoria contra el Inter zanjó algunas de ellas). Su ventaja era que la presión estaba del otro lado y que su técnico, José Manuel Esnal «Mané», conocía muy bien a una plantilla a la que ya dirigía en la etapa de Segunda División.

Con estos antecedentes nos plantamos en la final del 16 de mayo en la cuenca del Ruhr. La final empezó de la mejor manera para los ingleses. Una salida fulgurante del Liverpool, con los tantos de Babbel y Gerrard antes de los 20 minutos de juego fueron la clave de lo que luego vendría. Tras el 2-0, el técnico vasco miró a su banquillo y vio a Iván Alonso, «de perdidos al río» debió pensar. Sustituyó al defensa Dan Eggen para dar entrada al ariete uruguayo. El cambio fue un auténtico revulsivo y un gran frentazo del recién ingresado recortó diferencias y dio paso a los mejores minutos del Alavés, pero varias ocasiones desperdiciadas dieron lugar a una nueva contra que concluyó con una infracción de Martín Herrera a Michael Owen tras un nuevo desajuste defensivo y una salida a destiempo del cancerbero. Buena ejecución del penalti por parte de McAllister y con este 3-1 para los reds se llega al intermedio.

Tras el descanso el Alavés mete a un nuevo delantero, Magno sustituye al mediocentro Astudillo y tras menos de cinco minutos de la reanudación Javi Moreno anota un doblete para restablecer el empate inicial. El Liverpool se hace con el control del juego y ante la endeblez defensiva el técnico alavesista sustituye a Javi Moreno para fortalecer el mediocampo. Sin embargo, es otro cambio el que parece que modifica el partido definitivamente. Entra el escurridizo Robbie Fowler por Heskey y tras una gran jugada individual anota el 4-3 en el minuto 72. Al Alavés le queda el último empujón y a menos de 2 minutos del final anota el 4-4 por parte de Jordi Cruyff que lleva la final a la prórroga (donde todavía funciona la regla del gol de oro).

En la prórroga el desgaste de ir todo el partido por detrás pasa factura al Alavés, pero el Liverpool tampoco consigue mostrar claridad en estos momentos. La expulsión de Magno inclina definitivamente el partido a favor del Liverpool, pero no es hasta los últimos minutos de la segunda parte de la prórroga cuando el partido se decide.  Los vascos con 9 hombres tras la expulsión en esa jugada de Karmona, debe defender una falta lateral. McAllister la cuelga al corazón del área, a un lugar donde solo hay camisetas azules. Pero es Delfí Geli quien despeja de manera defectuosa un segundo antes de que Martín Herrera alcance a despejar de puños. El balón entra en la portería y aquí concluye la final, ante el júbilo de la marea roja y las lágrimas de los babazorros.

Así fue esta apasionante final disputada hace casi dos décadas, que supuso un nuevo éxito para un Liverpool que meses antes había conquistado la Copa de la Liga y en el partido previo a la citada final había alzado la FA Cup. Completaron el histórico año 2001 con la victoria en la Supercopa de Inglaterra y en la Supercopa de Europa, junto al Balón de Oro obtenido por Michael Owen, con apenas 22 años. Al Alavés, se le escapó la gloria europea, curiosamente el mismo año que el otro equipo de la ciudad vitoriana, el Baskonia, caía en la final de la Euroliga ante la Virtus de Bolonia de Manu Ginobili.