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LOS HERMANOS GRIEGER ENTRE MAMÁ Y PAPÁ

La familia Grieger respira fútbol en los pies y manos de los dos hermanos que juegan en la Primera D de nuestro deporte. Ricardo, el mayor de 34 años, ataja en el arco de Atlas y Enrique, el más pequeño con tan solo 21 años, es lateral derecho en Juventud Unida. En la última fecha del Apertura, se enfrentaron en estadio Ricardo Puga con victoria para Lobo Rojo y sus padres viajaron hasta General Rodríguez para ver a sus “niños”.  

“Fue una cosa que no se podía creer. No podemos festejar ninguna victoria. Estábamos parados detrás del alambrado y no celebramos ningún gol. Es muy injusto pero el fútbol es así. Hay muchos hermanos que se enfrentan y es muy lindo”, empieza Valmir, el padre de los dos muchachos y se une la madre, Mirta: “Más allá de que se enfrentaron, son muy unidos y compinches. Dan la vida uno por el otro. Que se hayan enfrentado nos hizo un nudo en la garganta porque es difícil”.

La previa no podía ser de otra manera que con una comida en familia. “La semana anterior hicimos una cena en casa. Se decían “Me hacés un gol y no me lo festejes” o “Si me hacés un gol, te meto una piña (risas). No hubo apuestas, si hacían eso los matábamos. Se cuidan mucho entre los dos”, cuenta la mamá.

Los dos padres llamaron la atención de la prensa por una remera que ambos llevaban puesta. “Siempre unidos, siempre amigos por más que el fútbol los enfrente. Siempre serán hermano y nuestro orgullo. Papi y Mami 9/12/19”, decía la casaca con una foto de los dos jugadores con sus nombres. “Después de la cena, nos quedamos haciendo sobremesa y decidimos hacernos estas remeras”, completa el padre.

El sufrimiento estuvo desde antes del partido hasta el final. Era imposible no ponerse nervioso. “Se sufrió de los dos lados. Del lado de Ricki, el arco es más ingrato. Hemos visto muchos días de tristeza como muchos de alegría. A Quique, que recién empieza, lo veo feliz pero también tiene sus momentos tristes. Lo bueno es que lo disfrutan. Quique tiene un espejo donde verse en su hermano, lo sigue mucho y lo escucha”, reconoce el padre y avisa entre risas: “Todo empezó con una cena y terminará con otra”.

La frase de la remera que llevaban aquel día los padres de los hermanos Grieger

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