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«CON GALLARDO ME AGUANTÉ LAS GANAS DE LLORAR»

Foto: @xavier_fran_

En Chile, lejos de la vorágine de la vida en Buenos Aires, se encuentra Calama, una ciudad con pocos habitantes ubicada al norte del país trasandino. Allí, y más precisamente a tres cuadras del “Estadio Zorros del Desierto”, vive Maximiliano Velazco, quien transita su nuevo ciclo con Cobreloa en la segunda categoría. “Encontré la tranquilidad que tanto estaba buscando”, asegura el arquero de 25 años. Establecido junto a su pareja y sus dos hijos, Velazco tiene una charla mano a mano con Vermouth Deportivo: el recuerdo de una desabastecida pensión de River  y el día en el que reprimió las lagrimas que iban a brotar de sus ojos ante la mirada de Marcelo Gallardo. Además, explica la razón por la que decidió dejar Argentina y cómo es su nueva cotidianeidad en cuarentena.

A los 10 años, el oriundo de Villa Constitución llegó a River para formarse en las divisiones inferiores de la institución de Núñez. Los sueños de aquel niño seguramente se vieron corrompidos por el camino sinuoso que debió atravesar bajo las dirigencias de José María Aguilar y Daniel Passarella. Sin embargo, se incorporó a la lista de 34 juveniles que Marcelo Gallardo hizo debutar en Primera. Velazco aún trae consigo el recuerdo de cuándo, cómo y dónde el técnico más ganador de la historia de River le habló como si fuera su padre.

Vermouth Deportivo: ¿Se hace difícil el día a día en cuarentena al estar acostumbrado a otro ritmo en tu vida?

Maximiliano Velazco: La verdad es que sí, se hace larguísimo, pero también aprovecho el tiempo que tengo para disfrutar con mi familia porque no suelo tenerlo. Con mi señora ayudamos a los chicos en la tarea, tomamos mate, miramos películas, jugamos a las cartas y cocinamos, que es algo que nos tiene bastante entretenidos. En cuanto al entrenamiento, trabajo doble turno con las rutinas que manda el profe, que son trabajos de piernas y velocidad, todo en base a los movimientos que hace un arquero, obviamente, y con desplazamientos cortos por estar en mi casa. Tengo a mi nene que le gusta el fútbol entonces hago que me ayude en algunos ejercicios pateándome.

VD: En Argentina se está debatiendo sobre la posibilidad concreta de bajar los sueldos de los futbolistas por la situación económica del país debido al coronavirus, ¿en Chile ya hablaron sobre esa cuestión?

MV: Sí, ya lo hicimos en conjunto con la Asociación Nacional de Fútbol Profesional. Existió una reunión vía Zoom donde participaron todos los capitanes y se comunicó que la idea es no tocar nuestros sueldos. Obviamente que los jugadores del Barcelona, por ejemplo, sí pueden rebajarse un 70% de sus salarios, pero estamos hablando de contratos millonarios. Considero que se podría hacer, pero de manera escalonada: descontándole un porcentaje más alto a quienes cobran más y no recortárselo a quienes cobran menos. 

VD: ¿Qué balance haces de tus primeros partidos en Cobreloa?

MV: En lo futbolístico me siento bien, pero obviamente tengo que demostrarlo a largo plazo. Yo llegué pocos días antes de comenzar a disputar la liguilla por el segundo ascenso y algunos de mis compañeros lo hicieron a falta de dos. Creo que ese arranque fue desprolijo por la situación que vivió Chile los últimos meses del año pasado. Ahora se armó un lindo grupo que tiene el objetivo claro de ascender en este torneo.

VD: ¿Cómo es tu relación con los hinchas? ¿Qué pudiste percibir de ellos?

MV: El hincha chileno es pasional, pero no al extremo que llegan algunos argentinos, que lo sienten como si fuera de vida o muerte. En Argentina perdíamos y no podíamos salir a la calle porque nos gritaban cosas, es algo que pasó muchas veces. Acá, en cambio, perdimos el último partido de local y yo salí caminando de la mano con mi familia sin que nadie me dijera nada. Son muy amables y siempre me apoyaron desde el primer partido hasta el último. Indudablemente eso me generó mucha confianza.

VD: ¿Te fuiste del país por esa vorágine con la que se vive en Argentina?

MV: Sí, yo había llegado a Buenos Aires a los 10 años y ya estaba muy cansado de la ciudad. En Calama encontré la tranquilidad que estaba buscando. Creo que todos los futbolistas pensamos en el bienestar de nuestra familia y ellos están muy cómodos acá, más con el respeto con el que se maneja la gente.

VD: Durante tu etapa en las inferiores de River te tocó pasar por el tramo donde el club decayó mucho, ¿qué recordás de ese momento?

MV: Los chicos que pasamos por ese tramo hemos vivido cosas que no trascendieron hacia afuera. Fue una época dura para nosotros porque no se nos tuvo en cuenta. En la pensión no había comida, no desayunábamos, nos daban dos salchichas o una hamburguesa con un poco de arroz e íbamos a entrenar con nuestra ropa. Nunca salió a la luz esa parte oscura porque el foco estaba en la Primera División y a los dirigentes de ese entonces solo les importaba la plata.

VD: Con la renovación institucional de River llegó Marcelo Gallardo, ¿cómo fue ser dirigido por él?

MV: Desde el primer día que llegó dijo que iba a ir por todo y creo que así fue. Con la mentalidad que tiene ya es ganador y se lo transmite a todo el plantel. Es muy positivo y está detrás de todo, se fija en vos, te pregunta y eso ayuda mucho. Gallardo es un técnico fenomenal en todo sentido.

VD: ¿Y cómo se dio tu debut?

MV: Viajábamos a Melgar, Perú, por la Libertadores y estábamos en el aeropuerto esperando. Él estaba sentado solo y yo estaba en otra parte, con mis compañeros, tomando mate. En ese momento se paró, me llamó y cuando fui me pidió que me siente. Me preguntó cómo estaba yo, cómo estaba mi familia, cómo me sentía, si estaba contento y le contesté que sí, que le agradecía por los momentos lindos que me estaba haciendo pasar y que nunca me había imaginado estar de segundo arquero en River. Ahí fue cuando me dijo que iba a debutar a la otra semana, de local, contra Independiente Medellín. Me comentó que lo iba a hacer aquel día contra Melgar, en Perú, pero que finalmente decidió que sea en el Monumental, a cancha llena y el día del cumpleaños de River para que le avisara a mi familia y que pueda estar presente. En ese momento me dieron ganas de llorar, pero iba a quedar medio flojo de lágrimas. Me habló como un papá, y creo que eso es él.

VD: No sos el primero que remarca su faceta parental para con sus dirigidos, ¿sentís que hace diferencias con algunos?

MV: Para nada, lo hace con todos, no solo con Quintero en este momento o con Enzo Pérez que es la figura. Gallardo no se fija en tu apellido, te trata como a un hijo, es detallista en ese sentido. Hasta antes de venir a Cobreloa me lo crucé en el club y me preguntó por Milo, que es mi hijo más grande, porque siempre lo veía pasando por los pasillos del colegio. Tiene una memoria envidiable y es humilde y sencillo. Se merece todo lo que bueno que le está pasando y creo que le van a venir cosas mejores.

VD: ¿Qué recuerdos te quedan de Gallardo?

MV: El orgullo de haber debutado con él. Le voy a estar agradecido siempre por sus enseñanzas. Debutar en River y en su etapa, que es la del técnico más ganador de la historia del club, fue un sueño. Pude quedar en la historia junto a todo el plantel por todo lo que conseguimos en esos años que estuve y la verdad es que me pone muy feliz.

VD: Tu pase aún pertenece a River, pero Cobreloa tiene una opción de compra, ¿te gustaría que la utilicen?

MV: Dios quiera que sí porque estamos muy cómodos junto con mi familia. En lo personal me siento bien, es un club grande y me gusta el fútbol de acá. Sería lindo que hagan uso de la opción y ya empezar mi carrera por otro lado que no sea River.

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