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EL FÚTBOL EN EL BÁSQUET: “QUISIERA PODER REPATRIAR A MESSI”

Seguimos conociendo el lado futbolero de los basquetbolistas y, en la décima entrega de «#ElFútbolEnElBásquet«, charlamos con el experimentado alero Pablo Fernández, quien juega en el Club Atlético San Isidro de San Francisco, provincia de Córdoba, equipo que milita en la Liga Argentina, segunda categoría de nuestro baloncesto profesional.

En la séptima edición, cuando charlamos con Nicolás Paletta y su fanatismo por Rosario Central, nos contó anécdotas con su amigo Pablo, fanático de Newell’s Old Boysmás conocido simplemente como Newell’s o por su castellanizado Ñuls-. Así que decidimos charlar con él para saber qué tan leproso es y de dónde nace ese amor por la otra mitad de Rosario.

Vermouth Deportivo: -¿Cómo nació tu fanatismo por Newell’s?

Pablo Fernández: –En la familia, tengo a mi viejo fanático de Newell’s y, por parte de mi mamá, todos de Central; de chico, me llevaba mi viejo a la cancha. Creo que el real fanatismo comenzó cuando me fui a San Nicolás a los 16 años, y ahí, la típica pregunta: – “¿De dónde sos?” –De Rosario. –“¿Newell’s o Central?”.

V.D.: -¿Quién es tu ídolo?

P.F.: –Voy a ser injusto y voy a nombrar a uno solo: Marcelo Bielsa. No sólo por lo que le da y le dio a Newell’s, sino por los valores que trasmite.

V.D.: -¿Qué es lo más loco que hiciste por La Lepra?

P.F.: –Te cuento una de hace muchos años atrás, teníamos un gran entrenador, muy detallista, que estaba en todas, pero ese día pasó por alto algo. El asistente que tenía era hincha de Independiente, y justo jugaban Newell’s ante “El Rojo”.

En una parte de la cancha donde entrenábamos, estaba “la parte VIP”, donde había un televisor. Ese día, le dije al asistente “No te animas a poner el partido”, a lo que me responde “Si se entera (el entrenador) me mata”. Pero, pasando los minutos, le gusto la idea. Así que fue y puso el partido en el televisor por detrás del vidrio, apuntando a la mitad de la cancha (risas). Pero justo al “coach” se le dio por hacer sólo mitad de cancha, así que lo llame al asistente y le digo: “Anda a mover el tele (risas)”. Al rato, miro y, cuando cortamos a tomar agua, fue y lo movió sólo para mostrarme que estábamos 3-1 abajo.

V.D.: – ¿Cómo es el día que justo que a vos te toca jugar, a la vez juega La Lepra?

P.F.: –Cuando termina el partido y agarro el celular, siempre hay varios chats. Si veo que me mandó alguno que no frecuenta a escribirme ya imagino cuanto perdimos, porque es para hacerte una joda. Y los que siempre están son los mensajes del grupo de amigos, que van relatando minuto a minuto o el resultado final, que lo manda mi viejo o mi hermano.

V.D.: -¿Qué equipo se te viene a la cabeza cuando te dicen Newell’s: el de Gerardo Martino, Américo Gallego o cuál?

P.F.: –El que más disfrute fue el de Martino; no sólo por el fútbol que jugaron, que creo que es uno de los mejores equipos que he visto en toda la Argentina, sino también por el momento en el que estábamos, el compromiso de los jugadores y cuerpo técnico. El ver volver a “Maxi” Rodríguez, Gabriel Heinze y Lucas Bernardi, que son nombres muy importantes, no solo para la historia del club, sino del fútbol grande.

V.D.: -Cómo vivís los clásicos con Central? ¿Tenés amigos canallas? ¿Hay cargadas cuando ganan y si pierden te las aguantás?

P.F.: –Los clásicos se viven totalmente distinto a cualquier otro partido. Tengo mis amigos que son re contra fanáticos de Central, tengo a mis compañeros de equipo que se unen a la causa y se hacen de Central ese día, siempre el imparcial simpatiza por el más débil (risas) y tengo a mi señora que es de Central, que cada uno lo ve en lugares distintos de la casa.

Los de Central creo que cargan más o tal vez lo manifiestan más mediante cargadas, porque uno por ahí lo festeja, pero festeja más un campeonato, cosa que del otro lado no pasa.

V.D.: -¿Cuál clásico recordás más?

P.F.: –El clásico que más presente tengo es el del gol en el minuto 94 de “Maxi” Rodríguez.

V.D.: -¿Tenés alguna anécdota en torno al clásico?

P.F.: –Voy a contar la misma que contó mi amigo Nico Paletta. Vivíamos en el mismo edificio y Central llegaba muy bien al clásico, con Coudet que nunca había perdido un clásico. Fue una semana que no sólo Nico, sino Moya, que nunca lo había escuchado hablar de fútbol, Picton, que le gusta el tenis, Coronel, fanático de River, y hasta Jones, que no tiene idea cómo es una pelota de fútbol, me cargaron toda la semana previa con que Central iba a ganar y esas cosas. Fue un partido malo de Newell’s, no pateamos una vez al arco, imagínate lo que era el WhatsApp, gastada tras gastada. En eso minuto 94, córner, rebote vuelve la pelota a “Maxi” y ¡golazo! Y como bien dijo Nico, no quiso abrir la puerta. Recuerdo haberlo gritado muy fuerte, pero más fuerte se escuchaban las puteadas de Paletta (risas).

V.D.: -¿Cómo viviste el descenso de tu rival?

P.F.: –Uno no tiene que desear que le vaya mal a nadie. Así que lo viví muy feliz por All Boys que subió a primera; porque, además, había un ex Newell’s jugando y creo que se lo merecía. Aparte, al seguirlo luego en la B al rival, pude conocer muchos jugadores de esa categoría. Recuerdo que, en el grupo de mis amigos de Rosario, siempre ponían “No puede ser que ‘X apellido’ nos meta un gol”, y así.

V.D.: -Ser leproso es…

P.F.: –Poder ir a cualquier parte del mundo y decirle “Messi”.

V.D.: -Mas allá de que Maradona sólo haya jugado un año y Messi sólo en la cantera del club, se los admira como si fueran ídolos eternos, como Nahuel Guzmán o Mauricio Pochettino, por nombrarte a dos. Si te dieran a elegir para repatriar ¿a cuál de los dos elegirías, a Lio o al Diego?

P.F.: –¡Messi! ¡Messi! ¡Messi!

V.D.: -Para vos. ¿Cuál crees que es la diferencia entre la selección de fútbol y la del básquet en cuanto a llegada?

P.F.: –Creo que, en ambos casos, movilizan los sentimientos. Porque con Argentina, en el Mundial del 2014 que llegamos a la final, salimos a la calle, estuvimos orgullosos, lloramos con el penal de Maxi. Al siguiente Mundial, el del 2018, injustamente criticados desde el cuerpo técnico hasta Messi. Entonces, movilizar, movilizan los sentimientos.

Lo que tiene el básquet es que somos menos los fanáticos y, cuando perdemos, valoramos el esfuerzo y estamos agradecidos siempre por lo vivido estos últimos años. Es agradecerle los valores reflejados, la educación que tienen sobre el trabajo, la gente y sobre ellos mismos.

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