INGLATERRA: EL DÍA QUE EL TOTTENHAM PROPUSO CAMBIAR LAS MALVINAS POR ARDILES

Foto: Imagen de TV

«Argentina can keep the Falklands, we´ll keep Ossie» decía una bandera colgada en la tribuna de los Spurs en Birmingham. La traducción, clarísima: «Argentina puede quedarse con las Malvinas, nosotros nos quedaremos con Osvaldo Ardiles». Un día atrás había comenzado la Guerra de Malvinas pero, el elenco londinense, estaba más interesado en no perder a su jugador estrella que en el archipiélago bien alejado de Gran Bretaña.

El desembarco armado en el Atlántico Sur causó revuelo tanto en Sudamérica como en Europa. Sin embargo sólo los corazones puestos en aquellos combatientes se detuvieron durante poco más de dos meses; la pelota siguió rondando. Y en Inglaterra, un días después el inicio del conflicto bélico, se jugaron las semifinales de la FA Cup de aquél fatídico 1982.

Por un lado Queens Park Rangers vencía a West Bromwich Albion y se metía en el encuentro decisivo. Por el otro, en casa del Aston Villa, se medían el Leicester que tenía entre sus filas a un joven y prometedor delantero llamado Gary Lineker. Del otro lado estaba el Tottenham de los argentinos, Julio Ricardo Villa y Osvaldo César Ardiles. «Ricky» no fue titular pero el «Pitón» sí, y claramente sintió el rigor del público rival pero también el aprecio inconmensurable de los suyos.

El primer tiempo acabó 0 a 0 en un trámite bastante parejo donde «The Foxes» parecieron tener las mejores situaciones. Sin embargom los «Spurs» abrieron la cuenta en la complementaria gracias a una especie de tijera de Garth Crooks que cambió para siempre la historia de dicha semifinal. La escuadra londinense encontró espacios y, tras un desborde del nacido en Irlanda, Tony Galvin, llegó el blooper que clasificó a los de Keith Burkinshaw. El oriundo de Escocia Ian Wilson quiso despejar en la puerta de su área y se la metió de emboquillada a su arquero, Mark Wallington, para el 2 a 0 decisivo.

Terminado el cotejo en el cual lo de Leicester se burlaron todo el tiempo del «Pitón», uno de sus compañeros salió a defenderlo en la zona mixta. «Ossie está muy preocupado por lo que sucede en su país. Es un jugador fantástico y, absolutamente, un hombre fantástico» manifestó quien esa tarde lucía la número seis en la espalda, Steve Perryman.

Un número más arriba, con la siete bien pegada a su flaco torso, había jugado el único argentino que pisó el césped inglés un día después del comienzo de la Guerra de Malvinas. «De acuerdo a los problemas que todos sabemos, no depende de mí y nadie sabe dónde voy a estar, pero me gustaría estar aquí para las finales. Desde mi punto de vista fue un partido particular y gratificante. Quiero agradecer enormemente a mis compañeros y a todo el staff del club, y aún más, muchísimas gracias a nuestros hinchas» declaró Ardiles al salir de los camarines.

El hombre surgido de Instituto de Córdoba y que había sido campeón del mundo con la Albiceleste en 1978, volvió al país después de ganar la semifinal sin saber que no podría jugar el encuentro decisivo en Wembley. El mundo parecía caérsele encima a un atacante que no sólo se perdía el partido más importante la FA Cup 1982 sino que, más importante, se quedaba sin su primo abatido por el fuego enemigo en el combate que se desarrollaba en el Atlántico Sur.

«Argentina can keep the Falklands, we´ll keep Ossie» decía esa bandera que colgó el Tottenham sin importarle lo que pasaba a miles de kilómetros. No les interesaba la isla, ellos querían a su amado Ardiles quien debió irse a Francia para despejar su mente y jugar en el PSG. Luego volvió a los Spurs pero ya no era el mismo aunque el cariño entre el Pitón y la gente fue el símbolo de paz en tiempos de guerra.

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